Adriana Domínguez: "Esta crisis es como la Segunda Guerra Mundial"

Desde hace tres años dirige la empresa textil que fundó su padre, Adolfo Domínguez, en los años setenta

Adriana Domínguez.
Adriana Domínguez.

De pequeña pasaba las tardes en la sastrería de sus abuelos. Pertenece a una estirpe de la industria textil gallega: su padre es Adolfo Domínguez, sus tíos, Jesús, Josefina y Francisco Javier Domínguez, están al frente de Textil Lonia, que agrupa a Purificación García y CH Carolina Herrera; y sus primas, María y Uxía Domínguez, son las creadoras de Bimba y Lola. Adriana Domínguez (Orense, 1976) estudió empresariales, quiso ser actriz y en tres años, desde que asumió el puesto de consejera delegada, le ha dado la vuelta a los resultados de la empresa que fundó su padre en los años setenta.

Desde que saltó la crisis sanitaria teletrabaja, pero también mantiene una misma rutina, de su casa a la fábrica, y vuelta. Cree que es ahora cuando hay que estar prestando el mayor apoyo a los que están trabajando en el área de logística. A pesar del estado de hibernación económica, de los 21 países en los que el grupo textil gallego está presente con 391 tiendas, solo mantiene abiertas unas pocas en algunos puntos del planeta, además de la página web. El ejercicio 2018-19 lo cerró con unas ventas de 112 millones de euros y una plantilla de 1.200 empleados. Ahora está pendiente de presentar los últimos datos financieros, que anticipa buenos y que cerró el 28 de febrero. En medio surgió la pandemia.

Con las tiendas cerradas, ¿qué peso tienen en estos momentos las ventas online?

La expectativa es que la tienda online crezca de manera exponencial, pero en ahora mismo hay un descenso porque la gente no está para compras, tiene otras preocupaciones. Sí que hemos notado más tráfico de visitas, pero en lo que estamos volcados es en preservar el tejido productivo. Porque esta crisis puede ayudar a incentivar la producción textil en proximidad, a adoptar iniciativas para repatriar al textil español y ayudar a recobrar el empleo a la vuelta de la normalidad.

En Adolfo Domínguez han vivido ya unas cuantas crisis.

Y eso ayuda a tener memoria histórica. Yo lo he vivido al lado de mi familia. Esta empresa nace del esfuerzo de la posguerra, cuando mi abuelo empezó a traer telas de Cataluña a una Galicia muy pobre. Montó la empresa, y más tarde la fábrica en la que empezaron mi padre y mi tío Jesús. Mi abuelo murió en un accidente de tráfico y mi padre con 26 años creó la firma de moda. En 1991, la fábrica se incendió y hubo que replantearse todo, endeudarse y empezar de cero. Más tarde, la empresa salió a Bolsa, con una reestructuración familiar, quedando mi padre y mi madre en la compañía. Después tuvimos una opa hostil por parte de Cortefiel.

También sufrieron la crisis de 2008.

Esa nos cogió con el pie cambiado, habíamos invertido en la red de tiendas y se contrajo el consumo. Tuvimos que revertir esa situación, y lo conseguimos en los últimos tres años. De acuerdo con los últimos resultados que acabamos de cerrar, y que tenemos pendiente de presentar, este año pintaba bien. Y ahora llega esto. La vida tiene altos y bajos, pero esto es diferente de las crisis sistémicas que suelen durar 10 años. Las no sistémicas son de contracción de consumo, en este caso debido a un problema sanitario, y de lo que se trata es de ganar tiempo hasta que llegue la vacuna. Hay que navegar la situación porque una crisis no te deja igual.

¿Cómo revertirán los resultados?

A las empresas nos ha dejado secas, nos ha quitado el aire de los pulmones, aunque nada comparable con el shock de los sanitarios, con su cansancio y esfuerzo. Nos ha dejado desconcertados. Veíamos lo que pasaba, pero pensábamos que era un problema chino, y esto te enseña lo que significa la globalización, que también nos demuestra lo vulnerables que somos. Todos tenemos que estar unidos, y sobre todo cuidarnos como país. Creo que falta un poco de liderazgo internacional, existe un vacío en este sentido. La solidaridad global es importante, y eso lo estamos viendo con nuestros proveedores chinos. Nosotros no somos tan gigantescos como para poder accionar el kilómetro cero.

Ustedes han ampliado su ERTE inicial hasta los 909 trabajadores, el 76% de la plantilla.

Sí, presentamos el primero para las tiendas a partir del momento del estado de alarma, y luego a sistemas centrales, a todo lo que tiene que ver con el suministro a tienda. Tenemos que cuidar la caja, y estamos a la expectativa de cuándo podremos abrir. El rol que tenemos las empresas es el de preservar el empleo, pero las más pequeñas, por ejemplo, están sufriendo con el cash flow, y se debería ayudar con este problema de financiación para poder sobrevivir a este de año de contracción de tesorería. El tejido de la empresa familiar corre el riesgo de cerrar para siempre. Las tiendas al estar cerradas también tienen problemas con los alquileres, por lo que es necesaria la solidaridad colectiva para asumir el golpe entre todos. Hay que tener fe en nuestra sociedad, apoyar a los que están más frágiles, el esfuerzo que tenemos que hacer es de guerra. Esto es lo más parecido a la Segunda Guerra Mundial. Tendremos que salir todos juntos, con solidaridad y sin meternos en confrontaciones ideológicas.

¿Para qué puede servir esta crisis?

Puede ser una oportunidad para reducir la espiral de ofertas perpetuas que se había instalado en la industria textil y de la moda desde la crisis de 2008. Y si las empresas somos capaces de trasladar ahora el exceso de oferta, de las colecciones primavera y verano de este año a otoño o a 2021, recortamos la compra y eso genera un efecto interesante de reducción de stocks sin reducir márgenes. De hecho, nosotros lo hemos analizado y lo vamos a implantar. También nos ha servido para acelerar la digitalización, en cuanto al modo de consumir como de trabajar. Creo que en cualquier crisis, el deber del directivo es ver oportunidades.

¿Le ha dado algún consejo su padre?

A estas alturas no es tan importante lo que verbalice sino lo que has visto hacer. He aprendido a tener perseverancia, mi padre nunca ha tirado la toalla en su vida. Cuando suceden este tipo de cosas no puedes caer en la desgana, hay que ser creativo y flexible, y aceptar que el éxito no es una línea recta sino que sube y baja, pero cuya tendencia general es ascendente. Las cosas pueden venir de muchos colores, pero es necesario tener estómago, energía y capacidad para descifrar que donde está la solución hoy no es donde estaba hace tres años.

¿Cambiará la tendencia en el consumo de moda?

Eso dependerá del tiempo que dure la crisis, de lo que suframos económicamente. Las personas harán en este tiempo una reflexión de introspección para no estar sujetas a lo que impone el entorno, sino a aquello que les gusta. Nosotros apostamos por una ropa informal dentro de la formalidad para gente que trabaja y tiene poco tiempo. Hay que simplificar los procesos de compra y apostar por la calidad. La caducidad no debe estar dentro del diseño. Llevar siempre lo último de lo último es una presión para el planeta. Yo no creo en ese modelo de consumo.

 

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