De Justin Bieber a Gracie Abrams: así está cambiando el ‘inglés americano’ a pesar de Trump
La influencia afroamericana y latina está cambiando el idioma con un mestizaje caracterizado, además, por expresiones y palabras más cortas
Las palabras nunca están quietas, se mueven. Aunque hay quien intente mantenerlas inmóviles. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva en marzo de 2025 en la que designó el “americano” como el idioma oficial del país. El argumento resultaba sencillo: “Un idioma nacional es básico para una sociedad unificada y cohesionada”. Su retórica fue menos intensa que la de otro mandatario Theodore Roosevelt cuando, en una carta fechada en 1919, escribió: “Aquí solo hay espacio para un idioma, y ese es el inglés, pues pretendemos que esta prueba de fuego forme a nuestra gente como estadounidenses, de nacionalidad estadounidense, y no como residentes de una pensión políglota”. Trump no tardaría en rebautizar el Golfo de México como el Golfo de América.
En los 250 años de historia del país, nadie había logrado imponer un idioma oficial. “Aunque la orden no prohíbe otros distintos del inglés, envía una señal sin precedentes de que no son bienvenidos. El objetivo principal es el español, que afortunadamente es el segundo idioma más hablado del país”, reflexiona el lingüista, escritor y traductor Ross Perlin. Hoy en día, Nueva York alberga más de 700 idiomas, la mayoría procedentes de sus lugares de origen y principalmente orales. Pero esta nueva normativa revoca otra orden ejecutiva de 2000 que obligaba a las agencias a elaborar planes para apoyar a las personas que no hablan inglés. “La orden de Trump es un ataque descarado contra las numerosas lenguas indígenas que son la base de la nación. Más de 300 se hablaban al norte del Río Grande en el momento de la llegada de los europeos”, recuerda Perlin.
El lingüista británico David Graddol calculó, en su momento, que entre 500 y 1.000 millones de personas hablaban inglés, ya sea como primera o segunda lengua. “Es una causa perdida luchar contra la corriente”, afirma Jacques Lévy, investigador del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Lausana y hablante nativo de francés. El inglés, añade, es solo la última de una larga lista de lenguas globales. “Podría haber sido otra lengua; fue el griego, luego el latín, más tarde el francés y ahora, el inglés”. De acuerdo. ¿Pero el inglés o el americano?
El lingüista americano John McWhorter escribía en Words on the Move: Why English Won’t - and Can’t - Sit Still (Like, Literally, 2016), aunque sin traducción al español, esta bien podría ser: Palabras en movimiento. Por qué el inglés no se queda quieto (literalmente), que “los cambios de significado son tan naturales para las palabras como las variaciones de tono en la música”. McWhorter explica que whelm solía significar lo que ahora se traduce por overwhelm (abrumar).
Pero esta es una historia americana, no inglesa. “El hecho de que te escriba / en inglés / ya falsea lo que quería / contarte. Mi cometido: cómo explicarte / que el inglés no es mi sitio / aunque tampoco tengo ningún otro”, relata el escritor cubano-estadounidense Gustavo Pérez Firmat. “He tenido la suerte de escribir en dos idiomas, ninguno de los cuales en propiedad me pertenece”, afirma. “Como cubano, o americano, o ni una cosa ni la otra, estimo que los cambios no son para bien. Me gusta el arroz y me gusta el mango, pero me indigesta el arroz con mango”.
Pero siguiendo esta lógica, el “inglés americanizado” está inmerso ya en una transformación profunda consecuencia de una sociedad latina, afroamericana, diversa en lo racial y en su cultura. Anegada de publicidad y redes sociales. Una lengua que ya estaba, a pesar de ciertas reticencias, en la mente de los Padres Fundadores. Incluso Noah Webster, lexicógrafo y autor del diccionario estadounidense, escribió en 1789: “Como nación independiente, nuestro honor nos exige tener un sistema propio, tanto en el idioma como en el Gobierno”. Y ahondó: “Gran Bretaña no puede ser ya el modelo”.
Hay una propensión a acortar más las palabras. "You’re in your Benz, I’m by the gate. Tú conduces tu Mercedes-Benz, yo aguardo en la verja". Escribe la cantante Gracie Abrams en su éxito mundial I Love You, I’m Sorry (Te quiero, lo siento). Los gerundios pierden letras. "I’d pick up whenever you called. In the parkin’ lot in Tucson. Contestaba cuando me llamabas. En un aparcamiento de Tucson". Esta vez es la voz de Justin Bieber en Yukon. Una de sus últimas piezas. Las abreviaturas cause (Because, ¿por qué?) o till (hasta) han sido comunes desde los años setenta del siglo pasado. El cambio ya se gestaba.
Por ejemplo, D.A (District Attorney, fiscal de distrito). "And the D.A can´t get no relief. Y el fiscal no tiene descanso". Advertía en el tema Atlantic City, en 1982, Bruce Springsteen. Ahora llega un inglés diferente. "If I could get in, drop me a pin, hop in the wipo and come over. Si pudiera ir, mándame tu ubicación, subo al coche y voy a verte". Otra vez Bieber. Esta vez en Daisies. “Es cierto que se están acortando las palabras y las expresiones”, refrenda Mauro Guillén, decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de Wharton. “No hace falta ser un experto en etimología para observar cómo se está expandiendo el vocabulario inglés, sobre todo en temas técnicos. El léxico actual es tan rico porque aceptó palabras del latín. Pero también existe una pequeña parte que deriva del español”, sintetiza Perlin.
Al final de esta escapada por el idioma, el lingüista publicó en 2024 su Language City The Fight to Preserve Endangered Mother Tongues New York (Grove Atlantic, 2024). Sin traducción al español. Language City. La lucha por preservar las lenguas maternas en peligro de extinción. Nueva York. “El inglés afroamericano y el español cada vez tienen mayor ascendencia. Resulta difícil determinar si estas influencias están haciendo que el inglés americano (que dista mucho de ser monolítico) se distinga aún de otros tipos de inglés porque cada vez parece que sigue más los patrones [lingüísticos] estadounidenses”.