La compra de Air Europa: una gran apuesta de Iberia en un sector en crisis

Numerosas líneas aéreas arrastran dificultades y otras han quebrado en el último tiempo

Luis Gallego, consejero delegado de Iberia.
Luis Gallego, consejero delegado de Iberia.

Iberia da un golpe de timón. En un sector que en Europa últimamente se acostumbró a ser noticia por las dificultades de las compañías, que en algunos casos llevaron a la quiebra o desaparición de las aerolíneas -algunas con destacadas trayectorias-, la mayor línea aérea española irrumpe al comprar el 100% de Air Europa por 1.000 millones de euros.

Por una parte, en lo que respecta a las fusiones, el sector aéreo viene implementándolas hace más de una década. La propia Iberia se unió con British Airways en 2011 a través de la creación de IAG (International Airlines Group). El inicio de las grandes fusiones lo dieron Air France y la holandesa KLM en 2004. Seis años después, en 2010, se unieron las estadounidenses United Airlines y Continental. En 2014 las también americanas American Airlines y US Airways crearon una empresa conjunta y un año después llegó el turno de la alianza entre dos de las principales aerolíneas sudamericanas: la chilena LAN y la brasilera TAM, que fundaron LATAM. 

Por otra parte, están las grandes líneas aéreas en problemas, como la principal aerolínea de Italia, Alitalia, se encuentra en una compleja situación con un rescate del grupo Atlantia, controlado por la familia Benetton, que no está exento de dificultades debido a las diferencias entre el grupo empresarial y el Estado italiano. 

En Alemania quebró Air Berlin hace poco menos de dos años, una aerolínea que llegó a ser la segunda de Alemania y la séptima de Europa. Este año desapareció otra línea aérea alemana, Germania, que transportaba 4 millones de pasajeros por año. El inconveniente, en ambos casos, era el mismo: la falta de rentabilidad.

Sin la magnitud de Alitalia o Air Berlin, en Reino Unido Flymbi quebró en febrero de este año debido a las dificultades financieras que arrastraba y que se acentuaron con el Brexit, según declaró la compañía, que transportó 522.000 pasajeros en 2018.

También en 2019, en marzo, desapareció la low-cost islandesa Wow Air, que hasta último instante estuvo en negociaciones con la línea aérea de bandera de Islandia, Iceland Air, y con el Estado islandés para intentar un rescate, que finalmente no se concretó.

La aerolínea Primera Air, fundada en Dinamarca y asentada en Islandia, fue otra de las compañías que desapareció (hace un año). La última gran caída fue la sonante quiebra hace poco más de un mes de la británica Thomas Cook Airlines.

Las que resisten, no esquivan los problemas

Algunas de las compañías que más pasajeros transportan en Europa, como la low-cost Norwegian Air, intentan solventar sus inconvenientes económicos. Después de 17 años al frente de la empresa, Bjørn Kjos, fundador y consejero delegado de Norwegian Air, dimitió el pasado julio debido a los malos resultados de la aerolínea, que en los primeros seis meses del año registró pérdidas por 145,8 millones de euros, frente a un beneficio neto de 26,3 millones en 2018. 

Norwegian llegó a un acuerdo en la última semana de octubre con China Construction Bank, el segundo banco más grande de China, con el objetivo de conseguir estabilidad financiera, aumentar la rentabilidad y adquirir 27 nuevos aviones Aribus. El día que anunció el préstamos del banco chino, se disparó más de un 25% en Bolsa.

El caso de Ryanair, la aerolínea que más pasajeros transporta en España, también es complejo. La empresa irlandesa presentó resultados hoy en los que obtuvo un beneficio neto de 910 millones de euros, un 10% más que en el tercer trimestre de 2018 y mejoró las previsiones que recogía la agencia Bloomberg, que los situaba en los 823 millones. 

Sin embargo, la última presentación de resultados anuales de la empresa, que realizó el pasado marzo, mostraron una caída del 29% en el beneficio neto, hasta los 1.020 millones de euros, el peor resultado en cuatro año. Además, la empresa suele afrontar huelgas de los trabajadores por incumplir los contratos laborales en algunos países europeos, como España, según denuncian los sindicatos.

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