El precio de los alimentos ‘solo’ subió un 0,7% en el primer mes de crisis sanitaria

Los agricultores descartan el efecto especulación por parte de la distribución. Mandarina o naranja, entre los productos que más se apreciaron

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El precio de los alimentos no se ha disparado desde que estalló la crisis sanitaria ligada al coronavirus, se decretó el estado de alarma y se confinó a la población en sus domicilios a partir del 14 de marzo. Los establecimientos de venta de alimentos han sido de las pocas actividades económicas que se han librado del cerrojazo en España y el temor de que pudieran aprovechar esa coyuntura para subir precios ha quedado disipado.

Esa es la principal conclusión que se puede extraer del índice elaborado por la organización agraria Coag, al que ha tenido acceso Cinco Días y que se hace público hoy, que mide la evolución de los precios de 33 alimentos frescos de la cesta de la compra tanto en origen (lo que percibe el agricultor) como en destino (lo que cobra el comercio minorista) durante el mes de marzo.

Se trata de la primera estadística que refleja cómo han evolucionado los precios de venta al público en el primer mes de confinamiento, donde las ventas de las grandes superficies se han disparado y ha habido episodios puntuales de desabastecimiento en productos de higiene o alimentos como la carne de pollo.

El INE publicó la semana pasada el indicador adelantado de precios de marzo, que reflejaba que había crecido apenas un 0,1% frente al 1,3% registrado doce meses antes. Sin embargo, ese dato esta sesgado por el desplome del precio de los carburantes (que representa el 15% de del IPC), ya que el precio del barril de brent se desplomó un 67% desde 75 a 25 dólares. El dato definitivo lo hará público el próximo día 15. Por su parte el Observatorio de Precios de los Alimentos, que realiza el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, solo tiene registrados precios hasta febrero.

Los datos de COAG reflejan que los precios analizados subieron un 0,7% de media en marzo, con bajadas en nueve alimentos, mantenimiento de precios en dos de ellos y subidas en 22 productos, aunque moderadas en la gran mayoría. “No se puede decir que haya habido especulación generalizada en la cadena alimentaria con motivo del decreto de estado de alarma. La diferencia de precios entre origen y destyino se ha mantenido en niveles similares a meses anteriores”, recalcan desde la organización agraria.

Apuesta por piel gruesa

Entre los alimentos más inflacionistas se encuentran la mandarina, cuyo precio de venta al público ha subido un 45,7%, o la naranja, con un alza del 17,4%. “El producto que llama más la atención es el caso de la naranja, que ha sido una de las frutas con más demanda, ya que el consumidor parece haber apostado por productos con piel gruesa por prevención”, recalca Andrés Góngora, responsable de frutas y hortalizas de COAG, que destaca la diferencia de márgenes entre origen y destino en la naranja y la mandarina. Por cada kilo de naranja recolectada, el agricultor obtuvo 0,25 euros en febrero y 0,27 euros en marzo (un alza del 8%), mientras que el vendedor al público lo vendió por 1,55 euros en febrero y 1,82 euros en marzo (una mejora del 17,4%). En el caso de la mandarina, los precios en origen subieron un 13,7% y los precios en destino un 45%. En ambos casos, la brecha entre lo que percibe el agricultor y el vendedor final creció con fuerza, llegando a multiplicarse por seis y siete veces respectivamente.

Al margen de la naranja y la mandarina, hay otros cinco alimentos, en los que los precios entre febrero y marzo subieron más de un 10%. Se trata del repollo, con un alza del 28,2%; la zanahoria (21,5% más); la berenjena (19,05% más); el pimiento verde (13,81% más) y el plátano (11,90%). En el lado de las bajadas, hay nueve productos en los que los precios descendieron entre febrero y marzo, con el fresón en primera posición, con un retroceso mensual del 39%, seguido por el calabacín, que pese a ser uno de los más demandados durante el período de confinamiento, ha registrado una bajada de tarifas del 23%.

Cotizaciones

En el caso de la ganadería, la organización agraría destaca que, pese a la fuerte demanda de carne de pollo y de cerdo en las primeras semanas de confinamiento, con desabastecimiento en muchas tiendas, el precio ha subido un 6,43% y 0,35 euros en el caso del cerdo (de 5,6 a 5,96 euros por kilo ) y un 2,46% en el del pollo (de 2,85 a 2,92 euros por kilo).

Los ganaderos ponen el foco en otros dos productos (carne de cordero y leche de cabra) como los más afectados por las caídas de precios. Pese a que el primero solo se ha depreciado un 3% en marzo respecto a febrero, COAG destaca que no hubo cotización en las lonjas en la segunda quincena de marzo, por lo que los datos globales de precios de marzo pueden mostrar una realidad distorsionada y maquillar el "hundimiento" real que sufrieron.

¿ Cuántas veces se multiplican los precios del campo al supermercado?

Origen y destino. La organización agraria COAG empezó a realizar el Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD) en 2008 para denunciar el abuso de las grandes superficies frente a agricultores y ganaderos en dos sentidos: el escaso precio que pagaban por los bienes comprados y el elevado margen que obtenían por ellos, ya que el precio de venta al público multiplicaba por cuatro o cinco el pagado con anterioridad al agricultor o al ganadero.

Máximos. En el primer informe que realizaron, en mayo de 2008, el precio en destino multiplicaba por 4,5 veces el de origen y un año después alcanzó el máximo de la serie histórica, en julio de 2009, donde la brecha llegó a ser de seis veces. Posteriormente, el índice ha ido fluctuando y tocó suelo en mayo de 2013, en el que el precio de destino multiplicaba por tres el de origen. En los doce años del índice nunca ha bajado de ese umbral, aunque es verdad que desde 2009 tampoco ha superado las seis veces que alcanzó en ese ejercicio.

Defensa. Las grandes superficies siempre han rechazado las acusaciones de abuso de las organizaciones agrícolas y ganaderas. Su principal defensa es el gran número de intermediarios y costes que hay entre que el campo y la tienda, por lo que aseguran que las cifras de margen que publican los agricultores no son reales.

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