La inflación, el impuesto silencioso

Algunos de los factores responsables de la subida de precios son transitorios, pero otros no, como el alto coste de la transición energética

Las presiones inflacionistas se están intensificando con claridad en el mundo pos-Covid hasta el punto de que se han convertido en el principal riesgo al que se enfrentan actualmente los agentes económicos. Este fenómeno responde tanto a factores de oferta como de demanda. En primer lugar, existen una serie de cuellos de botella que afectan a la oferta, sobre todo en el sector manufacturero, que se producen en el momento en que muchas empresas tienen dificultades para volver a sus niveles de producción previos al estallido de la pandemia. Pensemos en que muchas industrias se enfrentan actualmente a problemas de suministro de materias primas, tiempos de entrega elevados, escasez de determinados componentes y de mano de obra cualificada.

Un ejemplo muy claro lo tenemos en el mundo de los combustibles fósiles, cuyos precios se están acelerando de forma preocupante en las últimas semanas. El caso del gas natural en Europa responde básicamente a unos inventarios muy por debajo de los niveles habituales en esta época del año, a factores geopolíticos y a una pugna por el abastecimiento entre Asia y Europa. En cuanto a los precios del petróleo, responden a los mismos factores: Estados Unidos está muy por debajo de los niveles de producción anteriores a la pandemia, básicamente por temores regulatorios. El impulso global hacia las energías renovables y la política climática de la administración Biden han creado una gran incertidumbre en la industria de los combustibles fósiles, lo que ha provocado que los productores se muestren reacios a realizar nuevas inversiones. Mientras tanto, la demanda de energía ha experimentado un sustancial repunte, afectando no solo al crudo y al gas natural, sino también a algunas materias primas tan denostadas como el carbón.

Por otra parte, existen factores de demanda, derivados de la reapertura económica que se ha producido tras el retroceso de la ola delta del Covid-19, gracias a las elevadas tasas de vacunación en las economías avanzadas. Asimismo, hemos de tener en cuenta los fuertes estímulos fiscales que se han desplegado tanto en Europa como, sobre todo, en Estados Unidos. Las autoridades de las economías avanzadas han actuado con rapidez y decisión para evitar que la crisis sanitaria derivase en una crisis económica de gran magnitud y han implementado multitud de programas de ayuda pandémicos, que han mantenido los ingresos de las capas de población más vulnerables, que durante la pandemia han sido aquellas que no podían optar por el teletrabajo. En Europa, están llegando las primeras partidas del programa Next Generation EU, mientras que en Estados Unidos se han desplegado varios tramos de ayuda fiscal, que se han traducido en el cobro de cheques en efectivo por parte de la población.

Aunque la ayuda en Europa lleva aparejada unos compromisos de transformación del proceso productivo, lo cierto es que también contribuirán positivamente al aumento de la demanda agregada. Además, el aplazamiento forzoso de ciertas actividades relacionadas principalmente con el ocio y el consumo de servicios, ha supuesto un importante aumento de la tasa de ahorro de las familias y cuando se puedan retomar los planes interrumpidos por el Covid-19, la normalización de la tasa de ahorro también impulsará al alza la demanda.

Algunos de los factores responsables de los elevados precios actuales serán transitorios. Tal es el caso de los efectos de base, que irán poco a poco perdiendo su influencia. A medida que pasen los meses, la reapertura económica se irá notando y estos efectos serán cada vez menores. Por otra parte, los componentes que más han participado hasta ahora en la subida de precios en las economías avanzadas han sido los que están estrechamente relacionados con el proceso de reapertura, como es el caso de los vehículos de segunda mano, los viajes y los hoteles. En los últimos datos publicados en Estados Unidos, la subida de precios en estos componentes está tendiendo a desaparecer.

Otros factores, por el contrario, no desaparecerán tan fácilmente: el proceso de transición energética generará costes que podrían ser persistentes. Las energías limpias no pueden, hoy por hoy, sustituir a los combustibles fósiles, que seguirán siendo necesarios, al tiempo que los productores se enfrentan a un escenario regulatorio mucho más complicado. Por otra parte, tanto la Reserva Federal como el BCE han cambiado sus estrategias de política monetaria, de manera que serán más permisivos con desviaciones simétricas y al alza de la inflación, con la finalidad de asegurar que se alcanzan sus objetivos a medio plazo. En definitiva, es cierto que el repunte de los precios se irá moderando conforme pasen los meses, aunque no es menos cierto que es probable que se estabilicen en niveles superiores a los que se dieron en la pasada década.

A la inflación se le ha llamado el impuesto silencioso, porque es insidiosa y sus efectos no se perciben de inmediato. Un salario de 1.000 euros, con una inflación del 2%, se convierte en uno de 980 euros en solo un año, con un efecto progresivo en los siguientes años, de tal forma que, al cabo de 20 años, habríamos perdido la tercera parte de nuestro poder adquisitivo.

El actual escenario de represión financiera, cuya principal característica es que los tipos de interés están por debajo de las tasas de inflación, se extenderá por un tiempo indeterminado y cambiará radicalmente nuestra manera de ahorrar e invertir. Como ejemplo de ello, en estos momentos, y sobre todo en la industria de la gestión patrimonial, la verdadera medida del riesgo no es la volatilidad, sino el no poder compensar los efectos negativos de la inflación sobre nuestro patrimonio, que podrían ser devastadores en el largo plazo. La volatilidad es desagradable, pero la inflación es el verdadero cáncer para nuestro patrimonio.

Álvaro Manteca González es CFA, miembro de CFA Society Spain, y responsable de Estrategias de Inversión BBVA Banca Privada.