Obituarios

Querido director

Qué emotivo artículo el de Joaquín Estefanía en El País, y qué cierto en todo. Mota, al que conocí en 1989 cuando le hicieron subdirector de CincoDías, me aterraba. Era inmenso y severo, daba miedo y yo evitaba hablar con él, pero pronto descubrí que esa máscara de ogro ocultaba un ser humano de gran sensibilidad y ternura. Trabajé con él muy estrechamente como jefa de la sección de Diseño hasta su marcha a El País en 1992.

 Él, que ponía motes a todo el mundo, algunos simpáticos, otros crueles, eligió para mí uno que siempre me despertó la sonrisa: “Huesillos”. Me llamaba a gritos desde su despacho, o peor, a través de un interfono que teníamos en medio de la sección y me pegaba unos sustos tremendos que me levantaban de la silla: “Huesiillooooos, ven a mi despacho”... pero ya no me daba miedo. Al contrario, su sentido del humor, muy peculiar, a veces agrio, siempre inteligente, me hacía reír y mucho.

¡Cómo sentí que se marchara de CincoDías! Fue un gran apoyo para mí, y hasta en las bromas y comentarios ácidos que no podía evitar, siempre sentí su cariño y tutela, como un hermano mayor que vela por los más pequeños. Me sentí muy protegida y valorada por él en esos años en los que ser mujer y profesional era duro.

Solo puedo dedicarle palabras de agradecimiento y cariño. Cuando me encontraba con él por los pasillos de Miguel Yuste y, como sabía que no le gustaba que le importunaran mucho, intentaba no molestarle, pero él, siempre, siempre, desde lejos o cerca, se paraba, me saludaba y me preguntaba ¿qué tal estás? Y yo sabía que no era una frase retórica, sino que de verdad se preocupaba de cómo me iba la vida.

Para contrarrestar su timidez social y parquedad en palabras estaba Carmen, gran conversadora y de muchas relaciones sociales. Aunque la conocí más tarde, enseguida congeniamos y a través de ella continué el vínculo con Jesús. Carmen, a la que me uno en su dolor por esta inmensa pérdida, porque era inmenso en todos los aspectos. Una gran ausencia, pero a la vez un gran agradecimiento por haber podido conocer, querer y admirar a un hombre tan original y único.

Firmado: Huesillos

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