Informe de Mckinsey

La transición golpeará a sectores que suponen un 20% del PIB y a los hogares

El gasto de capital en activos físicos será de 275 billones de dólares en 2050 y se crearán 15 millones de puestos de trabajo netos

Planta química en Francia.
Planta química en Francia. Efe

Según el informe Cero Emisiones Netas: lo que costaría, lo que podría aportar elaborado por McKinsey & Company, el gasto de capital en activos físicos ascendería a unos 275 billones de dólares hasta 2050 (9,2 billones de dólares al año) o una subida de 3,5 billones de dólares sobre el gasto actual anual, a medida que se reduzcan las actividades de altas emisiones y aumenten las de bajas emisiones.

El informe señala que “es posible que sea necesaria una amplia reasignación de mano de obra, con unos 200 millones de puestos de trabajo directos e indirectos nuevos y 185 millones perdidos para esa fecha por la transición a cero emisiones. El gasto se concentraría en la fase inicial: en activos físicos pasaría del 6,8% del PIB actual al 8,8% entre 2026 y 2030, para ir cayendo después.

Los sectores más expuestos, según el estudio, serían aquellos con productos u operaciones de altas emisiones (energía, industria, agricultura y movilidad, entre otros), que representan hoy el 20% del PIB mundial. Otro 10% corresponde a sectores cuyas cadenas de suministro tienen altas emisiones, como la construcción. Los hogares de bajos ingresos pueden ser los más afectados por el mayor coste de la electricidad a corto plazo y por el coste de adquirir productos de bajas emisiones, como nuevas calefacciones o coches eléctricos.

La transición será desigual por regiones: aquellas economías basadas en los servicios, entre ellas España, y con un PIB per cápita alto, tienen una exposición global baja a los ajustes de la transición. Por el contrario, los países con menor PIB per cápita muestran una mayor exposición a la transición. Esto se debe a que una parte relativamente mayor de sus puestos de trabajo, su PIB y su stock de capital se encuentran en sectores más expuestos, como la industria manufacturera, la agricultura y la energía basada en combustibles fósiles. Entre los países más expuestos se encuentran Bangladesh, India, Kenia y Nigeria.

A pesar de la magnitud de los cambios necesarios, los costes y trastornos derivados del aumento de los riesgos físicos o de una transición desordenada serían probablemente mucho mayores. La transición conlleva riesgos, como la escasez de energía y el aumento de los precios si no se  gestiona bien, subraya Mckinsey. Si se retrasa o se hace de forma abrupta, la transición aumentaría el riesgo de bloqueo de recursos y despidos de trabajadores.

Sin embargo, los resultados serían mucho peores si no se tomara ninguna medida. “Una transición ordenada ofrece oportunidades de crecimiento y beneficios a largo plazo más allá de la descarbonización (..) Y reportaría beneficios, entre ellos el potencial de una disminución a largo plazo de los costes energéticos, la mejora de la salud y la conservación del patrimonio natural”. Las acciones de empresas y gobiernos individuales, junto con el apoyo coordinado a los sectores, países y comunidades más vulnerables, podrían facilitar los ajustes económicos y sociales que serán necesarios”, señala Joseba Eceiza, socio de McKinsey.

En estos momentos, el 65% del gasto en energía y suelo se destina a productos de altas emisiones. En el futuro, el 70% irá a productos de bajas emisiones e infraestructuras de apoyo. La transición dependerá. en definitiva, “del compromiso de las empresas, los gobiernos, las instituciones y los individuos”.

 

“Un cambio de mentalidad total”

Efectos. El informe sobre los efectos económico de la descarbonización a 2050 elaborado por McKinsey & Company, en que se examinan las implicaciones de alcanzar emisiones cero a dicho año, analiza en profundidad la situación de 69 países en todo el mundo. El proceso de transición, “requerirá un cambio de mentalidad total, que incluya la preparación para la incertidumbre y los riesgos a corto plazo, actuación con mayor determinación, unidad e ingenio, y la ampliación de los horizontes de planificación e inversión”, señala el informe. “La transición económica para alcanzar el nivel cero será compleja y exigente, pero es necesaria”, señala Joseba Eceiza, socio de Mckinsey.

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