La caída de un gigante: cómo General Motors perdió la corona del motor

En EE UU vende un 55% menos que hace dos décadas y cede el liderazgo a Toyota por primera vez

Sus matriculaciones en el mundo llevan en caída continua desde 2016

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El año 2021 será recordado como el ejercicio en el que General Motors (GM) perdió la última de las coronas que aún conservaba: la de ser la empresa que más coches vende en Estados Unidos. Ese honor se lo arrebató la compañía nipona Toyota, que en 2021 entregó 2,33 millones de vehículos en EE UU, frente a los 2,21 millones de General Motors, fabricante que ostentó la hegemonía en el mercado norteamericano durante 90 años.

El liderazgo mundial, sin embargo, lo perdió por primera vez hace ya 14 años, cuando en 2008 fue apeado de esa posición también por Toyota, tras 77 años de dominio absoluto. GM recuperó el trono temporalmente en 2011, pero volvió a perderlo más tarde y hoy se encuentra muy lejos de las posiciones de cabeza. Tras los resultados de 2021, ofrecidos por la automovilística en la noche del martes al miércoles, la empresa confirmó una nueva bajada de sus matriculaciones que llevan en caída libre desde 2016, con un retroceso acumulado del 37,2% desde entonces, hasta los 6,29 millones de coches vendidos el año pasado.

Este declive constante del fabricante se ha notado desde principios de siglo, cuando los problemas económicos empezaron a ahogar de forma paulatina a la automovilística. En todo este tiempo ha cerrado o vendido ocho de sus firmas. La primera de ellas fue Oldsmobile, la que por entonces era la marca de coches más vieja de EE UU, que General Motors clausuró en 2004. Un año después, en 2005, vendió a Toyota su participación en la asiática Subaru.

El peor momento llegó en 2009, tras el terrible impacto de la crisis económica que estalló un año antes, cuando la compañía se vio obligada a declarar la bancarrota ante la imposibilidad de hacer frente a su descomunal deuda que en ese momento ascendía a más de 172.800 millones de dólares (al cambio actual, unos 152.884,8 millones de euros). En el ejercicio previo, en 2008, la empresa había declarado unas pérdidas de 31.000 millones de dólares.

Tras la quiebra, el Gobierno estadounidense salvó a la compañía de la desaparición mediante la compra del 60,8% de su accionariado, a cambio de inyectar en ella 50.000 millones de dólares. Canadá también compró títulos (un 11,7%) del fabricante por un total de 12.500 millones.

Para sanearse, General Motors siguió deshaciéndose de marcas poco rentables, como Saturn, que se la vendió al grupo Penske en 2009. Un año después, cerró Hummer y vendió Saab a la firma holandesa Spyker. En ese mismo 2010, también dio de baja a la marca Pontiac. Los efectos de esas decisiones se notaron rápido, y en 2010, apenas un año después de la quiebra, la empresa declaró unos beneficios de 4.700 millones de dólares, los primeros registros positivos desde 2004. Una vez salvada la compañía, tanto el Ejecutivo estadounidense como el canadiense vendieron la totalidad de sus participaciones en la automovilística de forma escalonada.

Sin embargo, la empresa siguió deshaciéndose de marcas en los años siguientes. Así, en 2017, General Motors alcanzó un acuerdo con el grupo PSA, actual Stellantis, para venderle Opel (que tiene una planta en Figueruelas, Zaragoza) y en 2020 anunció el cierre de la marca australiana Holden.

Los beneficios de General Motors crecieron un 55,9% en 2021

Más de 10.000 millones. General Motors informó en la noche del martes al miércoles de que en 2021 obtuvo un beneficio neto atribuido de 10.019 millones de dólares (8.853 millones de euros al cambio actual), un 55,9% más que en 2020. Su facturación ascendió a los 127.004 millones de dólares (112.169 millones de euros), lo que supone un ligero crecimiento del 3,7% en la comparativa con los ingresos del ejercicio precedente. En 2021, la empresa registró un beneficio operativo ajustado de 14.295 millones de dólares (12.624 millones de euros), lo que representa una subida del 47,2%.

Caída de matriculaciones. Este aumento de ganancias, se produjo a pesar de que la compañía redujo sus ventas un 7,8%, hasta los 6,29 millones de vehículos, debido a la crisis de microchips que hostiga al sector.

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