A los CEO podría convenirles estudiar algo más de humanidades

Problemas como los de Boeing no son solo técnicos, sino que tienen que ver con cuestiones que estudian la filosofía y la psicología

Graduados de la Universidad de Oxford (Reino Unido).
Graduados de la Universidad de Oxford (Reino Unido).

Los defectos de una educación universitaria, y su inadecuación para la gente de negocios es una obra poco conocida del pastor escocés William Thom publicada en 1762, antes de que su compatriota Adam Smith fundara la economía moderna. Sin embargo, a las gentes de negocios de hoy en día les vendría bien algo parecido a lo que las universidades impartían en la época de Thom.

Por supuesto, las empresas actuales están mucho más arraigadas en competencias imprevisibles en el siglo XVIII. Ahora, es esencial contar con un número constante de jóvenes expertos en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) para prosperar, especialmente en la era del big data.

El mundo es también más complicado en lo social y lo cultural y confuso en lo ético de lo que cualquiera podría haber previsto. Las empresas se suelen ver atrapadas en los profundos conflictos de la modernidad. Véanse los problemas de Boeing. Artículos del New York Times y el Wall Street Journal sugieren que la petulancia y el descuido de la dirección contribuyeron a los dos choques de su 737 Max 8. Al quedarse por detrás de Airbus, una posición desconocida para ellos, tomaron riesgos excesivos: en diseño, pruebas, formación de pilotos y en la respuesta al primer accidente.

Algunos de los problemas de la aeronave estaban indudablemente relacionados con temas STEM, como un software inadecuadamente probado. Para este tipo de desafíos, los títulos en ingeniería aeronáutica del jefe de Boeing, Dennis Muilenburg, son una buena preparación. Sin embargo, una formación en humanidades y ciencias sociales podría haberle ayudado a comprender los problemas más profundos de la empresa.

La ambición y el orgullo son una historia eterna, como se estudia en literatura y filosofía moral. Esas debilidades alentaron lo que los sociólogos podrían llamar dinámicas organizacionales disfuncionales. En cuanto al giro destructivo en un mercado competitivo, los conflictos sobre el capitalismo son un tema básico para historiadores y politólogos.

El caso de Boeing es excepcional, pero las dificultades socioculturales están muy extendidas. Por ejemplo, los ejecutivos de las petroleras deben lidiar con el auge de los coches eléctricos y las renovables. Necesitan conocimientos sobre ciencia y tecnología, pero también conciencia de la historia de los cambios tecnológicos.

Los jefes de empresas también se enfrentan a problemas humanísticos sutiles pero omnipresentes, como las cuestiones de sexos. Sumergirse en la investigación psicológica académica puede ayudarles a identificar la discriminación sexual inconsciente. Si estudian el pensamiento feminista, podrían ver más fácilmente el valor de la diversidad, la igualdad salarial y el equilibrio entre el trabajo y la vida privada.

Luego están las grandes preguntas sobre la misión. Ningún jefe puede esperar cambiar la inclinación actual a pagar altos costes sociales y ambientales por el aumento de la producción, medido por el PIB nacional o por el crecimiento de los ingresos corporativos. La mayoría de accionistas y políticos se unirían para derribar cualquier falange de jefes filósofos que pidieran moderación.

Aunque se necesitan expertos en humanidades, cada vez hay menos. Las creencias de Thom sobre las necesidades educativas de una sociedad de negocios prevalecen cada vez más. La informática era el campo de estudio más popular entre unos 12.000 miembros de LinkedIn con el título de CEO en empresas con al menos 50 empleados. La economía estaba en segundo lugar, seguida de administración de empresas, banca y finanzas e ingeniería eléctrica.

También hay una clara tendencia a la baja en el interés por la mayoría de las humanidades. Los títulos británicos en historia y filosofía cayeron un 12% en la última década, mientras que las matrículas universitarias en general aumentaron un 29%. En EE UU, el descenso en los títulos en historia durante el mismo período fue del 30%. Entre 2011 y 2016, las licenciaturas estadounidenses en políticas, inglés y ciencias sociales cayeron al menos un 10%, mientras que las ingenierías crecieron un tercio e informática y ciencias de la información se redujeron a la mitad.

Los académicos no siempre ayudan a su causa. El oscurantismo posmoderno y la ultraespecialización reducen el atractivo de muchas humanidades. Un enfoque cuantitativo limitado tiene el mismo efecto en algunas de las ciencias sociales, incluida la economía.

Tales tendencias sugieren una desa­fortunada simetría. Mientras que las empresas han perdido interés en lo que puedan dar unos estudios más variados a los futuros empleados, muchos académicos no orientan a sus alumnos para que miren claramente las cuestiones sobre la visión de conjunto que podrían ayudarles a desarrollar un pensamiento útil para la empresa.

Es una pérdida, como reconoció John Mackey. El hombre que cogió una sola tienda en Austin y la transformó en la cadena Whole Foods, adquirida por Amazon en 2017 por unos 14.000 millones de dólares, estudió filosofía y religión. Él ha destacado su educación, incluyendo la falta de formación empresarial formal: “Como empresario, no tenía nada que desaprender y nuevas posibilidades de innovación.” En estos días, probablemente lo habrían enviado a aprender análisis de datos.

En la época de Thom, casi todas las empresas podían ser lo suficientemente pequeñas y sencillas como para prosperar sin depender de nada parecido a la filosofía moral que enseñaba Adam Smith en la universidad. Sin embargo, como cualquier historiador puede explicar, las instituciones y las sociedades cambian para adaptarse a las necesidades de la comunidad. Las empresas se han convertido en escenario de grandes dramas y conflictos complejos. Podrían usar las humanidades más que nunca.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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