La arrolladora victoria de Ayuso en Madrid convulsiona todo el tablero político nacional

Génova ve la votación como el “km 0” del cambio en España y La Moncloa

Iglesias deja todos sus cargos y el PSOE se desploma tras vencer en 2019

La arrolladora victoria de Ayuso en Madrid convulsiona todo el tablero político nacional pulsa en la foto

Isabel Díaz Ayuso se convirtió ayer en la gran vencedora de las elecciones autonómicas a la Comunidad de Madrid, que ella misma había convocado por su cuenta y riesgo en un todo o nada, entre continuar presidiendo la región reforzando su apoyo electoral o perder la Puerta del Sol, principal bastión político del PP en la actualidad, del que sale incontestablemente victoriosa. Su inconfundible tono personalista, que ha aparcado las siglas del PP en la cartelería electoral, un programa liberal del que ha hecho bandera su política de restricciones laxas ante la pandemia y su imagen de contrapoder a La Moncloa de Pedro Sánchez le valieron ayer el apoyo de la mayoría de madrileños y duplicar su número de escaños. Ayuso no logró la ansiada mayoría absoluta, pero al lograr más escaños que toda la izquierda podría gobernar en solitario con solo abstenerse Vox. Su exsocio, Cs, desaparece del tablero político regional y es el gran perdedor de la noche. La noche fue también amarga para PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos, que proponían un tripartito con el que aspiraban a romper con 26 años de hegemonía de la derecha en la región.

“La libertad ha triunfado”, celebró Ayuso desde el balcón de Génova, asegurando que su victoria es el “km 0” de un cambio político nacional -algo que también planteó Pablo Casado- y advirtiendo al presidente del Gobierno nacional, Pedro Sánchez, de que su “forma de gobernar con opulencia e hipocresía desde La Moncloa tiene los días contados”. Por lo pronto, dijo, bajará los impuestos.

La jornada electoral, atípica por anticipada, pandémica y laborable, se saldó con una participación histórica que demuestra la enorme movilización de los partidarios de todas las fuerzas políticas. De los 5,11 millones de madrileños llamados a las urnas acudieron un 76,2%, una cifra inédita. Pese a que la izquierda tenía especial esperanza en que la afluencia masiva de votantes lograra poner fin al Gobierno de Ayuso, esta salió claramente reforzada. Si en 2019 la candidata popular obtuvo el 22,23% de votos (719.852) y 30 escaños, en esta ocasión multiplica sus apoyos y sumaba 65 asientos en la Asamblea de Madrid al cierre de esta edición, con el escrutinio electoral al 97,6% del total. Cerca incluso de la mayoría absoluta, situada ahora en los 69 escaños, al elevarse el total a 136, frente a los 67 que bastaban en 2019, cuando había 132 sillas en la Asamblea, una marca con la que el PP no podía ni soñar hace dos años.

En la anterior ocasión, de hecho, la fuerza más votada fue el PSOE, con Ángel Gabilondo de cabeza de cartel, con un 27,31% de los votos (884.218) que le valieron 37 escaños. Una victoria simbólica que no le permitió hacerse con la presidencia de la región dado que Cs, que tenía la llave de la gobernabilidad, apostó por convertirse en socio del PP. En esta ocasión, Gabilondo ha visto descender en picado sus apoyos, logrando solo 24 escaños.

Una cifra que igualó a última hora Más Madrid, cuya candidata, Mónica García, llegó a acariciar el sorpasso a los socialistas a tenor de las encuestas manejadas durante los últimos días de campaña electoral. La formación que lidera Íñigo Errejón, que rechazó la propuesta de Unidas Podemos de concurrir en coalición, sale reforzada en estos comicios. Tras cosechar 20 escaños y el 14,69% de votos (475.672) en 2019, incrementa su presencia en la Asamblea hasta alcanzar 24 miembros.

A su vez, las elecciones sitúan ya a Vox como cuarta fuerza política de la región, básicamente ante la desaparición de Cs, pues solo suben de 12 a 13 escaños. Una victoria agridulce para la ultraderecha porque aunque Ayuso necesitará su abstención para ser investida y gobernar, lo que les permitirá influir en el diseño de los Presupuestos, por ejemplo, no les garantiza los asientos en el Gobierno regional que anhelaban.

Finalmente, el quinto partido con representación en la Asamblea madrileña es Unidas Podemos, que se jugaba su continuidad en el Parlamento autonómico dada su trayectoria descendente. La sorpresiva renuncia de su líder nacional, Pablo Iglesias, a la silla de vicepresidente segundo del Gobierno nacional, y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030, ha logrado el objetivo primario de salvar la marca, pero no ha sido revulsivo suficiente como para posicionar al bloque de izquierdas como alternativa al PP en la Puerta del Sol. Los morados, que en 2019 lograron escaños por la mínima, al obtener el 5,6% del voto (181.231) frente al 5% exigido para tener representación, arañaron siete asientos en la Asamblea. En esta ocasión, el partido suma 10.

Precisamente la incapacidad de alcanzar ese 5% de los votos totales en esta ocasión (logra el 3,5%) es la que deja a Ciudadanos fuera del Parlamento madrileño, una debacle tras lograr ser la tercera posición política en 2019, cuando obtuvo el 19,46% de los votos (629.672) y un total de 26 escaños que le permitieron entrar en la Puerta del Sol de la mano de Ayuso con una vicepresidencia y carteras tan relevantes como la de Economía.

