¿Cuánto contamina mi fondo de inversión?

Varias firman permiten evaluar la huella de carbono de acciones y bonos

Fondos verdes pulsa en la foto

La concienciación ambiental está calando en el mundo de la inversión. Cada vez son más las gestoras que incluyen en su proceso de compraventa de Bolsa o de bonos un análisis del impacto social y ambiental de sus decisiones. Dentro de esta tendencia por la inversión socialmente responsable, la valoración de la huella de carbono que provoca cada compañía ha cobrado protagonismo. El sector de la gestión de activos no quiere quedarse al margen de la lucha contra el calentamiento global y la crisis climática.

El viernes, fue el turno de Credit Suisse Asset Management, una de las mayores gestoras de Europa. La firma anunció que van a introducir criterios ambientales, sociales y de buen gobierno (ASG) en la toma de decisión de sus fondos. Para 2020, habrán incorporado esta capa de análisis a inversiones valoradas en 92.000 millones de euros. El banco suizo sigue los pasos de gigantes como HSBC, Deutsche Bank o Capital Group.

Una de las firmas que más ha trabajado en evaluar el uso de combustibles fósiles en todo tipo de industrias es MSCI, una compañía estadounidense dedicada a la elaboración de índices bursátiles. En 2014 lanzaron dos índices de compañías con bajas emisiones de carbono, para identificar empresas comprometidas con el objetivo de reducir el uso de combustibles contaminantes. Ese fue el primer paso, pero ahora ofrecen unas métricas de contaminación de casi todas las empresas invertibles en el mundo.

La fórmula estándar para medir ese impacto es la intensidad media ponderada de carbono (WACI, por sus siglas en inglés). Este indicador evalúa cuántas toneladas de dióxido de carbono tiene que emitir una compañía para generar un millón de dólares de facturación. Por término medio, son unas 200 toneladas (analizando el índice MSCI World, que reúne a las 1.600 empresas cotizadas más importantes del planeta). En las economías emergentes (más intensivas en el uso de combustibles fósiles), la media es de 328 toneladas por millón de facturación, mientras que en Europa es de 180 toneladas.

Al igual que en los índices bursátiles se puede evaluar la huella de carbono, también se puede hacer con los fondos de inversión. La mayor firma mundial de análisis de fondos, Morningstar, cuenta con su propia calificación sobre las emisiones de carbono de cada vehículo de inversión.

Fondos especializados

Algunas entidades, como CaixaBank, han optado por lanzar fondos de inversión que solo invierten en estrategias y compañías comprometidas con la lucha contra el cambio climático. El fondo Microbank Fondo Ecológico se dedica a invertir en otros vehículos que tienen esta estrategia (como el Pictet Global Enviroment Opportunities o el Nordea Global Climate & Enviroment Fund). Un producto similar (aunque con peor desempeño) es el Santander Sostenible Acciones. BBVA cuenta con el fondo Futuro Sostenible (con un perfil inversor muy conservador).

La asociación Spainsif, dedicada a la inversión socialmente responsable, dispone de una base de datos de los fondos que tienen en cuenta estos criterios. Monitoriza tan solo 360 productos en España, solo una pequeña parte del total porque hay la mayoría de fondos de gestoras españolas no cuenta con una calificación ambiental.

“Hay muchos bonos que no tienen un rating ambiental específico y, como los fondos españoles invierten mucho en renta fija, la mayor parte están excluidos de estas clasificaciones”, explica Jaime Silos, director de transparencia y buen gobierno de la asociación especializada Forética.

Entre los fondos que se venden en España que sí que tienen una calificación ambiental predominan los de gestoras extranjeras. En algunos casos, la huella de carbono es mínima. Es el caso del fondo DPAM Bonds Government Sustainable, un fondo que invierte en bonos de países poco contaminantes (como Nueva Zelanda o Finlandia). Su huella de carbono es ínfima, pero eso no ha impedido que en 2019 tenga una rentabilidad del 7%. Otro de los menos contaminantes es el DWS Invest ESG Euro Bonds, con una cartera con bonos en el sector financiero (con baja huella de carbono) y deuda periférica europea.

