ODS

Jeffrey Sachs: “Las empresas que no apoyen los ODS tendrán problemas de rentabilidad”

El economista estadounidense, asesor de la ONU, sostiene que la guerra comercial y el Brexit entorpecen el avance de la Agenda 2030

Jeffrey Sachs
Jeffrey Sachs, durante una entrevista con Bloomberg Television en Nueva York, a comienzos de octubre. Bloomberg

Jeffrey Sachs, economista estadounidense, famoso por sus propuestas para reducir la pobreza, es asesor especial de las Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Como director de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de la ONU (SDSN), analiza el avance de la Agenda 2030, el plan de acción suscrito por España y otros 192 países en 2015 para implementar los ODS, a los que Cinco Días dedicará una serie especial a partir de este lunes.

¿Cuánto se ha avanzado desde 2015 y cuánto camino queda por recorrer?

Docenas de Gobiernos de todo el mundo están incorporando los ODS en sus presupuestos y planificaciones, lo que es muy importante, y cientos de grandes empresas están alineando sus estrategias corporativas y su reporting con los ODS. Por lo tanto, los ODS son, cada vez más, el espacio en el que se enmarca la acción pública y privada. Pero si hablamos de resultados, el progreso es todavía pequeño. En Estados Unidos, por ejemplo, los ODS son básicamente ignorados a nivel nacional. Del mismo modo, el Reino Unido está abrumado por el Brexit. Varios países de Oriente Medio están mucho más involucrados en conflictos que en el logro de los ODS. Y muchos de los países más ricos, especialmente Estados Unidos, están muy lejos de cumplir sus promesas internacionales de ayuda oficial al desarrollo de los países más pobres.

¿Qué debemos hacer para avanzar en el cumplimiento de la Agenda?

En primer lugar, los Gobiernos deberían crear hojas de ruta de políticas y tecnología para el éxito. En segundo lugar, deberían generar estrategias financieras y de presupuesto para financiar las inversiones necesarias en ODS. En tercer lugar, los países deberían cooperar a nivel regional –por ejemplo, a nivel de la UE, Unión Africana o Asean [Asociación de Naciones del Sudeste Asiático]– para acometer inversiones en infraestructuras sostenibles (carreteras, ferrocarriles, energía, fibra óptica…) y en la protección de los ecosistemas. En cuarto lugar, los países ricos deberían intensificar su apoyo a las naciones más pobres.

Algunos objetivos son muy amplios y difíciles de medir. También hay varios que se superponen entre sí. ¿Cuenta la ONU con una metodología que le permita medir el progreso de la Agenda?

La SDSN publica un informe anual que contiene clasificaciones internacionales exhaustivas de los progresos en ODS. La SDSN y el Centro para Inversión Sostenible de Columbia también están trabajando con numerosas compañías y asociaciones de negocios con el fin de promover nuevas metodologías que permitan medir el grado de cumplimiento de los ODS en sectores clave, como la industria alimentaria o el eléctrico. El World Benchmarking Analysis también trabaja duro para desarrollar metodologías de medición más sistemáticas.

¿Cómo pueden las empresas conseguir que la Agenda cale en la sociedad?

Cada compañía debe hacerse a sí misma cuatro preguntas básicas. La primera: ¿es nuestra línea de productos verdaderamente consistente con los ODS? La segunda: ¿mis procesos de producción son sostenibles desde un punto de vista social y ambiental? La tercera: ¿nuestras cadenas de suministro globales son también sostenibles desde esas dos perspectivas? Y la cuarta: ¿la compañía es un buen ciudadano corporativo, cumple la ley, paga impuestos, promueve la igualdad de género y se abstiene de ejercer presiones políticas interesadas? Tenemos un largo camino para lograr estos resultados. Por ejemplo, la industria de combustibles fósiles no está produciendo productos alineados con los ODS. Incontables compañías son culpables de contaminación imprudente. Numerosas empresas obtienen sus ingresos a partir de otras compañías con prácticas que no son sostenibles. Y, por supuesto, muchas empresas esconden sus beneficios mediante precios de transferencia y manteniendo sus fondos en paraísos fiscales.

En desarrollo sostenible, Europa también tiene sus peores de la clase, pero de media está muy por delante de América o Asia

¿Percibe en las empresas diferentes grados de sensibilidad hacia los ODS dependiendo del área geográfica? ¿Cómo evalúa el desempeño de Europa comparado con América o Asia?

En términos generales, las empresas europeas están muy por delante de sus homólogas en Estados Unidos, India, China y otras partes de Asia, en lo que a alineación con los ODS se refiere. Esto, por supuesto, no es aplicable a todas las empresas. Europa también tiene sus peores de la clase. Sin embargo, de media, está muy por delante de cualquier otra región de peso.

¿Hasta qué punto conflictos políticos como el Brexit o la guerra comercial entorpecen los avances de la Agenda?

El Brexit y la llamada guerra comercial son grandes distracciones de la Agenda 2030. Están generando una gran confusión en las compañías a nivel global. La inversión empresarial se ha reducido y las transformaciones clave de los ODS se han retrasado. El mayor infractor es, por supuesto, Estados Unidos, ya que la Administración Trump ataca implacablemente la Agenda 2030 y el Acuerdo de París, además de alimentar las tensiones comerciales mundiales y la enorme incertidumbre.

A propósito de estas tendencias, ¿es el desarrollo sostenible posible en una economía mundial más proteccionista?

Caer en el proteccionismo sería un desastre, como lo fue en los años treinta. Paralizaría totalmente el proceso para cumplir con los ODS. Es hora de que la presión global sobre la Administración Trump ponga fin a la guerra comercial.

En este entorno cambiante, ¿cómo convencería a un empresario, CEO o miembro del consejo de administración de una compañía de que invertir en los ODS vale la pena?

Hay una verdad muy simple. El mundo avanzará hacia el desarrollo sostenible a medida que los peligros del cambio climático desbocado, la pobreza extrema y la alta desigualdad en los ingresos y la riqueza se hagan cada vez más evidentes. Los jóvenes están ansiosos por trabajar para empresas que lideren el desarrollo sostenible, cada vez son más los millones de consumidores que rechazan comprar productos que van en detrimento de la Agenda 2030 (como comida poco saludable, combustibles fósiles, especies de plantas y animales en peligro de extinción…) o bienes y servicios producidos de manera no sostenible. Como consecuencia, las empresas que producen bienes y servicios sostenibles encontrarán mercado en el futuro y atraerán trabajadores cualificados y deseosos de marcar la diferencia. Aquellas empresas que continúen con sus viejas malas prácticas se encontrarán a sí mismas haciendo frente a barreras más altas, y quizás insuperables, para seguir operando de manera rentable.

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