Lectura en clave nacional

Este resultado electoral pone fin a varias semanas de bronca campaña y precampaña, marcadas por la polarizada dialéctica del “comunismo o libertad”, con la que convocó Ayuso, o el “democracia o fascismo”, con el que acabaron descolgándose los socialistas. Por el camino quedan el envío de amenazas de muerte a varios de los candidatos, un único debate a seis y otro a cinco que acabó con tal enfrentamiento –tras poner en duda Vox la intimidación sufrida por Iglesias– que llevó a anular el resto de contiendas programadas.

Los comicios tendrán, como lo ha tenido toda la campaña, una lectura en clave nacional en los grandes partidos, que de alguna manera también se jugaban en este día el aval de los votantes a su gestión de la pandemia en el Gobierno de coalición central, en el caso de socialistas y morados; a la política de restricciones laxas del Ejecutivo regional, por el lado de Ayuso; a su futuro como muleta del PP, en el de Vox; o la propia supervivencia del partido, en el caso de Ciudadanos.

Conviene recordar que la convocatoria anticipada de las elecciones celebradas ayer surgió en la convulsa mañana del 10 de marzo, después de que Cs se aliara con el PSOE para presentar una moción de censura con la que sacar al PP del Gobierno de Murcia. Aunque la operación acabó fracasando, ante el temor de que la jugada fuera replicada en Castilla y León y Madrid, Génova permitió a Ayuso acometer su plan de romper su asociación con la formación naranja, expulsando a los consejeros de Cs de su Ejecutivo, y llamar a las urnas. La decisión permitirá ahora a Ayuso, previsiblemente, gobernar en solitario, acrecentar su posición de poder en el tablero político nacional y darle peso a su voz dentro del propio PP. La fagocitación de Cs en Madrid, a la par que se contiene el auge de Vox, es una buena noticia para los de Pablo Casado, que se verá conminado, eso sí, a alinear su discurso al de Ayuso.

Del lado del PSOE, el batacazo de Gabilondo –al que el anticipo electoral le pilló con un pie en el cargo de Defensor del Pueblo– y la desaparición de Cs previsiblemente enfríen la posibilidad de convocar elecciones anticipadas en el ámbito nacional para tratar de gobernar sin Podemos. Gana fuerza la determinación de agotar la legislatura y esperar a que las ayudas europeas en camino apuntalen la recuperación económica y mejoren sus opciones.

En el caso de Podemos, la consecuencia directa fue el anuncio de su líder, Pablo Iglesias, de que, tras un último servicio salvando los muebles del partido en la región, deja todos sus cargos y ofrece el relevo a la vicepresidenta tercera del Gobierno, Yolanda Díaz.

Papeleta complicada también para Cs, que tras hundirse también en Cataluña (donde nació y llegó a ser la fuerza más votada), obligará a Inés Arrimadas a replantear su estrategia para tratar de sobrevivir.

Más allá, los resultados electorales de ayer marcarán el pulso político madrileño durante dos años, pues el estatuto regional obliga a mantener el calendario previo al anticipo electoral, con lo que los madrileños volverán a las urnas en 2023, como tarde.

Un mapa azul con ‘sorpasso’ local en la izquierda

La capital. El PP venció ayer en la gran mayoría de poblaciones madrileñas, incluyendo la capital donde obtuvo más del 40% del voto. en el ala izquierda, la ciudad de Madrid arrojó un sorpasso del Más Madrid al PSOE.

El cinturón rojo. La victoria de los populares se hizo patente incluso en el llamado cinturón rojo de la región, que suele votar mayoritariamente a la izquierda como es el caso de Alcorcón, Coslada, Leganés, Móstoles y Getafe.

Una participación histórica del 76% pese al Covid y a celebrarse en día laborable

La jornada electoral de ayer en la Comunidad de Madrid se caracterizó por una altísima participación/ participación récord pese a la triple excepcionalidad que rodeaba a los comicios: el tratarse de unos comicios anticipados, solo dos años después de la última convocatoria; al celebrarse en una jornada laborable; y al transcurrir bajo la pandemia del Covid-19. Pese a que cualquier de estos factores podría haber contribuido a desanimar a los votantes, la jornada se cerró con una participación del 76,16%, la más alta del registro histórico, y solo un 23,8% de abstención.

La cota supera así el 63,27% de participación de las últimas elecciones, las de 2019, pero también los anteriores récord del 70,39% en 1995, o el 69,87% de 1987.

La marca alcanzada se hacía prever ya en los datos adelantados por la Comunidad a las 13:00 horas, cuando la participación se situaba en el 28,43%, dos puntos por encima de la de 2019 a esa misma hora, y, sobre todo, con el 69,26% de las 19:00 horas, que superaba en 11 puntos la marca de la convocatoria anterior.

Se trata además de las elecciones a las que más madrileños han sido convocados, un total de 5.112.658, 53.406 más que hace dos años. El censo, con algo más de mujeres que de hombres, concentra casi la mitad del total (2,36 millones) en la capital.

La jornada, marcada por el uso de mascarillas y geles hidroalcohólicos propios de la era pandémica, transcurrió sin grandes incidentes, más allá de las voluminosas colas que tuvieron que afrontar muchos de los votantes ante la avalancha de participantes, lo que hizo que se permitiese votar más allá de las 20:00 horas a quien aún estuviera esperando en ese momento.

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