Entre las categorías menos contaminantes también predominan los fondos de megatendencias (robótica, biotecnología, economía digital...). Este tipo de fondos invierten mayoritariamente en compañías de reciente creación, y con unos niveles de utilización de combustibles fósiles muy bajos.

Bonos verdes

Los fondos que invierten en renta fija corporativa tienen, de media, peor perfil medioambiental que los fondos de acciones. La explicación es que las compañías que más emiten deuda son las más intensivas en capital (energéticas, petroleras, de infraestructuras...), que presentan una mayor huella de carbono que la media. Sin embargo, desde hace una década se han lanzado los bonos verdes. El emisor vincula la financiación obtenida a un proyecto comprometido con la lucha contra el cambio climático. Santander, por ejemplo, tiene el fondo Sostenible Bonos, que invierte en este tipo de deuda. También tiene esta vocación el fondo Allianz Green Bonds.

Sin embargo, fijarse solo en la huella de carbono puede que no sea la mejor forma de invertir en compañías poco contaminantes. “Es una métrica superada porque solo tiene en cuenta la producción presente. Para ver el impacto futuro sobre el calentamiento global de una compañía es mejor fijarse en sus planes”, apunta Silos. Por ejemplo, si una compañía eléctrica presenta un plan para ir desprendiéndose de todas sus plantas de ciclo combinado, esta medida contribuirá más a la reducción de emisiones que invertir en una empresa poco contaminante, como una empresa de programas informáticos.

En métricas más sofisticadas sobre impacto ambiental también se analiza la cadena de suministros de cada empresa. Por ejemplo, Amazon no es una simple web para vender productos. También tiene una gigantesca red de proveedores de servicios de transporte para hacer llegar los productos al consumidor. Que esos transportistas utilicen unos medios más o menos contaminantes también es responsabilidad de Amazon.

Morningstar cuenta con un Rating de Sostenibilidad, que trata de ofrecer una visión más completa. Se basa en el dictamen de Sustainalytics, que incluye más factores en el análisis. Uno de los mejores españoles en esta métrica es el Bankinter Sostenibildad. Desde la gestora de la Caja de Ingenieros también explica que “en nuestro fondo Caja de Ingenieros Enviroment tenemos en cuenta la huella de carbono de las compañías donde invertimos, y hemos logrado que sea la cuarta parte de la misma métrica a nivel mundial. También utilizamos las estadísticas de Sustainalytics para tener una visión más completa de la sostenibilidad de cada empresa”. La rentabilidad lograda por este fondo en 2019 ha sido del 12,33%.

Visión global ASG

Los fondos que tienen como vocación la lucha contra el cambio climático pertenecen a la primera generación de fondos solidarios. Cada vez más, las gestoras apuestan por incorporar en su análisis las tres vertientes de la inversión socialmente responsable: la cuestión ambiental, la social, y la de buen gobierno corporativo (ASG). La división de inversiones de Mapfre, por ejemplo, ha alcanzado un acuerdo con la gestora francesa La Financière Responsable para que todas las compras de activos del grupo sean sometidas a un tamizado previo con criterios ASG. “Hemos llegado a llamar a compañías en las que invertimos para que nos den explicaciones por un proceso de despidos de empleados y hasta conseguimos que recapacitaran”, explican desde la entidad.

Una de las grandes dudas que surgen en los inversores al optar por este tipo de productos es si conllevan renunciar a algo de rentabilidad. “Está demostrado que la inversión sostenible no implica ninguna penalización por rentabilidad. De los 20 índices bursátiles que tenemos con un enfoque sostenible, 16 han superado a su equivalente neutro”, apunta Dan Lefkovitz, estratega de índices de Morningstar. Una prueba más de que la inversión sostenible no está reñida con la inversión rentable.

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