La internacionalización es clave para mejorar la productividad

Es imprescindible que más pymes salgan al exterior y que aumente la complejidad de las exportaciones

En 2020 e inicios de 2021 la evolución de las exportaciones españolas se ha visto profundamente afectada por el Covid-19 y un entorno internacional menos propicio para los intercambios comerciales. El descenso en las exportaciones de bienes y de servicios no turísticos ha sido similar al experimentado en los países de nuestro entorno. Importante a este respecto es la resistencia que han mostrado los servicios no turísticos, que ya suponen más del 50% del total de ingresos por exportaciones de servicios y que presentan una balanza comercial superavitaria.

Por otra parte, la base exportadora de bienes no ha sufrido hasta ahora daños significativos, manteniéndose el número de exportadores regulares, aquellos que realizan ventas en el exterior al menos durante cuatro años consecutivos. Estamos, por tanto, en condiciones de retomar su papel tractor cuando se recupere la movilidad. Cuestión aparte son los daños que el Covid-19 ha producido en el turismo, del que, además, la economía española es muy dependiente, lo cual se convierte en un factor de debilidad para el futuro que requerirá una actuación específica.

Aunque el descenso del valor de las ventas en el exterior ha sido generalizado, han seguido creciendo las exportaciones de alimentos y bebidas, en especial de frutas, hortalizas y productos cárnicos, a pesar de la subida de aranceles norteamericanos a algunos productos y del Brexit. Desde 2010 las exportaciones agroalimentarias están ganando peso en la estructura exportadora española, casi cinco puntos porcentuales, así como los productos químicos y las manufacturas de consumo, aunque con menor intensidad. El resto de capítulos, con la excepción de los productos farmacéuticos, ha registrado en los doce últimos meses un descenso en el valor de sus ventas en el exterior, entre ellos bienes tan importantes en la estructura productiva y exportadora española como son los automóviles.

Por ámbito geográfico, el único destino donde las exportaciones de bienes han aumentado de una manera sensible es China. A pesar de ello, el déficit comercial con este país es creciente y de una considerable magnitud, equivalente al déficit comercial total de España. Por su parte, las mayores reducciones en nuestras ventas exteriores se han localizado en Latinoamérica y la Unión Europea.

De cara al futuro, será determinante el comportamiento del comercio y de la economía mundial. Debemos recordar que España es una economía muy abierta e interconectada, cuyas exportaciones suponen el 34% del PIB y el stock de inversiones directas exteriores un porcentaje cercano al 50%.

Aunque el comercio mundial de bienes ha mostrado una resistencia superior a la prevista, aparecen numerosos nubarrones en el horizonte. El Covid-19 ha puesto de manifiesto la debilidad de las cadenas globales de valor y ha acentuado su repliegue. A ello se añaden las consecuencias del Brexit, el auge del proteccionismo y el retroceso del multilateralismo, al margen de las tensiones diplomáticas y comerciales entre China y Estados Unidos y Europa. Estas circunstancias pueden lastrar el dinamismo del comercio exterior y provocar un descenso de la eficiencia económica y un incremento de precios.

No obstante, siguen vivas las fuerzas que empujan la globalización: los avances tecnológicos que favorecen la interdependencia a nivel mundial. En particular, la digitalización está reduciendo costes y agilizando transacciones, lo que es especialmente relevante para que las empresas de menor dimensión puedan superar más fácilmente los costes hundidos asociados a la internacionalización.

La disposición de los Fondos europeos Next Generation EU puede ser una oportunidad única para que la economía española supere algunas de sus deficiencias estructurales y transite lo más rápidamente posible hacia una economía más eficiente, resiliente e inclusiva. En este sentido, sería conveniente que estos fondos también se dediquen en una cuantía suficiente a consolidar y potenciar los avances que antes de la llegada de la pandemia se estaban registrando en la internacionalización de la economía española, haciendo factible que la ineludible recomposición en el patrón exportador no se traduzca en un retroceso de la presencia exterior de las empresas y un deterioro del saldo de la balanza de bienes y servicios

Los datos son irrefutables. Las empresas que operan en el exterior son más productivas, invierten más en innovación, ofrecen mejores condiciones laborales y son más resistentes a las vicisitudes del ciclo económico. Es por ello imprescindible tomar las medidas necesarias para que se internacionalice un mayor número de pymes y que aumente la complejidad de nuestras exportaciones, incorporando un mayor componente tecnológico. Al tiempo, seguir avanzando en la diversificación geográfica de las exportaciones, con mayor presencia en países con mejores perspectivas de crecimiento, como son algunos países de África y Asia.

Se parte de una base sólida que ha sido capaz de resistir las dos grandes crisis del siglo actual, que ha actuado como motor de la recuperación, y que ha aportado claros beneficios a la sociedad española en términos de productividad, competencia, riqueza y empleo. Los rápidos y profundos cambios en el entorno político, comercial y empresarial y la necesidad de afrontar los retos medioambientales, tecnológicos y sociales, hacen fundamental disponer de instrumentos analíticos potentes que permitan una rápida reacción ante estas transformaciones, así como reforzar la interacción permanente entre las administraciones públicas, empresas y universidades.

Gonzalo Solana es Director de la Cátedra Nebrija Santander en internacionalización de empresas