Cómo el mercado precipitó el cambio de Gobierno británico

El nuevo primer ministro, independientemente de quién sea, previsiblemente tendrá que tomar medidas dolorosas

La situación generada por Truss ha creado más dudas sobre la economía del país

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Quedan pocos motivos para la celebración en Downing Street. La polémica generada a raíz de las fiestas en mitad de la pandemia provocó la salida del anterior primer ministro británico, Boris John­son. El pasado jueves, tan solo 44 días después de asumir el cargo, su sucesora, Liz Truss, comunicaba la decisión de dimitir por las turbulencias que su plan fiscal de recortes de impuestos y aumento del gasto había generado en los mercados británicos.

La economía de Reino Unido atraviesa momentos muy duros. La inflación se situó en el 10,1% en septiembre, su nivel más alto desde 1982. En la última actualización de proyecciones económicas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) vaticinó que en 2023 el PIB británico crecerá un 0,3%. De entre ocho grandes economías que destacaba el FMI, la previsión solo era peor para Alemania e Italia.

En vista de evidentes nubarrones, la ex primera ministra elaboró su hoja de ruta para estimular la economía del país. En total, las medidas de bajada fiscal tenían un impacto de alrededor de 60.000 millones de libras que iba a ser cubierto a base de deuda. Antes del anuncio del plan de Truss, las arcas públicas estaban mejorando. Según el FMI, el déficit británico cayó desde el 12,8% de 2020 al 8% en 2021, y se estima que finalizará 2022 en el 4,3%. En la deuda pública, el ratio respecto al PIB mejoró desde el 102% de 2020 al 95% en 2021 y el organismo prevé que acabe en el 87% a finales de este año. Aunque las cuentas seguían una tendencia positiva, la combinación de reducción de ingresos y aumento del gasto de Truss fue la chispa que prendió la pólvora.

Basta contemplar la evolución de la libra para constatar que, aunque el plan de la exprimera ministra haya provocado evidentes daños, el problema ya venía de atrás. El problema se llama, principalmente, Brexit. Seis días antes de la dimisión de Truss, el exgobernador del Banco de Inglaterra Mark Carney lo resaltaba a través de un tuit. “El 1 de enero de 2016 [antes de la convocatoria del referéndum], el PIB británico era de 2,10 billones de libras, el 94% de los 2,2 billones del PIB alemán. Ahora, el PIB británico es de 2,17 billones, el 70% de los 3,1 billones de PIB que tiene Alemania”, comentó.

“Además del lastre que supone el Brexit, que ha hecho que el comercio con la UE, el mayor socio comercial del Reino Unido, sea más caro y complicado, el aumento de los costes del endeudamiento para el Gobierno, las empresas y los hogares también está limitando el crecimiento a corto y medio plazo. La economía británica se estancará, en el mejor de los casos, en 2023, y el riesgo de recesión será cada vez mayor”, afirma Eiko Sievert, director de calificaciones del sector público y soberano de Scope Rating. Ahora queda por delante el reto de recomponer la confianza que los inversores han perdido estos días en Reino Unido. El pasado miércoles DBRS Morningstar ya colocó bajo revisión con implicaciones negativas el rating británico.

“Los mercados al mando”

Después de la marcha de Truss, queda un vacío de poder en Downing Street que sigue inquietando a los inversores. Para Scott Service, gestor de cartera y codirector de renta fija global de Loomis Sayles (Natixis IM), “tras el desastroso presupuesto presentado hace unas tres semanas, que conmocionó a los mercados británicos, no es de extrañar que Liz Truss se viera obligada a dimitir. Mientras el Partido Conservador busca un nuevo líder, los mercados están claramente al mando ahora”, asevera. Las rentabilidades de la deuda británica seguía subiendo el viernes.

El poder de los mercados que menciona Service no sería cosa exclusiva de Reino Unido. Vincent Chaigneau, responsable del equipo de análisis de Generali Investments, piensa que esto es un aviso a navegantes. “El Reino Unido es potencialmente una señal de advertencia para los países altamente endeudados de la zona euro dispuestos a confiar demasiado en la palanca fiscal. Es un indicio de cómo reaccionan los mercados de bonos ante una política fiscal inesperadamente expansiva”, considera.

En las quinielas de quién asumirá el puesto de primer ministro, el ex canciller Rishi Sunak es el favorito para suceder a Truss, aunque la anterior candidata a primera ministra, Penny Mordaunt, se considera su principal rival. Por otro lado, Boris Johnson es el tercer nombre que se baraja dentro de las filas conservadoras.

Los plazos estarán ajustados. El viernes que viene se conocerá quién asumirá el cargo y, solo tres días después, se supone que, de seguir en su puesto, el ministro de finanzas Jeremy Hunt presentará los nuevos presupuestos de Reino Unido.

“A pesar de las importantes implicaciones políticas de los acontecimientos, no creemos que vayan a tener un impacto económico material. El curso actual de la política fiscal parece que va a continuar. Esperamos que el gobierno del Reino Unido se mantenga en el camino de la ortodoxia fiscal. A medio plazo, aún deben resolverse cuestiones más amplias relacionadas con experimentos anteriores que desestimaron las realidades económicas, a saber, abordar el protocolo de Irlanda del Norte y llevar a cabo el Brexit”, dice Modupe Adegbembo, economista de G7 en AXA Investment Managers.

Tras el seísmo, el nuevo primer ministro no lo tendrá fácil según Sievert. “Restablecer la reputación de las finanzas públicas dependerá en gran parte del aumento de los impuestos y de los recortes del gasto, que serán medidas muy poco populares entre las alas influyentes del Partido Conservador, así como para los votantes”, concluye.

Dos claves de la crisis

Banco central

Las dificultades en los mercados llevaron al Banco de Inglaterra a intervenir para evitar daños mayores. El 26 de septiembre, en el peor momento de la libra y de los bonos, la institución acudió al rescate anunciando medidas extraordinarias en los días siguientes. El 28 de septiembre llegaron las citadas medidas en forma de compra de bonos para sostener su precio. Esto implicó un volantazo en los planes establecidos. El organismo pretendía empezar a reducir su balance el 6 de octubre; finalmente, por el momento y si no hay nuevos cambios de criterio, esa reducción se iniciará el 1 de noviembre. El día 3 de noviembre se reunirá el comité para, previsiblemente, anunciar una nueva subida de tipos que el mercado ya espera. Los analistas hablan de 100 puntos básicos, lo que dejaría el tipo de interés en el 3,25%. Un repunte contundente, y más tras el medio punto en que elevó el tipo de interés el 22 de septiembre, antes de que empezara la crisis.

¿Por qué era mala idea?

Azad Zangana, economista y estratega sénior para Europa de Schroders, resume el motivo: “La visión liberal a favor de bajar los impuestos tras el Brexit se estrelló contra las fuerzas de la realidad y los mercados. Los inversores no estaban dispuestos a permitir que Truss y su primer canciller, Kwasi Kwarteng, endeudaran al país con cientos de miles de millones de libras en un momento en que los tipos de interés están subiendo”.

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