Algoritmos contra los suspensos y el abandono universitario

Centros como la UOC o la UCLM desarrollan herramientas para monitorizar a los alumnos

Estudiantes realizando un examen en la Universidad de Sevilla.
Estudiantes realizando un examen en la Universidad de Sevilla. GETTY

España cuenta con una de las mayores tasas de abandono universitario de Europa, desaprovechando buena parte de los recursos públicos y privados destinados a sufragar la educación. En total, un 33% de los alumnos deja sin finalizar el grado en el que se matriculó, ya sea para abandonar la universidad, en un 21% de los casos, o para cambiar de itinerario, en el 12% restante de las veces, según los datos recogidos en el último U-Ranking anual del IVIE y la Fundación BBVA. Además, el coste de esta fuga, según el cálculo de ambas organizaciones, roza los 850 millones de euros.

Por eso, insiste Francisco Pérez, catedrático del IVIE, es vital “orientarse bien a la hora de elegir una carrera, así como mejorar el seguimiento de los alumnos antes y durante los estudios”. Una tarea corresponde a los propios estudiantes, pero la otra es cosa de los centros. En este sentido, la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) está trabajando en un proyecto que persigue desarrollar un tutor inteligente que atienda a sus alumnos las 24 horas del día, enmarcado a su vez en el programa Soul University, pensado para implantar inteligencia artificial (IA) en la UOC durante los próximos 10 años.

La IA, cuenta David Bañeres, investigador en el Internet Interdisciplinary Institute y en el eLearn Center, ambos de la UOC, permitirá “recomendar a cada persona cuáles son los estudios que mejor se adecuan a sus capacidades, gustos y proyección laboral, avisarle cuando corre riesgo de suspender una asignatura o detectar un posible abandono antes de que ocurra”. De esta forma, prosigue, se podrán reducir tanto los suspensos como la tasa de abandono, con sus correspondientes pérdidas de tiempo y dinero.

En el país hay muchos más centros decididos a utilizar las nuevas tecnologías para, entre otros objetivos, combatir las altas cifras de abandono. Juan Gómez, rector de la Universidad de Jaén y presidente de CRUE-TIC, cuenta cómo muchas facultades están adecuando sus planes de estudio y estructuras docentes a estas herramientas, a fin de detectar, por ejemplo, un abandono temprano. La Universidad de La Laguna y la de Castilla La Mancha (UCLM) son dos de las que más esfuerzos están invirtiendo en estas tecnologías, desarrollando algoritmos que analizan cada cuánto se conecta un alumno al campus virtual de una asignatura y en función del tiempo que pasa y del temario en cuestión, saber cuándo hay que hacer sonar la alarma.

Hay más posibles usos de la IA, que David Bañeres está estudiando con vistas a la aplicación real de aquí a tres años. El primero de ellos se reduce al momento de elegir qué estudiar. “En este proceso, sabiendo cuál es el perfil del alumno y analizando los datos e información que la propia IA ha ido recopilando de otros estudiantes, la herramienta puede asesorar y dirigir hacia lo que más se adecua a las preferencias y objetivos de cada cual”, tanto en el caso de los grados como en el de los másteres. Porque, añade Pérez, la falta de información y asesoramiento en el momento de elegir carrera es una de las causas fundamentales del posterior abandono.

Otra de las aplicaciones, continúa Bañeres, entra en acción cuando el universitario ya está inmerso en las clases. “La herramienta, gracias a los datos que el alumno deja, como las notas, el plazo de entrega medio de los trabajos, el número de clics en el campus virtual o las páginas de la institución que visita, elabora un perfil y hace unas predicciones que envía tanto al estudiante como al profesor”. En base a esto, asegura el experto, podemos anticiparnos de forma más o menos certera al final del curso, “sabiendo si un alumno va a aprobar o a suspender”.

Y como al algoritmo se le escapa mucha información, sobre todo aquella que tiene que ver con la vida privada de cada estudiante, un chatbot, otra de las herramientas que están desarrollándose, en base a preguntas clave como si se trabaja a la vez que se estudia, consigue hacer mucho más preciso cada perfil. “La IA solo interpreta los datos que conoce. Por eso, si queremos ser útiles de verdad, tenemos que intentar saber todo lo relevante que rodea a un matriculado”.

En lo que a las nuevas herramientas se refiere, los expertos afirman que la universidad española se está poniendo las pilas para encarar los retos que llegan. “Los centros virtuales no tenían más remedio si de verdad querían seguir siendo útiles. Pero vemos que las presenciales también lo están haciendo”, asegura Bañeres.

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