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El Santander rozará los 200.000 millones de valor tras cerrar la ampliación para comprar Webster

El banco presidido por Ana Botín multiplica su capitalización por nueve en seis años y acaricia un nivel nunca visto para una firma española. La adquisición del banco estadounidense elevará su número de acciones en 335 millones

Ciudad financiera de Banco Santander en Boadilla del Monte (Madrid). Europa Press via Getty Images)Agencia Getty

El Santander ha sido el gran motor del Ibex en los últimos años. Su precio por acción se ha multiplicado por más de ocho desde los mínimos marcados en la pandemia, y la capitalización se ha disparado hasta los 183.000 millones de euros, convirtiéndolo en el banco más valioso de la Europa continental, a pesar del retroceso del 3,4% en las dos últimas sesiones. La compra de Webster, que se cerrará mañana, implicará la emisión de 335 millones de acciones nuevas y elevará su valoración unos 4.000 millones de euros, dejando a tiro de piedra el umbral de los 200.000 millones, máximo absoluto para una empresa española.

Aunque el revulsivo del sector viene de atrás, del final de los tipos al 0% del BCE, el impulso bursátil está lejos de aflojar y se ha acelerado en 2026. El índice de banca del Stoxx Europe 600 se dispara un 300% desde los mínimos de la Covid-19 y suma un 20% este ejercicio, hasta niveles de diciembre de 2007. Así, después de firmar en 2025 el mejor año bursátil de su historia con una revalorización superior al 125%, el banco presidido por Ana Botín pone rumbo a su cuarto ejercicio consecutivo de subidas, una racha inédita desde comienzos de siglo. El rally sitúa a la entidad a las puertas de los máximos históricos registrados en noviembre de 2007, cuando rozó los 15 euros por acción (sin ajustar su precio por los dividendos pagados desde entonces). En junio, recuperó además el trono bursátil español, al superar a Inditex como empresa más valorada. Lo había perdido en 2018.

La escalada de los tipos ha sido decisiva, pero además la entidad ha aprovechado el ciclo para reforzarse con mejoras de eficiencia y operaciones como las compras de TSB o el propio Webster. En los seis primeros meses de 2026, la entidad obtuvo un beneficio de 7.328 millones de euros, excluidos extraordinarios, una cifra que equivale a más de tres cuartas partes de los 9.605 millones que ganó en todo 2022. Con este punto de partida, el banco mantiene intacto el objetivo de superar los 14.101 millones que logró el año pasado, el mejor resultado de su historia. Así, la retribución al accionista ha pasado del euro por acción pagado con cargo a 2021 a los 0,24 con cargo a 2026. Espera duplicarlos hasta 48 con cargo a 2028.

Más acciones, más capitalización

En paralelo al alza de la cotización, el banco también ha ampliado su base accionarial. A la espera de ejecutar la operación prevista para financiar la compra del estadounidense Webster, que supondrá la puesta en circulación de unos 335 millones de títulos, la entidad ha ampliado capital para reforzar su balance y retribuir al accionista. El banco, por un lado, fue pionero en España en la introducción del denominado scrip dividend, que permitía al accionista elegir entre cobrar el dividendo en efectivo o recibir nuevas acciones del banco. Entre 2009 y 2018, este mecanismo permitió poner en circulación cerca de 4.100 millones de acciones. Además, ha ejecutado grandes ampliaciones de capital.

Coincidiendo con el estallido de la crisis financiera desatada por la quiebra de Lehman Brothers, el Santander captó 7.200 millones de euros (cerca de 1.600 millones de títulos) para reforzarse. Siete años después, ya bajo la presidencia de Ana Botín, el banco volvió a acudir al mercado con una operación de 7.500 millones de euros. Su última gran operación se produjo hace nueve años, después de absorber el Popular. La suma de estas ampliaciones ha más que duplicado su número de acciones, desde los 6.254 millones a cierre de 2007 hasta los 14.689 millones actuales.

Riesgo de concentración

La escalada del Santander no es un fenómeno aislado. El conjunto de la banca española atraviesa uno de sus mejores momentos bursátiles en décadas. En el caso del segundo banco cotizado, el BBVA, tras el fracaso de la opa sobre el Sabadell, los inversores redoblaron su apuesta por la entidad vasca. Ha superado la barrera de los 100.000 millones de euros de capitalización; el BBVA ha seguido ampliando su ventaja y roza ya los 140.000 millones. La entidad supera a Iberdrola y se ha convertido en la tercera compañía de mayor valor bursátil de España. También figura ya entre los mayores bancos de la Unión Europea, por delante de entidades como BNP Paribas (122.000 millones de euros) y UniCredit (143.000 millones).

A la fortaleza del Santander y BBVA se suma CaixaBank, cuya valoración se acerca a los 100.000 millones de euros. Aunque el Sabadell, Bankinter y Unicaja mantienen un tamaño más modesto, el conjunto de la banca cotizada española supera ya los 460.000 millones de capitalización, cerca del 40% del valor total del Ibex 35 (1,2 billones de euros). Una fotografía que contrasta con la de hace apenas unos años, cuando el sector aún trataba de dejar atrás las secuelas de la crisis financiera y los tipos de interés negativos.

Este resurgir está transformando también la composición del selectivo español. Como el Ibex pondera a las compañías por capitalización ajustada, la subida de las entidades financieras ha incrementado de forma notable su influencia sobre el comportamiento del índice. Solo el Santander representa ya más del 18% del Ibex, frente al 10,6% que suponía a mediados de 2022. El BBVA supera el 13%, mientras que CaixaBank continúa ganando peso. De este modo, la evolución de un reducido grupo de entidades condiciona cada vez más la trayectoria del principal indicador bursátil español.

Los analistas avisan de que, mientras la banca siga impulsando beneficios y remuneración al accionista, esa concentración actuará como un motor para el Ibex. Pero cualquier deterioro del ciclo podría tener también un efecto amplificado sobre el conjunto del mercado. Un riesgo que se vuelve especialmente relevante en una época dominada por la gestión pasiva y los fondos indexados, que tienden a reforzar el protagonismo de las compañías de mayor tamaño.

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