El blindaje de la gobernanza de Richemont es difícil de atravesar

El activista Bluebell consigue que se vote el nombramiento de un representante de los accionistas ordinarios en el consejo

Relojes Cartier, de Richemont.
Relojes Cartier, de Richemont. reuters

La campaña de Bluebell para lograr cambios en Richemont parece una lucha ardua. Bajo la presión del activista, la firma permitirá a los accionistas de clase A designar a un consejero en la junta de accionistas de septiembre... si lo permite el presidente, Johann Rupert.

La presión de Bluebell tiene mérito. Argumenta que los inversores ordinarios deberían poder nombrar directamente a un consejero. Rupert, que posee acciones B, no cotizadas, y el 50% de los votos (que representan el 9,1% del capital), puede elegir a los consejeros y decidir la estrategia.

Los propios estatutos de Richemont y el código civil suizo establecen que los titulares de acciones A tienen derecho a un representante. Pero parece que los inversores no lo han tenido en cuenta hasta ahora. La elección está entre el candidato de Bluebell, Francesco Trapani, exjefe de Bulgari, y Wendy Luhabe, actual consejera, respaldada por Richemont. La empresa ha recomendado a los accionistas votar contra Trapani.

Pero la notificación de Richemont a la junta sugiere que el representante de los accionistas A tendrá que ser aprobado por todos: o sea, que las acciones B de Rupert aún podrían rechazar a Trapani, siempre que haya razones válidas. Rupert dice que no hay necesidad de cambiar el consejo, ya que sus debates siempre tienen en cuenta el interés de todos los accionistas.

A Richemont le vendría bien una voz nueva. Ha ofrecido un retorno en Bolsa del 53% en cinco años, frente a más del 200% de Hermès y LVMH, pero mejor que el 25% menos de Swatch. Las incursiones en el distribuidor online YNAP aún no han aportado un valor significativo. Pero la emblemática división de joyería generó 3.800 millones de ebit en 2021, por encima del total del grupo, y tuvo un margen operativo del 34%, no muy lejos del 39% de Hermès. Centrarse en ella y en el negocio de relojes podría reducir la brecha.

El poder de voto de Rupert implica que los cambios propuestos por Bluebell pueden fracasar, aunque el fondo podría intentar presentar nuevos argumentos legales. Sería una pena que el resultado implicara que se descuiden las ideas empresariales contrarias.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías