British Airways y otras empresas confían en aguantar sin subir sueldos

BT o Sainsbury’s creen que el paro aumentará y los empleados perderán poder de negociación

Ingeniero de BT Openreach, en Mánchester (Inglaterra).
Ingeniero de BT Openreach, en Mánchester (Inglaterra). reuters

Los jefes de las empresas están jugando un juego arriesgado en materia de salarios. BT, British Airways y J Sainsbury se enfrentan a los trabajadores por los sueldos, a pesar de la creciente inflación y de un mercado laboral ajustado que, en teoría, da la razón a los empleados. Los consejeros delegados Philip Jansen, Sean Doyle y Simon Roberts tienen motivos para resistir, pero están lejos de estar protegidos herméticamente.

A primera vista, hay una fría lógica en rechazar las demandas de los trabajadores. El crecimiento salarial parece alto: los sueldos del sector privado aumentaron un 8% en el periodo de febrero a abril, en términos interanuales. Mientras, el Banco de Inglaterra calcula que la inflación superará el 10%, pero las presiones importadas de los altos precios de la energía se ralentizarán el próximo año. Entretanto, el aumento de los costes reducirá la demanda de los consumidores, afectará a los márgenes de las empresas y aumentará el desempleo, reduciendo el poder de negociación de los trabajadores.

Por desgracia para los empresarios, el Banco de Inglaterra no está nada seguro de que esto vaya a ocurrir. Los últimos discursos de los responsables de la fijación de los tipos dejan claro que si las expectativas de los trabajadores se consolidan, la esperada relajación de las condiciones laborales podría no producirse. Mientras, el crecimiento global del 6,8% para los trabajadores privados y públicos incluye las abultadas primas del sector financiero y los salarios del personal de bares y restaurantes, afectados por la baja base del año pasado. Si se eliminan estos elementos y la inflación, el salario básico de los trabajadores se redujo un 2,2% en términos reales.

Esto no significa que los jefes deban imponer subidas salariales inasequibles. Pero hay argumentos para adoptar un tono conciliador, especialmente si no cuesta mucho.

Sainsbury’s, por el contrario, está discutiendo con los accionistas por su negativa a pagar a los limpiadores y guardias de seguridad contratados el mismo sueldo que a sus empleados directos, que recibieron hace poco una subida del 5%. Solo le costaría 10 millones de libras (11,5 millones de euros), el 1% del beneficio operativo probable de 2023 según las estimaciones de Refinitiv.

British Airways se niega a restablecer un recorte salarial del 10% introducido durante la pandemia, y en su lugar ofrece una “bonificación” única, lo que significa que las futuras conversaciones salariales partirán de una base más baja. Esto apenas afectará a la factura salarial de BA este año, y cuando la recuperación tras la pandemia esté más arraigada en 2023, la aerolínea debería de poder permitirse mayores aumentos salariales.

Mientras, es fácil entender por qué algunos trabajadores de BT se oponen a una subida plana de 1.500 libras (1.700 euros) que solo abarca un aumento salarial del 3%.

La reticencia de los consejeros delegados a conceder aumentos salariales y prebendas puede no importar todavía si el banco central ha acertado. Si se equivoca, los trabajadores irritados podrían conservar su capacidad de negociación durante más tiempo y abandonar el barco.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

Fe de errores

Los jefes de las empresas están jugando un juego arriesgado en materia de salarios. BT, British Airways y J Sainsbury se enfrentan a los trabajadores por los sueldos, a pesar de la creciente inflación y de un mercado laboral ajustado que, en teoría, da la razón a los empleados. Los consejeros delegados Philip Jansen, Sean Doyle y Simon Roberts tienen motivos para resistir, pero están lejos de estar protegidos herméticamente.

 

A primera vista, hay una fría lógica en rechazar las demandas de los trabajadores. El crecimiento salarial parece alto: los sueldos del sector privado aumentaron un 8% en el periodo de febrero a abril, en términos interanuales. Mientras, el Banco de Inglaterra calcula que la inflación superará el 10%, pero las presiones importadas de los altos precios de la energía se ralentizarán el próximo año. Entretanto, el aumento de los costes reducirá la demanda de los consumidores, afectará a los márgenes de las empresas y aumentará el desempleo, reduciendo el poder de negociación de los trabajadores.

Por desgracia para los empresarios, el Banco de Inglaterra no está nada seguro de que esto vaya a ocurrir. Los últimos discursos de los responsables de la fijación de los tipos dejan claro que si las expectativas de los trabajadores se consolidan, la esperada relajación de las condiciones laborales podría no producirse. Mientras, el crecimiento global del 6,8% para los trabajadores privados y públicos incluye las abultadas primas del sector financiero y los salarios del personal de bares y restaurantes, afectados por la baja base del año pasado. Si se eliminan estos elementos y la inflación, el salario básico de los trabajadores se redujo un 2,2% en términos reales.

Esto no significa que los jefes deban imponer subidas salariales inasequibles. Pero hay argumentos para adoptar un tono conciliador, especialmente si no cuesta mucho.

Sainsbury’s, por el contrario, está discutiendo con los accionistas por su negativa a pagar a los limpiadores y guardias de seguridad contratados el mismo sueldo que a sus empleados directos, que recibieron hace poco una subida del 5%. Solo le costaría 10 millones de libras (11,5 millones de euros), el 1% del beneficio operativo probable de 2023 según las estimaciones de Refinitiv.

British Airways se niega a restablecer un recorte salarial del 10% introducido durante la pandemia, y en su lugar ofrece una “bonificación” única, lo que significa que las futuras conversaciones salariales partirán de una base más baja. Esto apenas afectará a la factura salarial de BA este año, y cuando la recuperación tras la pandemia esté más arraigada en 2023, la aerolínea debería de poder permitirse mayores aumentos salariales.

Mientras, es fácil entender por qué algunos trabajadores de BT se oponen a una subida plana de 1.500 libras (1.700 euros) que solo abarca un aumento salarial del 3%.

La reticencia de los consejeros delegados a conceder aumentos salariales y prebendas puede no importar todavía si el banco central ha acertado. Si se equivoca, los trabajadores irritados podrían conservar su capacidad de negociación durante más tiempo y abandonar el barco.