Mercados

Las bolsas sobreviven a la pandemia

Una vez más, las bolsas han roto todos los pronósticos y han desafiado al sentido común de los inversores

Las bolsas sobreviven a la pandemia

Lo han vuelto a hacer. Una vez más, las bolsas han roto todos los pronósticos y han desafiado al sentido común de los inversores. ¡Quien lo hubiera imaginado allá por el mes de marzo! Los mercados se derrumbaban perdiendo más de un 30% de su capitalización en apenas un mes mientras tratábamos de comprender los daños que causaría una enfermedad desconocida, altamente contagiosa, y muy difícil de tratar. En ese momento, a nadie sorprendió la reacción del mercado, aunque todo ocurrió súbitamente y pillando a los inversores desprevenidos.

Ha costado cerca de ocho meses recuperar el valor destruido, es decir, ocho veces más de lo que tardamos en encajar las pérdidas, pero lo sorprendente es que ni siquiera podemos decir a día de hoy que el factor que desencadenó la crisis bursátil, lo que ha puesto patas arriba la economía global, haya quedado atrás. Más bien al contrario. Según las estadísticas, el pasado 6 de noviembre, se superaron los 625.000 contagios en un solo día en todo el planeta, la mayor cifra diaria desde que comenzó la pandemia. Este dato es, sin duda, significativo.

Las bolsas sobreviven a la pandemia

Es comprensible el desconcierto. Nadie ha dicho tampoco que sea una tarea fácil para cualquier inversor, en mitad del caos, interpretar con éxito todas y cada una de las complejas variables que afectan y dirigen el comportamiento de los mercados. Entonces, ¿cómo interpretarlo? ¿qué es lo que está pasando?

 Es la segunda vez que pongo por escrito, especialmente dirigiéndome a los que se acercan al mundo de la bolsa por primera vez, que para entender lo que vale un negocio en bolsa hay que mirar hacia el futuro.

Las bolsas son como aquellos coches de competición que van con las luces largas, y a menudo derrapando y saliéndose medidamente, eso sí, a cada curva.

Aunque resulte un ejercicio singular, para comprenderlas siempre hay que ir “mucho más allá”. No hay que pensar en el presente sino estimar hipótesis razonables de lo que nos deparará el futuro.

El secreto para ser un buen inversor, no está en saber muy bien lo que está ocurriendo, sino en intuir con astucia aquello que podría ocurrir.

Si las investigaciones sobre vacunas tendrán éxito o no, sólo el tiempo lo dirá, pero los mercados a día de hoy ya han emitido su veredicto.

Ojalá las bolsas tengan razón, y el futuro sea muy prometedor.

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