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Un año del histórico 8M: buenos propósitos pero pocos resultados

Doce meses después de la movilización toca rendir cuentas en el ámbito laboral

Este viernes se cumplirá un año desde que cientos de miles de personas inundaran las calles de España en una movilización sin precedentes contra la desigualdad de género en todas sus vertientes. Términos como brecha salarial, discriminación laboral, violencia sexual y corresponsabilidad de cuidados y tareas sonaron con fuerza en todos los frentes de la sociedad, incluyendo el sector empresarial, que llegó a convertirse en uno de los actores protagonistas.

Tras 12 meses toca rendir cuentas y analizar cómo y en qué forma han aterrizado todas las medidas, iniciativas y propuestas que se pusieron sobre la mesa. “Nuestra conclusión es que ha habido mucho ruido y pocas nueces”, afirma Ana Bujaldón, presidenta de la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (Fedepe), recientemente reelegida en el cargo. “La huelga tuvo especial calado en España, con impacto en los cuidados, el consumo, el mundo académico y, sobre todo, laboral. Pero un año después sigue sin haber cambios legislativos suficientes, y la mayoría de las empresas continúa sin impulsar medidas profundas”, asegura.

Así lo cree también la presidenta de la Fundación Woman Forward, Mirian Izquierdo, porque aunque un año es poco tiempo para que puedan verse cambios y avances reales, que se mueven más en el largo plazo, “si hubiera voluntad real habríamos visto pequeñas mejoras sin ninguna duda”.

En el plano político empiezan a verse. No solo porque en junio se formó por primera vez un gobierno con más ministras que ministros, sino también por gestos como el paquete de medidas en materia de igualdad aprobado este viernes. Una de ellas es la equiparación progresiva del permiso de paternidad y maternidad para que, en 2021, ambos sexos disfruten de 16 semanas de baja por este motivo. En esta línea, el decreto también recoge que serán nulos los despidos que se produzcan durante o después del periodo de suspensión del contrato de trabajo por nacimiento, sin distinción entre las bajas de maternidad y paternidad.

Asimismo, a partir del 6 de marzo, las empresas de más de 50 trabajadores deberán hacer públicas las tablas salariales diferenciadas por sexo y categoría. El objetivo es combatir la brecha de género que hace, según los sindicatos, que las mujeres cobren 5.800 euros menos al año que sus compañeros varones. Un problema que se ve agravado porque son estas las que sufren empleos más precarios, tienen mayores reducciones de jornada para compatibilizar su carrera profesional con las tareas de cuidados en el hogar y cuentan con más dificultades a la hora de acceder a puestos de mayor responsabilidad, y por tanto, mejor retribución.

Según los últimos datos relativos al salario medio bruto mensual que ofrece el INE, correspondientes a 2017 y divididos en deciles, los hombres cobran 2.215 euros y las mujeres perciben 1.994, un 10% menos. Atendiendo a la tasa de paro, la diferencia también es notable. A cierre de 2018, ellos sufrían un desempleo del 12,8% y ellas del 16,2%. “Cuando hablamos de desigualdad en la empresa, muchas veces nos centramos en la alta dirección, en la presencia de consejeras o en el techo de cristal, pero también hay que hablar de la feminización del paro y de la precariedad”, continúa Inés Alberdi, catedrática de Sociología por la UCM y antigua directora ejecutiva del Fondo de las Naciones Unidas para las Mujeres.

No todo es alta dirección, hay que hablar de la feminización del paro y la precariedad

Esta brecha también se observa en la cúspide de la pirámide. Una muestra de ello es que las mujeres solo representan el 20,3% de los consejos de administración de las empresas cotizadas. Un porcentaje que dista mucho de la recomendación de la CNMV, que sitúa esta cifra en el 30%, y aún más del 40% que la Comisión Europea considera paridad. El llamado Año de las Mujeres no ha parecido tener efecto en estos datos, ya que el peso femenino en los consejos no ha tenido apenas variación desde el curso pasado. “Muchas empresas tenemos paridad en la masa total de los trabajadores, pero las diferencias se siguen notando a la hora de ascender a los puestos de media y alta responsabilidad”, añade Ana Polanco, directora de asuntos corporativos de Merck en España y directora ejecutiva de ClosinGap, un clúster que reúne a cerca de 10 empresas con el objetivo de cuantificar la brecha de género.

En términos generales, el Foro Económico Mundial recoge en su informe The Global Gender Gap Report 2018, que España se encuentra en el puesto número 80 de 149 países en lo relativo a la participación de la mujer en la economía, 13 puestos más atrás de la 67ª posición que ocupaba en 2015. Según este mismo informe, que otorga puntuaciones entre el cero y el dos para medir el equilibrio entre sexos, siendo el uno la paridad, España suspende en el aspecto laboral. Si bien en la incorporación de la mujer al mercado se acerca bastante a la igualdad, con una nota de 0,874, esto no se vería reconocido con una retribución justa, aspecto al que la institución otorga 0,501 puntos, lo que sitúa al país en el puesto número 129 a nivel mundial.

Hay que hablar de horarios racionales y corresponsabilidad y dejar de entender la conciliación en femenino

Hecho el diagnóstico hay que hablar del remedio y de todas las medidas que deben implantarse con carácter de urgencia. “Todas las políticas que incentiven con beneficios fiscales la igualdad son siempre bienvenidas”, prosigue Ana Bujaldón, en relación a la medida incluida en el proyecto de los Presupuestos Generales del Estado que bonificaba con un 10% a las organizaciones que aumentaran el número de consejeras, pero que finalmente quedó en nada.

Desde la empresa también es vital hablar de horarios racionales y de corresponsabilidad, enfatizando así, señala Bujaldón, en la idea de que las tareas extralaborales son cosa de hombres y mujeres por igual. También hay que desmitificar la palabra cuota, apunta Mirian Izquierdo, porque mucha gente sigue pensando que beneficia a las mujeres por el hecho de serlo. “Y no es así, las cuotas implican solo que entre un hombre y una mujer igual de preparados y con las mismas competencias, la balanza se inclina hacia ella”. Además, señalan las expertas, es importante dejar de hablar de conciliación en femenino.

Otra de las ideas que se ponen sobre la mesa es fijarse en lo que están haciendo las empresas más pioneras en materia de igualdad. “Por ejemplo, muchas han pasado de las ternas de una mujer por cada dos hombres a las de dos mujeres por cada hombre”, reflexiona Izquierdo. Esta experta, no obstante, resalta las bondades de España en relación a las de otros países en otros asuntos. “Aquí, las políticas que se han lanzado hasta ahora premian más que castigan, y eso a largo plazo es positivo”. Es decir, mientras que Alemania, Noruega, Francia o California multan a las empresas que no cumplen, “en España se premia a las que sí. En lo relativo a resultados inmediatos, nuestro modelo es más lento, pero en el largo plazo es mucho mejor”.

El 8M ha conseguido que estos temas pasen de la calle a la agenda pública

Y aunque sus resultados tienen consecuencias a años vista, las expertas consultadas no quieren dejar de recordar la importancia que tiene ahondar en los temas culturales y educativos. “Desde las compañías podemos ser catalizadores de cambio no solo en el trabajo, sino en toda la sociedad”, explica Ana Polanco. Esto ayuda, entre otros puntos, a combatir las inclinaciones culturales inconscientes, que construyen lo más cotidiano de la desigualdad. “Hay sesgos históricos que hacen que las bajas por paternidad tengan menos asiduos que las de maternidad. Eso son cosas que cuesta mucho cambiar”, señala Inés Alberdi.

En este sentido, la doctora en Estudios de Género y agente de igualdad Eva Tobías Olarte reconoce que, aunque esta evolución no se aprecia en un corto periodo de tiempo y aún queda mucho por conseguir, “la sociedad está empujando que se produzcan estos cambios”. Para la experta, que asegura ver cierto deseo de cambio en las empresas más allá de una mera cuestión de marketing, movimientos como el 8M son importantes porque han hecho que se hable del tema y “que pase de la calle a la agenda pública”.

Una idea con la que comulga la presidenta de la presidenta de la Asociación Nacional de Mujeres Emprendedoras y Autónomas (Anmeya), Marta Bona, quien asegura que desde 2017, se ha producido un repunte en el emprendimiento femenino. “Estas campañas son bienvenidas porque nos ayudan a dar fuerza y a empoderar mejor a las mujeres”, continúa, “no es que sean menos válidas, pero a lo largo de la historia se las ha dicho que son de segunda división”. Sin embargo, para la directiva, el emprendimiento es una salida para ellas, especialmente cuando tienen más barreras para acceder al mercado laboral. En general, las expertas consideran que aunque aún faltan resultados sí se va por el buen camino. “No es una moda, sino un movimiento que ha llegado para quedarse”, sentencia Tobías Olarte.