HSBC confiesa su determinación de impulsar una reestructuración radical

La entidad se está planteando prescindir de su banco minorista francés y su nuevo CEO quiere recortar los negocios de baja rentabilidad

HSBC confiesa su determinación de impulsar una reestructuración radical

Al nuevo consejero delegado interino de HSBC hay que reconocerle el mérito de que sigue manteniendo el optimismo. Aunque ha descartado un importante objetivo de rentabilidad para 2020, Noel Quinn ha señalado los negocios que “se han mantenido bien en un entorno difícil”. Y aunque ha hablado de acelerar los planes de remodelación, el presidente Mark Tucker y él tendrán que asegurarse de ser lo bastante atrevidos.

Quinn accedió al cargo en agosto, y ahora quiere quitarse el calificativo de interino. Las pésimas cifras del tercer trimestre publicadas ayer se pueden atribuir en gran medida a su predecesor, John Flint. El beneficio ajustado antes de impuestos cayó un 12% con respecto al año anterior, hasta los 5.300 millones de dólares, lastrado por el desplome de los ingresos de las acciones cotizadas, los bonos y otros títulos por el estilo. La rentabilidad de los recursos propios tangibles del 9,5% en los nueve primeros meses hace que el objetivo del 11% para el año que viene sea inalcanzable.

Está previsto que a principios del próximo año se haga pública una estrategia actualizada. HSBC ya se está planteando desprenderse de su banco minorista francés, y Quinn, ex director de banca comercial, ha afirmado que quiere “reequilibrar el capital quitándoselo a los negocios con baja rentabilidad”, como los de Estados Unidos y Europa. También podría deshacerse de la división de venta de acciones ordinarias y operaciones bursátiles, según informa el diario británico The Sunday Times.

El riesgo es que la siguiente reestructuración resulte tan poco satisfactoria como los intentos anteriores. El negocio de las acciones ordinarias de HSBC es pequeño, ya que genera aproximadamente el 1,6% de los ingresos del grupo, mientras que la unidad minorista francesa representa solo el 0,4% de los activos ponderados por riesgo, empleando cálculos de UBS. Por otra parte, mover capital por el mundo es más difícil con los cambios regulatorios posteriores a la crisis diseñados para proteger el sistema financiero.

Una opción radical para Quinn sería empezar a dividir HSBC, por ejemplo sacando a Bolsa una participación en los negocios de Reino Unido y Estados Unidos, y utilizar las ganancias para crecer en Asia, que es más rentable. Sin embargo, es poco probable porque Quinn parece muy vinculado a la herencia de un banco comercial globalmente integrado.

Otra posibilidad sería recortar todavía más puestos de trabajo y cerrar más unidades en Europa y Norteamérica. Esos negocios representan casi la mitad de los activos ponderados por riesgo de 865.000 millones de dólares del HSBC, pero solo el 7% de los beneficios antes de impuestos en el último periodo de tres meses.

El conocido argumento en contra es que unos recortes significativos allí mermarían la capacidad de HSBC para trabajar adecuadamente con empresas internacionales. Al menos, los malos resultados dan a Quinn una justificación plausible para sacrificar vacas sagradas.