Para que la desescalada funcione hay que escuchar a las empresas

Urgen soluciones eficaces y pegadas al terreno que permitan volver a abrir las puertas de sus negocios a las pymes y los autónomos

Los primeros pasos del proceso de desescalada de la economía española hacia la nueva normalidad no solo han evidenciado las dificultades que deben afrontar las empresas, sino que han permitido constatar que resulta bastante menos complejo paralizar la actividad de un país que volver a ponerla en marcha. Con parte del territorio de España en fase cero y parte ya en fase 1, la progresiva reactivación de la industria, el comercio y la hostelería ha comenzado a desarrollarse de forma desigual y con un seguimiento a medio gas, por la necesidad de acatar las medidas de protección sanitaria, cumplir con la reducción de los aforos y acreditar el resto de condiciones establecidas para cada una de las fases. Como resultado de todo ello, solo el 60% de los comercios de proximidad en las áreas en fase 1 optaron ayer por abrir sus puertas, mientras en el caso de la hostelería el porcentaje ha sido del 30%, según datos del colectivo de autónomos. En toda España, solo se ha sumado un 40% del comercio. En bares, hoteles y restaurantes, la media apenas ha llegado al 20%.

La estrategia adoptada frente a la desescalada por parte de las empresas es casi tan heterogénea y asimétrica como la propia hoja de ruta diseñada por el Gobierno. Mientras en la industria del motor, por ejemplo, plantas como las de PSA en Zaragoza y Vigo o las de Iveco en Madrid y Valladolid han optado por ir incorporando gradualmente los turnos en función de la demanda, los grandes grupos textiles, como Inditex, Mango o Cortefiel, han activado parte de sus tiendas en aquellas zonas donde la fase correspondiente lo ha hecho posible. Sin embargo, la situación es sustancialmente diferente para los pequeños comercios independientes, así como para bares y restaurantes, y en general para negocios y pymes que tienen contacto directo con el público, donde las limitaciones de aforo hacen en algunos casos económicamente insostenible la apertura, lo que explica el alto porcentaje que ha optado por no incorporarse de momento a la actividad.

Hallar el equilibrio entre la seguridad sanitaria, que es necesaria para combatir la epidemia, y la reactivación de la economía frente a una recesión de magnitudes históricas no es una tarea sencilla. Precisamente por ello, y a la vista de los titubeantes primeros pasos del deshielo económico que España afronta en este momento, el Gobierno debe escuchar a las empresas y dialogar con las distintas ramas de actividad con el fin de hallar soluciones eficaces y pegadas al terreno que permitan volver a abrir las puertas de sus negocios no solo a las grandes corporaciones, sino también a las pymes y los autónomos, y hacerlo en lo posible sin que ello suponga perder dinero o abocarse a la quiebra.