Opinión

La excusa siempre es restringir el crédito

La banca se subleva contra el supervisor, no son factibles fusiones paneuropeas, ni captar más capital. Los bancos buscan alternativas, como fusiones internacionales de sus negocios no core

Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España
Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España

La banca española ha decidido sublevarse contra los supervisores europeos, incluido el Banco de España. Con el Gobierno lo ha hecho en varias ocasiones, la última en la actualidad, al criticar una posible subida de los impuestos al sector.

Hacia bastante tiempo que los responsables de las diferentes entidades financieras del país no ponían el grito en el cielo públicamente (contra el supervisor) amagando con restringir el crédito. El detonante del enfado que tiene ahora el sector no es nuevo, viene arrastrándose del último lustro más o menos. Pero las declaraciones de la subgobernadora del Banco de España, Margarita Delgado, unido a los avisos soterrados recogidos en el último Informe de Estabilidad Financiera correspondiente a primavera (a partir de ahora se les nombrará por estaciones, en vez de por meses) han sido la gota que ha colmado el vaso.

El hecho de que el Banco de España haya insistido tanto en estos días en la necesidad de que el sector mejore sus ratios de capital, calificando a la banca de “farolillo rojo” de Europa en solvencia, como declaró Delgado, les ha vuelto a dar en dos de sus principales líneas de flotación, su solvencia y su imagen. No es la primera vez que el supervisor les reclama más capital, pero el hecho de que la subida de los tipos de interés se alaga mucho más de lo previsto (si es que se produce algún día), y de que el mensaje comience a hacer dudar a los inversores internacionales, al pensar si disfrutan o no de buena salud, han hecho que las chispas salten.

Más cuando una de las recomendaciones que ha hecho el Banco de España para que mejoren su solvencia, es a través de recortar del dividendo, el gancho para captar inversores, cuando cae el beneficio.

Cuando Margarita Delgado aceptó el cargo de número dos del Banco de España a finales de julio de 2018, ya comentó a los inspectores de la institución que a partir de entonces se habia terminado la complacencia con la banca. Mano dura.

El presidente de la AEB, José María Roldán, que también trabajó en el Banco de España como responsable de regulación hasta 2013, declaró el jueves que “elevar el capital cerrará el grifo del crédito” en Europa. Y espetó al Banco Central Europeo (BCE) que la “subasta al alza de las exigencias de capital” pone el riesgo la financiación de la economía europea.

Pese a las declaraciones de unos y de otros, todo indica que a la banca española no le queda más remedio que reforzar su capital para igualar sus ratios con sus homólogos europeos. De poco parece que les vale insistir en que no computa igual un crédito hipotecario en España que en Alemania u Holanda. El consumo de capital es diferente, de ahí las reclamaciones de la banca doméstica para que se homologue el cómputo de los activos ponderados por riesgos (APRs).

La banca, así, seguirá cerrando oficinas, reduciendo personal, puede que recortando el dividendo en algunos casos, y vendiendo negocios no core. Todo por intentar generar el máximo de capital de forma orgánica sea como sea.

Pero Delgado insistió en otros dos asuntos, que no por repetidos dejan de tener cada vez más importancia, y también vinculados a la rentabilidad y solvencia de una entidad. Las debilidades que muestran los bancos españoles en materia de gobernanza, y las fusiones, no solo nacionales, sino transfronterizas.

La obsesión por las fusiones ha llegado a tal extremo, que incluso en la guía que publica periódicamente el BCE (la última en marzo) sobre los puntos en los que el supervisor pondrá más atención en ese periodo ha incluido por escrito este asunto. Quiere fusiones, y sobre todo, entre bancos de diferentes Estados.

“En el actual contexto de bajos tipos de interés y elevada competencia, las fusiones aparecen como una alternativa clara para mejorar la rentabilidad y ganar eficiencia”, incidió Delgado el miércoles pasado. Para añadir “la ausencia de fusiones transfronterizas es vista en general como una señal de que la unión bancaria no está funcionando como debería”.

Tras esgrimir un rosario de razones por las que aún es muy complicado llevar a cabo estas integraciones intereuropeas, la subgobernadora justifica que no se hayan producido todavía. Pero entre su argumetario y entre la del BCE, no se encuentra una que han comenzado a poner sobre la mesa los bancos que pueden aspirar a protagonizar alguna operación corporativa transfronteriza. Al parecer el supervisor europeo ha comenzado a reclamar a las entidades que quieren fusionarse, tanto locales como de diferentes países que el banco resultante tenga el mismo ratio de capital que el más alto de las dos instituciones involucradas en la operación.

En España esto ya ha ocurrido con Liberbank y Unicaja. El BCE ha reclamado a ambas que la suma de las dos origine una entidad con un ratio de capital del 13,5%, el que tenía la excaja de origen malagueño al cierre de 2018. Varias fuentes consultadas tanto de bancos comerciales, como bancos de inversión, aseguran que este nuevo requisito para una fusión es una nueva barrera que en este caso la impone el BCE, “lo que llama más la atención, porque es el que ha puesto una nueva piedra en el camino de estas operaciones, cuando es el primero que las quiere impulsar”, coinciden dos destacados directivos españoles.

Ante estos obstáculos, los bancos han comenzado a encontrar otra vía para reforzar su capital, y sobre todo potenciar sus negocios menos core e internacionalizarlos más, las fusiones de ciertas divisiones de negocio. Un ejemplo es Santander, asesorado por Credit Suisse, y Crédit Agricole, que negocian fusionar sus operaciones de depositaría y custodia, o Deutsche Bank y UBS, que analizan la unión de sus gestoras, tras fracasar los contactos entre el banco alemán y el también germano Commerzbank.

 

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