Seguridad híbrida: innovación y personas en la protección de entornos críticos
Prosegur da respuesta a los riesgos físicos y digitales donde la tecnología da apoyo al trabajo de las personas
En los últimos años, la evolución del contexto internacional y la creciente interdependencia entre los entornos físico y digital han ampliado el alcance y la complejidad de los riesgos en materia de seguridad. Infraestructuras críticas, grandes eventos, espacios urbanos o cadenas logísticas operan en escenarios cada vez más expuestos y dinámicos, lo que impulsa la demanda de soluciones capaces de anticipar amenazas, integrar capacidades y coordinar respuestas.
En este contexto, Prosegur se ha posicionado como una de las compañías que está liderando la transformación del sector a través de un modelo propio: la seguridad híbrida.
“El riesgo ya no puede clasificarse de forma aislada entre lo físico y lo digital. Hoy todo está interconectado, y eso exige una respuesta igualmente integrada”, explica Mauro Cardelino, director global comercial y de transformación de negocio de Prosegur Security.
Este modelo se basa en la integración de tres elementos clave: la experiencia de los profesionales, la tecnología avanzada y el análisis inteligente de datos. Frente a enfoques centrados exclusivamente en la automatización, Prosegur Security, unidad de negocio de Prosegur y líder en la integración de soluciones físicas y digitales, trabaja desde una perspectiva en la que la tecnología actúa como elemento de apoyo y amplificación del trabajo de las personas.
“Nuestro modelo de seguridad hibrida, evoluciona y se adapta continuamente a las necesidades de nuestros clientes”, señala Cardelino, quien subraya además que, “ante riesgos cada vez más interconectados y difíciles de separar entre lo físico y lo digital, el modelo debe buscar la convergencia de las capacidades humanas y de la tecnología, con la explotación estratégica de los datos”.
La evolución del escenario de riesgos es uno de los ejes del último informe publicado por Prosegur Research, El mundo en 2026, que identifica este ejercicio como “el año de la seguridad de lo crítico”. El análisis señala cómo la convergencia tecnológica, la presión geopolítica y la creciente exposición de infraestructuras sensibles están obligando a Gobiernos y empresas a replantear sus modelos de protección.
Para que este modelo sea realmente efectivo, es imprescindible contar con un eje operativo capaz de coordinar y transformar la información en acción. Con ese propósito surge POPS, la plataforma de servicio de Prosegur Security que actúa como base operativa de la seguridad híbrida. Diseñada para digitalizar, garantizar y optimizar las operaciones de seguridad, impulsa la productividad y convierte la seguridad en valor para el negocio. Más que una herramienta tecnológica, configura un modelo operativo basado en la captura estructurada de datos, la supervisión centralizada y el análisis continuo de la información.
“Todo lo que ocurre en la operativa de seguridad genera datos”, asegura Cardelino. “La clave está en convertir esos datos en insights accionables que ayuden a nuestros clientes en la toma de decisiones de negocio”
La plataforma conecta en un mismo entorno digital la ejecución en campo, la supervisión operativa y el acceso a la información estratégica. Esta integración permite gestionar el servicio de forma continua, garantizar la trazabilidad de las actuaciones y respaldar la toma de decisiones con datos fiables y actualizados.
La información capturada y estructurada a través de POPS alcanza todo su potencial cuando se centraliza, analiza y transforma en decisiones operativas. En ese punto entra en juego el ISOC (Intelligent Security Operations Center), el cerebro de la seguridad híbrida. La red global de ISOC de Prosegur Security, integrada actualmente por 14 centros en todo el mundo, concentra y procesa en tiempo real grandes volúmenes de datos, imágenes y eventos. Desde estos centros se obtiene una visión global del riesgo, adaptando la respuesta a las particularidades de cada entorno y marco normativo.
“El ISOC es mucho más que un centro de monitorización. Es el núcleo donde convergen personas, tecnología y datos para anticipar, priorizar y coordinar la respuesta ante cualquier amenaza”, señala el ejecutivo de Prosegur Security, al tiempo que indica que “nuestra capacidad no está solo en ver lo que ocurre, sino en interpretar el contexto y anticipar una respuesta inmediata”.
A esta capacidad operativa se suman soluciones de ciberseguridad que amplían la protección al ámbito digital, reforzando el carácter integral del modelo y garantizando una cobertura coherente frente a riesgos físicos y tecnológicos.
La gran relevancia de los profesionales de la seguridad
Junto a la dimensión tecnológica, el modelo de Prosegur sitúa a las personas en el centro de su estrategia de seguridad híbrida. La tecnología amplía capacidades, pero es el criterio profesional el que interpreta la información, evalúa cada situación y toma decisiones en entornos de alta exigencia.
“Somos defensores de una visión en la que el vigilante es un profesional cualificado, capaz de gestionar riesgos cada vez más complejos. La tecnología es una aliada fundamental, pero su verdadero valor aparece cuando refuerza el criterio y la experiencia de las personas, porque la responsabilidad y la decisión siguen siendo humanas”, afirma Cardelino.
La compañía ha desarrollado una estrategia orientada, entre otros aspectos, a reforzar el papel del vigilante como profesional cualificado, con capacidad para operar en contextos cada vez más exigentes. Este enfoque parte de una premisa clara: la tecnología, por sí sola, no garantiza una protección eficaz si no va acompañada de formación, criterio y experiencia sobre el terreno.
En el modelo de seguridad híbrida, la capacitación continua de los profesionales es clave para garantizar un servicio eficaz, ético y adaptado a entornos cada vez más complejos. En este ámbito destaca la labor del Centro Nacional de Formación de Prosegur, que durante más de 40 años ha formado a más de 400.000 profesionales de la seguridad y se ha consolidado como un pilar esencial del modelo. Esta apuesta se complementa con la Universidad Corporativa Prosegur, que coordina la formación a nivel global y refuerza la actualización constante de conocimientos en materias como inteligencia artificial, ciberseguridad, ética o sostenibilidad.
“Invertir en formación no solo mejora la eficacia operativa, sino que también profesionaliza el sector y prepara al vigilante para un entorno cada vez más digital y exigente”, asegura Cardelino.
En los distintos entornos en los que opera la compañía, el vigilante asume un papel cada vez más vinculado a la gestión integral de riesgos, apoyado por herramientas tecnológicas, pero también desde la toma de decisiones y la responsabilidad individual.
En definitiva, la combinación de innovación y desarrollo del talento se consolida como uno de los pilares de la seguridad en entornos complejos, en un momento en el que la anticipación y la capacidad de actuación se han convertido en factores decisivos para garantizar la continuidad de la actividad económica y contribuir a la construcción de un mundo más seguro.