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Pimco apuesta por la transición energética para blindar a Europa de ‘shocks’ externos

Su director ejecutivo, Emmanuel Roman, ve opciones de inversión dentro de un contexto marcado por la geopolítica: “La guerra nubla la visión”

Emmanuel Roman, CEO de PIMCO.David Butow (Redux / Contacto)

Después de años en los que los mercados subían de manera ininterrumpida, el mundo se enfrenta ahora a un entorno desconocido para muchos. Tras meses dominados por las dudas sobre la capacidad de las grandes tecnológicas para justificar sus valoraciones y por las expectativas de bajadas de tipos, el estallido de la guerra en Oriente Próximo ha devuelto la geopolítica al centro del debate financiero.

Pimco, la mayor gestora de renta fija del mundo, con más de dos billones de dólares en activos bajo gestión a cierre de 2025 (unos 1,9 billones de euros), ha aprovechado este contexto para presentar sus estrategias al mercado. En un encuentro con la prensa en Londres, su consejero delegado y director ejecutivo, Emmanuel Roman ha asegurado que “estamos en un mundo en el que la geopolítica es increíblemente importante y la guerra nubla la visión”.

La reacción brusca de los mercados a las noticias —como las relacionadas con Irán— incrementa la volatilidad, pero también genera oportunidades para invertir y capturar rentabilidad. En este contexto, Roman subrayó la importancia de acelerar la transición energética. “Es algo que realmente importa en Pimco, porque representa una amplia variedad de oportunidades de inversión. Existe un interés renovado por la independencia energética”, explicó. A su juicio, reforzar este proceso es esencial para evitar que la inflación y el crecimiento vuelvan a estar condicionados por shocks externos, un riesgo especialmente relevante para Europa.

El temor a que las tensiones en Oriente Próximo deriven en una crisis energética de proporciones similares a la vivida hace ya medio siglo ha vuelto a dejar al descubierto las costuras de un Viejo Continente dependiente en gran medida de terceros países para el suministro de unos recursos cuyos precios no dejan de aumentar, limitando su margen de maniobra económica. Meses atrás, los mercados celebraban que gobiernos como el alemán relajaran la disciplina fiscal y anunciaran un mayor gasto para impulsar la recuperación. Sin embargo, el nuevo escenario geopolítico ha puesto de relieve las limitaciones de ese enfoque: con unos niveles de deuda elevados y déficits persistentes, el espacio fiscal para responder a nuevas crisis es cada vez más reducido.

En este contexto, reducir la dependencia energética no solo se perfila como una necesidad estratégica, sino también como una palanca para estabilizar el crecimiento a medio y largo plazo. Este escenario abre una ventana de oportunidad. El despliegue de energías renovables como la eólica o la solar no solo contribuye a disminuir la dependencia exterior; implica además un volumen elevado de inversión y financiación para el desarrollo de nuevos proyectos. Este es un nicho en el que la gestora identifica oportunidades atractivas en un momento en el que el capital busca activos reales, flujos recurrentes y protección frente a la inflación.

Roman, así, defiende que Europa tiene ante sí una oportunidad para reforzar su papel global. “Esta es una oportunidad para que Europa actúe. La cuestión es si existe voluntad política y si habrá una estructura y una visión comunes”, señaló Roman. Tras años en los que el proyecto europeo se apoyaba en la alianza entre Francia y Alemania, el auge de los populismos ha puesto en cuestión ese equilibrio. “Me preocupa bastante el auge de los partidos extremistas en toda Europa y que el bien común haya dejado de ser un tema central de conversación”, añadió.

El directivo recordó que Europa afronta además un calendario político clave en un contexto en el que la necesidad de reforzar la seguridad del continente llega en un momento en el que los déficits y la deuda pública ya se encuentran en niveles elevados. A este escenario se suma la presión sobre el suministro energético. Un año después de que la Casa Blanca tratara de reorganizar el comercio mundial con los aranceles más altos desde la Gran Depresión, el mercado sigue con atención la evolución de los precios energéticos y la estrategia de Trump respecto al estrecho de Ormuz, un enclave pequeño en tamaño pero clave para el suministro global de crudo y gas.

Dentro de sus últimas proyecciones, Pimco insiste en la diversificación, el enfoque en activos de calidad y la importancia de la liquidez como pilares para resistir episodios de estrés. Precisamente, la falta de liquidez es uno de los principales problemas que afronta el crédito privado. Este mercado, que creció con fuerza durante los años de tipos de interés cero y que ha comenzado a democratizarse, ha vivido en los últimos meses tensiones derivadas de los reembolsos solicitados por los inversores. Los gestores de Pimco restan dramatismo a esta situación y descartan que se trate de un riesgo sistémico. Según la gestora, la iliquidez y la menor transparencia han sido siempre características inherentes a estos activos, aunque quedaron ocultas durante años de dinero abundante y apetito por el riesgo. La guerra y las dudas sobre la rentabilidad futura de las fuertes inversiones en inteligencia artificial han actuado ahora como catalizadores, sacando a la luz las vulnerabilidades del sector.

Sobre la aparente desconexión entre los mercados y el conflicto en Oriente Próximo, Roman explicó que las reacciones de la Bolsa a los grandes acontecimientos geopolíticos han ido reduciéndose con el tiempo, con la excepción de la pandemia. “La razón por la que el mercado solo corrigió un 8% o un 9% es que asumió que habría una resolución del conflicto en un futuro relativamente cercano”, señaló. A ello se suma que los precios del petróleo a futuro se sitúan en torno a los 80 dólares por barril para diciembre, lejos de los casi 100 dólares de los contratos con entrega inmediata, lo que refleja que el mercado descuenta un escenario de normalización.

La guerra, en definitiva, ha vuelto a recordar a Europa que el escenario en el que se movía durante las últimas décadas ha cambiado de forma irreversible. La combinación de conflictos abiertos, fragmentación política y dependencia exterior obliga al continente a tomar decisiones estratégicas en un contexto mucho más incierto. Más allá de la reacción de los mercados a corto plazo, el reto para Europa será transformar este nuevo entorno de tensión en una oportunidad para reforzar su autonomía económica, energética y geopolítica. La alternativa, como advierten desde Pimco, es quedar atrapada en una volatilidad permanente sin los instrumentos necesarios para afrontarla.

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