BBVA cierra etapa en EE UU tras un saneamiento acelerado de 3.400 millones, no solo por el Covid

Ha afrontado un fuerte deterioro del fondo de comercio de su filial estadounidense, apuesta personal de FG. México se consolida como la pieza internacional más valiosa

Francisco González, expresidente de BBVA y José Ignacio Goirigolzarri, exconsejero delegado de la entidad, en febrero de 2007, en la presentación de la compra del banco estadounidense Compass
Francisco González, expresidente de BBVA y José Ignacio Goirigolzarri, exconsejero delegado de la entidad, en febrero de 2007, en la presentación de la compra del banco estadounidense Compass

BBVA ha anunciado hoy el punto y final a la aventura estadounidense que inició en 2007, en una operación que permitirá al banco soltar lastre de una filial que no ha dado el retorno esperado, que ha supuesto importantes saneamientos desde que comenzó la actual crisis y con la que además se cierra de forma simbólica una importante página de la pasada presidencia de Francisco González.

El salto a Estados Unidos fue una destacada apuesta personal del anterior presidente de la entidad. La compra de Compass Bancshares por 9.600 millones de dólares en febrero de 2007 (7.410 millones de euros entonces) fue en aquel momento la operación internacional más decidida de la entidad, la réplica de FG a la adquisición en 2000 del mexicano Bancomer bajo la batuta del por entonces consejero delegado Pedro Luis Uriarte y que, a día de hoy, ha demostrado ser la adquisición internacional más valiosa para el grupo.

Aquella compra en EE UU se añadía a la adquisición previa de un puñado de bancos regionales –Laredo National, State National y Texas regional- y permitía a BBVA colocarse en el mapa financiero internacional como el banco número 19 del país. La operación suponía que el negocio bancario de EE UU pasaría a representar el 10% del beneficio del grupo, según anunció la entidad en su día, un porcentaje que ha quedado notablemente por debajo trece años después. Al cierre del tercer trimestre, la filial de EE UU aportó 115 millones de euros al resultado atribuido del grupo, lo que supone el 4% del total.

La apuesta por EEUU no se detuvo con Compass sino que en agosto de 2009, el grupo adquirió Guaranty Financial y se convirtió en la primera entidad extranjera en salir en auxilio de un banco estadounidense en crisis e intervenido por las autoridades. BBVA sobrevivió a la gran crisis de 2008 y al estallido de las hipotecas subprime que hizo tambalearse al sistema financiero estadounidense y mundial, mientras México se consolidaba como la gran fuente de beneficios del grupo, llegando a aportar más del 50% del total. 

Pero la conveniencia de mantener la actividad en EE UU no ha superado la gran prueba de fuego que está suponiendo la crisis actual y que ha supuesto una auténtica sangría para la cuenta de resultados del grupo en los últimos meses. 

En 2019, BBVA ya encajó un deterioro en el fondo de comercio de su filial de EE UU por 1.318 millones de euros ante la negativa evolución de los tipos de interés y a una ralentización de la economía, por lo que el banco ya esperaba el pasado año “una evolución de los resultados futuros por debajo de lo anteriormente estimado”. Todo ello antes del estallido de la pandemia, que se comió de un plumazo los beneficios de BBVA en el primer trimestre de este año. El banco tuvo de realizar saneamientos por otros 2.084 millones de euros por el deterioro adicional del fondo de comercio de su filial de EE UU, ante el impacto negativo del coronavirus en la economía. A causa en gran medida de esta dotación, y en un momento de aumento generalizado de provisiones ante la crisis, BBVA registró a marzo unas pérdidas récord de 1.792 millones.

Ya en el primer semestre de este año, BBVA aseguró que no había deterioro significativo de su actividad en EE UU que requiriera nuevas dotaciones. Santander también ha realizado, en el segundo trimestre de este año, una dotación total por deterioro de comercio de 12.600 millones de euros, de los que 2.330 correspondieron a EE UU, y que supusieron una pérdida récord de más de 10.700 millones de euros. 

La crisis está en definitiva empujando a la banca a un replanteamiento de su posicionamiento geográfico, que en el caso de BBVA también tiene un punto débil en Turquía, donde la depreciación de la lira no cesa, en medio de una constante inestabilidad política y financiera.

La perspectiva para el negocio bancario no es halagüeña, ante un horizonte de tipos cero por largo tiempo y ante la oleada de impagos que traerá la crisis por la pandemia. El escenario es compartido en la zona euro y en EE UU, donde los tipos han caído por primera vez a cero a causa del Covid, sin que se espere una subida hasta al menos finales de 2023, según ha avanzado la Fed. Además, en contra de la actividad de la banca europea en EE UU juega también el efecto divisa, que con la crisis apunta a dejar de ser positivo. El dólar se deprecia este año frente al euro más del 6%, en una tendencia que los expertos creen que continuará y que resta por tanto valor a los beneficios de la banca española en EE UU. 

 

 

 

 

 

 

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