La fractura del Parlamento en cinco grandes grupos complica la legislatura

La fragmentación y los comicios autonómicos retrasarán la formación de Gobierno y amenazan con impedir la presentación de unos Presupuestos para este año

elecciones 2019
Recuento de votos en las elecciones del domingo.

Ocurre que estas Cortes que ahora comienzan no van a poder legislar sobre ningún tema de algún momento, no van a poder preparar porvenir? No ya eso. Ocurre, sencillamente, que no pueden vivir porque para un organismo de esta naturaleza vivir al día, en continuo susto, sin poder tomar una trayectoria un poco amplia, equivale a no poder vivir”, exponía José Ortega y Gasset en su conferencia Vieja y nueva política. La pronunció hace ahora 105 años, pero la reflexión bien podría anticipar la difícil legislatura que le aguarda hoy a un Parlamento fragmentado en cinco grandes grupos y media docena de fuerzas menores.

Enterrado el bipartidismo parlamentario de PSOE y PP con la irrupción de Podemos y Ciudadanos en las elecciones generales de 2015, la llegada de Vox para dividir ya en tres el ala derecha de las Cortes arroja ahora una atomización que parece a punto de dictar epitafio también para los Gobiernos monocolor.

Así lo vienen reconociendo, más o menos abiertamente, el grueso de partidos políticos en una campaña electoral en la que, por primera vez, no han esperado al cierre de urnas para avanzar posibles alianzas. No es que haya faltado quien todavía se desgañitaba en los auditorios prometiendo a sus filas un Gobierno fuerte y autosuficiente, pero también ha habido espacio para escuchar el ofrecimiento, más o menos envenenado, de carteras ministeriales a los líderes del partido de al lado.

De hecho, apagadas las grabadoras, no son pocos los representantes de los grandes partidos que reconocen que su programa electoral es como mucho una propuesta de máximos para la negociación con sus futuros socios. Un documento de promesas del que habrá que ver qué puede llevarse a cabo. Más allá, aunque la mayoría de grupos asevera públicamente que su prioridad al formar Gobierno será impulsar unas nuevas cuentas públicas para 2019 que permitan frenar la desaceleración económica, no son pocos los que en privado admiten que será complicado aprobar unos Presupuestos Generales para este año.

Después de todo, aunque la aritmética parlamentaria ya permite aventurar posibles fórmulas de Gobierno, es probable que los partidos no acaben de mostrar sus cartas hasta asegurarse un buen resultado en los comicios autonómicos, locales y europeos del próximo 26 de mayo. Teniendo en cuenta que las Cortes no volverán a constituirse hasta cinco días antes de esas elecciones, el nuevo Ejecutivo podría llegar para el lánguido verano y en septiembre lo que debería ponerse sobre la mesa es el proyecto presupuestario de 2020.

Eso sin contar con que, como se comprobó en febrero, un Parlamento fragmentado, invadido por intereses contrapuestos, es campo mal abonado para sembrar unas cuentas públicas. Máxime si no se logra aplacar la crispación acrecentada ante las múltiples citas electorales de esta primavera en una Cámara baja en la que ni la suma de las dos fuerzas arroja ya los ansiados 176 diputados que decantan las votaciones.

No obstante, si se sigue otra de las consignas orteguianas –“España es el problema, Europa la solución”– y se mira a los vecinos comunitarios, el espejo indica que la anomalía de las mayorías absolutas es la del sur de los Pirineos, mientras que el resto de países llevan tiempo habituados a solventar la fragmentación parlamentaria con Ejecutivos multicolor. Así ha ocurrido en Alemania, Portugal o –en una de las coaliciones más sórdidas– en Italia.

Tras el resultado de las elecciones de este domingo, España entra en esa tierra ignota. De las negociaciones que arranquen este lunes dependerá que, al menos por un tiempo, se consolide la fórmula de las coaliciones o bien que la falta de entendimiento o la incapacidad para convencer al crisol parlamentario aboque a la repetición electoral.

Normas