Renault y Nissan deben reparar su matrimonio de inconveniencia

Remediar la desequilibrada gobernanza de su alianza debería allanar el camino para una integración más profunda

Protestas de trabajadores de la planta de Nissan en Barcelona contra su cierre, frente al Palacio de la Generalitat, el martes 26 de mayo.
Protestas de trabajadores de la planta de Nissan en Barcelona contra su cierre, frente al Palacio de la Generalitat, el martes 26 de mayo. AFP

Todas las relaciones tienen sus altibajos, pero la alianza entre Renault y Nissan Motor ha sido especialmente difícil desde el arresto de su ex presidente y consejero delegado Carlos Ghosn en 2018. El miércoles, los fabricantes de automóviles francés y japonés dieron un paso para acercarse al anunciar que combinarán sus líneas de producción para reducir costes. Remediar la desequilibrada gobernanza del pacto allanaría el camino para una integración futura aún más profunda.

La crisis del Covid-19 está centrando las mentes. La crisis de ventas implica que los fabricantes de automóviles están bajo presión para reducir gastos. Después de haber pasado gran parte de los últimos 18 meses discutiendo sobre el escándalo Ghosn, Nissan y Renault quieren ahora producir aproximadamente la mitad de sus vehículos en plataformas de fábrica compartidas para 2025.

El ahorro aún no especificado es mucho más nebuloso que los 3.700 millones de euros de sinergias anuales anunciadas por la fusión de sus rivales Fiat Chrysler Automobiles y Peugeot.

Reparar las relaciones con los japoneses debería ser una prioridad para el nuevo consejero delegado de Renault, Luca de Meo.

La naturaleza desigual de la alianza y el papel del Estado francés magnifican las tensiones. En 1999, Renault ayudó a Nissan a evitar la bancarrota comprando una participación del 37%, dando al Gobierno francés, que posee el 15% de Renault, una participación indirecta en la empresa con sede en Yokohama.

Cuando la participación de Renault superó el 40% en 2001, un pliegue de la legislación francesa significó que la propia participación de Nissan en Renault, actualmente del 15%, perdiera sus derechos de voto.

Las sospechas japonesas sobre la extralimitación gala se agravaron en 2015 cuando el presidente francés Emmanuel Macron, entonces ministro de Finanzas, elevó la participación del Estado en Renault. Eso activó una ley que casi duplicaba sus derechos de voto, dándole aún más influencia sobre Nissan.

Afortunadamente, hay una manera de que De Meo pueda suavizar las relaciones… y liberar algo de muy necesario capital. Vender, por ejemplo, una participación del 5% de Nissan aportaría alrededor de 815 millones de euros, aproximadamente la mitad de los beneficios antes de impuestos de Renault en 2019, según los datos de Refinitiv. También llevaría la participación del fabricante francés por debajo del umbral del 40%, ayudando así a restaurar los derechos de voto de Nissan en Renault.

Parecería una retirada, pero los franceses seguirían teniendo ventaja. Renault seguiría siendo el mayor accionista de Nissan. Y, mientras que Nissan tendría mayor participación en Renault, jugaría un papel secundario respecto al Elíseo, que controla el 28,6% de los votos. Una distensión, sin embargo, debería allanar el camino para el intercambio de tecnología, y posiblemente una fusión total. Si De Meo quiere fortalecer la nueva confianza de la alianza, debería abordar su desequilibrio de gobierno.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías