¿Cambiará de estrategia el FMI en América Latina?

El cambio de Gobierno en Argentina es una oportunidad para que el Fondo mejore su imagen

El presidente argentino, Alberto Fernández, y el ministro de Economía, Martín Guzmán, el martes, en la investidura del primero.
El presidente argentino, Alberto Fernández, y el ministro de Economía, Martín Guzmán, el martes, en la investidura del primero. AP

En el viejo juego de mesa argentino Deuda eterna, para ganar hay que derrotar al FMI. Se está volviendo a jugar con la llegada a ministerio de Economía de Martín Guzmán, destacado crítico con el Fondo, que es un chivo expiatorio fácil en toda la región. Para reformar su imagen necesitará un cambio de estrategia.

Guzmán ha dicho que las políticas tradicionales de austeridad impuestas por el FMI son contraproducentes porque el bajo crecimiento que provocan suele aumentar la probabilidad de problemas de deuda futuros.

Puede que el FMI no esté de acuerdo, pero debería confesar sus errores. El rescate de Argentina en 2018 fue una debacle. La línea de crédito de 57.000 millones de dólares era demasiado grande y estaba demasiado concentrada en la fase inicial. Y no se establecieron controles sobre los flujos de capital transfronterizos antes de liberarse los fondos. Los inversores retiraron su dinero, el peso acabó cayendo hasta las 60 unidades por dólar después de la victoria del nuevo presidente, Alberto Fernández, en las primarias de agosto y el Gobierno malgastó las reservas de divisas extranjeras tratando de frenar la hemorragia.

El FMI no puede volver atrás, pero sí aprender. Las posiciones ortodoxas, como los tipos de cambio flexibles, pueden no ser siempre las adecuadas en un escenario de rescate. Y exigir austeridad antes de las elecciones parece la receta para llevar al poder a los populistas y asustar al mercado, especialmente porque esta intervención del FMI dependía demasiado de la supervivencia de Mauricio Macri.

Ahí es donde se puede aprender una lección de la reciente reforma de las pensiones de Brasil. La gente está más dispuesta a aceptar cambios dolorosos cuando no los siente como una imposición externa. La reforma tuvo aceptación en gran parte del espectro político. Es lo que necesita el FMI, en lugar de depender a distancia de un hombre que se ajuste a su modelo.

Las intenciones de Christine Lagarde eran buenas. Pero si Kristalina Georgieva quiere que el FMI sea útil en la región, tendrá que evitar los enfoques genéricos. En ese juego no gana nadie.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías