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Regulación
Tribuna
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Nuevo acuerdo para la aprobación final del Reglamento de IA

Puede ayudar a promover una reordenación del tejido social y mercantil y poner en riesgo derechos y libertades de los individuos

Getty Images

Lo relevante de la regulación es el momento en el que se implanta porque, como diría Maquiavelo, es más importante crear buenas costumbres que legislar para cambiarlas. Y en el caso de la inteligencia artificial (IA) es un momento muy oportuno para enfocar sus usos.

El pasado viernes 8 de diciembre de 2023, el Parlamento y el Consejo de la Unión Europea lograron un acuerdo sobre el texto final del reglamento que regula la IA, aunque todavía queda camino para poder ver el texto publicado. La brújula estratégica de la Unión sigue apuntando a la regulación ad hoc para hacer frente a toda cuestión emergente que acarree cierto impacto social. No lo es para menos en el caso de la IA, que por un lado puede ayudar a promover una reordenación del tejido social y mercantil y por otro poner en riesgo derechos y libertades de los individuos. En ese sentido, parece más fácil que se produzca lo último, más que lo primero.

El uso y, más bien, abuso de la inteligencia artificial (IA) va a alterar nuestra vida significativamente. Este abuso podemos experimentarlo con nuevas herramientas al alcance de todo el mundo donde hasta los menos avezados pueden suplantar identidades -si así se lo proponen- o desnudar a sus compañeros de clase mediante aplicaciones técnicas baratas y de gran consumo, también podemos caer en el triste argumento de no necesitar saber más, porque todo está en internet y más con los avanzados programas de machine learning, que aprenden nuestros gustos.

Pero si vamos más allá, puede existir un riesgo para derechos y libertades de individuos, no solamente supone un riesgo para la privacidad, como lo pueden ser las consecuencias del uso de la bases de datos de entrenamiento de redes neuronales actuales (LLM’s), sino también dar por hecho que las bases de datos o algoritmos no tengan sesgos que puedan obtener resultados perversos, como ya sucedió con la publicación de la revista Science con un algoritmo que discriminaba racialmente a la hora de predecir costes en seguros de salud. Y si vamos más allá, el escrutinio al que podemos llegar a estar sometidos los individuos es evidente, de adoptarse nuevos marcos que tengan en cuenta parámetros hasta ahora no sujetos a la hipervigilancia, como lo es el dinero en metálico.

El futuro que se antoja es regulatoriamente incierto porque el entorno lo es también. Parece sensato modelar el vaso antes de verter el agua, y con la regulación en IA hemos modelado un recipiente que necesita llenarse con negocio regional que la propia Unión Europea cree. Como hemos dicho, las buenas leyes necesitan buenas costumbres y si no tenemos un mercado tecnológico que produzca productos basados en estas tecnologías, lo único que vamos a obligar es a capar modelos de negocio de grandes plataformas que solamente van a tener operativas ciertas posibilidades en Europa. En ese sentido, debemos crear un mercado vinculado a nuestros principios.

Por otro lado, es necesaria cierta responsabilidad a la hora de enviar los mensajes publicitarios que están calando en la sociedad. La IA no es más que un excel con esteroides y es necesario que el estado del arte de esta tecnología se conozca, para no generar falsas expectativas que lleguen a confundir al propio legislador y, también, a no engañarnos a nosotros mismos, pero eso es harina de otro costal.

Los últimos paquetes legislativos europeos demuestran que el Derecho trata de adecuarse a una realidad fluida que cualquier día -no será ni hoy ni dentro de cinco años- pueda lograr un hallazgo o unos usos que nos sometan a estándares radicalmente distintos. Lo que debemos asegurar es que la nueva realidad que se antoje sea cual sea, se adecúe siempre al marco de derechos fundamentales.

Jorge Cabet, abogado y responsable del área tecnología, medios y telecomunicaciones de Rödl & Partner España. Delegado de protección de datos.

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