Un paso clave para el futuro de la industria española del automóvil

La creación de una fábrica de baterías para el coche eléctrico responde a las necesidades estratégicas de un sector que está sufriendo con virulencia los efectos de la crisis

El anuncio del Gobierno de que creará un consorcio público-privado junto con Seat-Volkswagen e Iberdrola para montar la primera fábrica de baterías para coches eléctricos en España constituye un paso fundamental para la transición hacia el vehículo eléctrico y conectado, una iniciativa clave en materia de movilidad sostenible y una excelente noticia para el futuro de la industria española del automóvil. El consorcio, que estará abierto a otros socios y se nutrirá de fondos europeos –porque formará parte de los Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE)– supone una apuesta estratégica para dotar a España de las infraestructuras, instalaciones y mecanismos necesarios para fabricar de forma autónoma un vehículo eléctrico conectado completo.

El proyecto anunciado por el Gobierno es oportuno por tres grandes razones. Por un lado, porque encaja perfectamente en las líneas que ha marcado Bruselas para utilizar las ayudas europeas de apoyo a la recuperación. Por otro, porque responde a las necesidades estratégicas de una industria del motor altamente competitiva, pero que ha sufrido con virulencia los efectos de la crisis y debe avanzar para sentar las bases de su transformación para el futuro. A ello hay que sumar la participación de Seat-Volkswagen en el consorcio, fruto de las negociaciones que la compañía ha mantenido con el Gobierno para que la planta barcelonesa de Seat en Martorell fabrique vehículos eléctricos en 2025. Un proyecto fundamental para el futuro de la planta, que Seat supeditaba a que el Ejecutivo ofreciese una apuesta decidida por la electrificación y, concretamente, a poder contar con una planta de baterías “cerca” de la factoría.

La producción española de vehículos cayó un 19,4% en 2020 en comparación con el año anterior, pese a la subida registrada en diciembre por la demanda de los mercados europeos. Según los datos de Anfac, el sector ha dejado de fabricar más de 550.000 vehículos en España frente a 2019. Las cifras revelan el daño que ha provocado la crisis sanitaria y el proceso de reajuste que están acometiendo las marcas de automóviles en general, con movimientos de consolidación incluidos, lo cual ha acentuado los puntos flacos de las fábricas españolas, cuya carga de trabajo depende mayoritariamente de decisiones fuera del país. La posibilidad de fabricar el coche eléctrico de forma completa y autónoma resulta clave para que España pueda paliar esa fragilidad estructural y posicionarse en un mercado cada vez más competitivo. Y el primer pilar de ese proyecto es contar con fábricas de baterías como la anunciada ayer por el Gobierno y las empresas.