Vuelven los dividendos como complemento de renta seguro

La banca ha recuperado muy parcialmente las retribuciones con la tímida autorización del BCE y no se espera que la normalidad sea plena hasta bien entrado 2023

La explosión de las actividades económicas ligadas a la movilidad empieza a ser bastante evidente en todo el mundo a medida que los procesos de vacunación van incorporando población inmunizada, y casi todos los países, España también, se mueven ya en la euforia de revisar al alza las previsiones de crecimiento para la segunda mitad del ejercicio. En paralelo caminan las expectativas de las empresas que han resistido hasta ahora las embestidas de la pandemia y la demanda de bienes y servicios empieza a cebar las ventas y los beneficios. La cuestión es saber cuál es la verdadera sostenibilidad de la actividad pasado el efecto burbujeante de los primeros meses de normalidad, aunque todo parece indicar que con el apoyo de los fuertes volúmenes de inversión financiada por la Comisión Europea, deberían sostenerse elevadas dosis de crecimiento en los próximos años.

Amparadas en tales expectativas y en el negocio contante y sonante, las empresas empiezan a recuperar sus rutinas financieras. Y entre ellas está el pago regular a sus socios de los dividendos, tras haber suspendido tan buena costumbre en 2020 por la pandemia o haber modificado sus calendarios de pago y reducido las cantidades a remunerar. Las cotizadas españolas abonarán entre los pagos de junio y los estimados de julio unos 7.000 millones de euros, cantidad ligeramente inferior a la desembolsada tradicionalmente en este periodo. Las empresas energéticas (Iberdrola, Endesa, REE, etc.) y Telefónica mantienen sus abonos, aunque con recortes en las cantidades en algunos casos, y únicamente las empresas ligadas al turismo no se incorporarán plenamente a los abonos que hacían en 2019 para acumular reservas en una crisis que se ha cebado especialmente con ellas. Además, la banca ha recuperado muy parcialmente las retribuciones con la tímida autorización del BCE y no se espera que la normalidad sea plena hasta bien entrado 2023.

Los inversores que han tenido entre sus objetivos precisamente la captura regular de dividendos, porque constituye un complemento a su renta, no tendrán que hacer rotaciones de su cartera, pese a la contracción de los pagos. Y para aquellos que busquen alternativas tras casi año y medio con incertidumbre y volatilidad, la apuesta por empresas que distribuyen sus beneficios debe concretarse en aquellas que acumulan varios años con tales prácticas, pero que en paralelo destinan también una buena parte a renovar sus inversiones. Solo manteniendo el pulso inversor, que obliga en parte a gobernar una política de distribución de beneficios moderada y rigurosa, puede mantenerse el nivel de ventas, de beneficios y de regularidad en su distribución.