Elecciones patronales

Garamendi busca una CEOE unida frente a focos aislados de oposición

El actual líder empresarial trabaja para ser aclamado pero finalmente podría exigirse una votación que daría la oportunidad a sus opositores a votar en blanco

José Antonio Garamendi, presidente de la patronal CEOE.
José Antonio Garamendi, presidente de la patronal CEOE.

El actual presidente de la gran patronal española CEOE, Antonio Garamendi, anunció la semana pasada que se presentará a la reeleción en la asamblea electoral que se celebrará el próximo 23 de noviembre en Madrid. Este anuncio de candidatura –que no se puede presentar oficialmente hasta el próximo 14 de octubre según los estatutos de la organización– fue recibido de forma tibia por algunos de los dirigentes empresariales, según unas fuentes, mientras que otras entendieron los silencios de algunas organizaciones de mayor peso como “una actitud prudente, hasta someter el apoyo a Garamendi a los respectivos órganos de dirección de las patronales”.

Lo cierto es que, nada más terminar la Junta Directiva del miércoles donde Garamendi hizo su anuncio y fijó la fecha de las elecciones, tres de las organizaciones transversales de CEOE, la patronal de las pymes (Cepyme), la de los autónomos (ATA) y la de los jóvenes empresarios (CEAJE) dieron su apoyo público al actual presidente patronal. Acto seguido llegaron en cascada otros apoyos de organizaciones de peso como la del metal (Confemetal) o las de la construcción (CNC y Seopan); al igual que anunciaron su respaldo a Garamendi las territoriales de Castilla y León, Andalucía, Canarias, Comunidad Valenciana, Murcia, Baleares o Galicia. “El resto de territoriales irán sumando sus votos favorables a medida que vayan consultando con sus órganos de dirección”, confían en el entorno de Garamendi.

Esto no quiere decir que Garamendi vaya a salir aclamado en la asamblea electoral –aunque también cabría esa posibilidad– ya que, según distintas fuentes consultadas, alguno de los distintos focos internos de oposición que tiene el dirigente empresarial vasco podría hacer que uno de sus vocales solicitase que en lugar de aclamar al candidato se produzca una votación en urna.

“Esta posibilidad es muy remota porque nadie va a querer significarse de esa manera”, asegura un importante directivo de la CEOE. Si bien no puede descartarse a fecha de hoy que los representantes empresariales tengan que votar finalmente. En ese caso, la votación será individual y secreta, porque será en urna, por parte de cada uno de los 700 vocales con derecho a voto. Aunque deberían seguir lo acordado por su organización –que casi con toda seguridad será el apoyo a Garamendi de forma muy mayoritaria– tampoco existen garantías de que no vaya a haber votos en blanco –cuando no hay otro candidato, algo que a fecha de hoy sí es más descartable, el voto de castigo es en blanco–, que es precisamente lo que persiguen los grupúsculos de oposición interna que tiene Garamendi, para que se evidencie que sí existe contestación interna. Pero entre las filas del dirigente vasco existe poca preocupación porque confían en que , incluso si se producen esos votos en contra, “sean testimoniales”, indican.

El mayor de estos focos disidentes se encuentra en la patronal catalana, Foment del Treball y, más particularmente en la figura de su presidente, Josep Sánchez Llibre. “Desde hace meses está intentando montar una candidatura alternativa a Garamendi pero no lo ha conseguido”, indican fuentes conocedoras de esta operación. Desde el entorno del empresario vasco ponen nombres y apellidos a estos intentos: “ha llamado numerosas veces al presidente de Cepyme, Gerardo Cuerva, –con quien Garamendi ha tenido algunos roces– o al que fuera presidente de la patronal madrileña, Juan Pablo Lázaro, para que fuera alguno de ellos los que le disputaran el cargo; pero nada ha cuajado”, dicen estas fuentes. Es más, varios directivos consultados por este periódico califican de “verdadero hartazgo generalizado” el sentimiento hacia las maniobras de Sánchez-Llibre.

Otra fuente de oposición interna, más o menos extendida según a quién preguntes está en la patronal madirleña, donde una parte de CEOE sitúa a un grupo de dirigentes empresariales “muy politizados hacia la derecha, que no quieren negociar ni firmar nada con el Gobierno de coalición, al que consideran hasta ilegal”, indica otro miembro de CEOE.

Es más, añade que ni siquiera ambos sectores críticos (las patronales catalana y madrileña) podrían llegar a unirse “porque tienen intereses personales muy diversos”.

En este escenario, Garamendi está intentando buscar la máxima unidad interna, “frente a lo que viene en materia económica, política y social”, indica uno de sus partidarios. Así lo vendió en la última reunión que mantuvo con la mayoría de los vicepresidentes, con quienes comió la semana pasada el día previo a la Junta Directiva y en otro almuerzo que tuvo al término de la reunión de dicha Junta con los presidentes de todas las organizaciones regionales, salvo el catalán. Pero antes de estos encuentros Garamendi se ha rodeado desde hace meses con un pequeño grupo de incondicionales con el que trabajar por ser el único candidato y aunar posturas internas; entre ellos están Íñigo Fernández de Mesa; José Alberto González-Ruiz, Lorenzo Amor o la ex ministra Fátima Báñez.

 

Las urnas las carga el diablo

Antonio Garamendi ya sabe lo que es enfrentarse a otro candidato por la presidencia de la CEOE. Luchó por este cargo con el entonces presidente, Juan Rosell, en las elecciones patronales de 2014. Era la segunda vez que se votaba en la historia de esta organización, ya que sus presidentes siempre habían sido designados por aclamación. Ese año también fue el primero con dos candidatos con posibilidades de salir elegidos. De hecho, ambos se atribuían una victoria holgada. Pero finalmente, la oferta de Rosell al entonces presidente de la patronal madrileña CEIM, Arturo Fernandez, para que fuera su vicepresidente primero, por delante del principal vicepresidente natural de Cepyme, hizo que los vocales madrileños votaran a Rosell pese a que la organización había dado su apoyo a Garamendi. Las fuentes patronales consultadas encuentran que actualmente, la posibilidad de otorgar prebendas a los directivos díscolos para captar su respaldo es poco menos que “impensable”. Si bien, otros recuerdan que si ya se ha hecho una vez podría repetirse. En cualquier caso, lo que sería una verdadera sorpresa sería que saltara un segundo candidato, algo que no ven probable desde el entorno de Garamendi, porque sería “suicida”, aseguran.

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