Ana Carrasco y Jaime Lara: “Abrir en Serrano es como jugar en la Champions”

En 1997 fundaron la firma de accesorios y complementos de piel, que cuenta con cinco locales, y cuyo diseño y fabricación se hace en España

Ana Carrasco y Jaime Lara: “Abrir en Serrano es como jugar en la Champions”

Ella creció en la rebotica de su madre, y estudió Farmacia como su progenitora, aunque pronto descubrió que probablemente aquello no fuera lo suyo, y decidió completar su formación con un curso de ciencia y tecnología de los alimentos. Aunque lo que verdaderamente le gustaba a Ana Carrasco (Madrid, 1976) era enredar con la piel, incluso se diseñaba sus propias sandalias y su propia bisutería. Hasta que un día a finales de los noventa, de viaje por Galicia, se le rompieron unos pendientes e improvisó un modelo que gustó a sus allegados. Poco a poco empezó a recibir encargos de accesorios artesanales desde su entorno, y comenzó a comercializarlos en algunos puntos de venta.

Ahí fue donde entró en juego la opinión de su marido, Jaime Lara (Madrid, 1976), que la animó a empezar a diseñar de manera profesional y a abrir su propio negocio. Él ha dejado su trabajo en una aseguradora, donde trabajaba como especialista en arte. Juntos han dado forma a Malababa, una marca de complementos de piel y de bisutería de fabricación española, cuyo taller se encuentra en el madrileño barrio de Las Salesas, en el sótano de la primera tienda que abrieron. De allí salen todos los diseños técnicos y los prototipos de los modelos, allí también se chequean uno a uno todos los productos que llegan de fábrica para comprobar la calidad, y es en ese mismo espacio donde trabaja todo el equipo y se dibuja la estrategia de la firma. Allí transcurre la entrevista, con Carrasco, que acaba siendo una conversación en la que también participa Lara. Ellos son el alma de una compañía que fabrica 6.000 bolsos y 12.000 pares de zapatos al año, y lleva por bandera el made in Spain.

¿Qué papel desempeña cada uno en la empresa?

Jaime Lara: Nuestra prioridad es que el diseño llegue tal y como se ha planteado, que nunca se reduzca la calidad. Lo importante es que el producto sea concebido como lo tenía Ana en la cabeza antes de llevarlo a los talleres. Ella se encarga de toda la parte creativa y yo velo por los costes. Trabajamos en conjunto.

¿En qué se basa el éxito de Malababa?

Ana Carrasco: En hacer un diseño redondo. El 60% de la colección que tenemos en las tiendas es permanente porque son ya clásicos de nuestra firma. Sacamos 80 piezas al año nuevas, y en bisutería más. Siempre tenemos algo de tendencia que nos aporta valor como marca, te da prestigio. Esto puede expresarse en dos o tres piezas que puede que sean las menos comerciales. Esta temporada hemos lanzado el bolso desmontable, que se puede llevar doblado en la maleta. Hemos invertido mucho tiempo en su diseño. En la empresa opina todo el mundo.

¿Confía su trabajo creativo a la opinión del equipo?

A. C: No quiero ser un icono del diseño, porque lo importante es que este se adapte a las clientas. Trabajo con ese ADN, que todos los productos tengan vida en la calle. Somos la antimarca, porque la idea es que el producto perdure en el tiempo por calidad y diseño.

Apuestan por fabricar en España, ¿les ha costado encontrar artesanos a su medida?

A.C: Mucho, ha sido difícil encontrar fábricas de calidad, ya que somos exigentes, no hacemos pedidos grandes y además miramos todo con lupa. Revisamos zapato a zapato, bolso a bolso, porque no nos podemos permitir ningún fallo. Afortunadamente, los talleres han entendido que lo que nos preocupa es respetar al cliente. Nosotros compramos piel a proveedores españoles, franceses e italianos, y tenemos la trazabilidad de las materias primas, como el cordero entrefino o el vacuno español. Hoy, las grandes marcas de lujo, como Chanel, están comprando tenerías para tener controladas las materias desde abajo.

Han abierto una gran tienda en la calle Serrano, ¿era importante para ustedes?

J.L: Ha supuesto un cambio a nivel estratégico, significa estar en primera línea, jugar en la Champions. Es un mensaje de futuro, de apostar por una mayor calidad, y que todo esto sea coherente con los precios y defenderlo. Ahora somos visibles y esta tienda nos está suponiendo un crecimiento del 35%. Tenemos una estrategia que puede gustar y estamos abiertos a que puedan entrar socios con know how, que nos aporten no solo dinero sino conocimiento del sector, con el fin de dar el salto internacional. El todo vale no nos sirve. No queremos dejar de ser nosotros mismos.

A.C: Hemos querido trasladar a un espacio físico los valores de Malababa, sentar las bases para el crecimiento futuro. Ahora tenemos cinco tiendas, porque hemos tenido que cerrar los locales de San Sebastián y Barcelona. Esta última era muy rentable porque era para turistas, pero en los últimos tiempos había caído en picado. El tráfico de personas en la calle [en el Paseo del Borne] había caído un 45% y la rentabilidad un 35%. Hemos abierto en El Corte Inglés de Diagonal. Queremos estar en los sitios en los que es defendible el lujo.

¿Cómo definirían el lujo?

A.C: Defendemos un lujo accesible. Nuestros productos no desprestigian al sector porque tienen valores. Por ejemplo, hay bolsos que se tiñen con agua de la lluvia. Para ello hemos plantado 1.500 palmeras en Elche.

Hay furor por la logomanía y ustedes huyen de los logos.

A.C: Poner un logro es una falta de respeto al producto y al diseño. Cuando alguien compra una pieza lo hace porque le gusta, no porque lleve un logo.

J.L: No ponemos logos porque tenemos que ser coherentes con la marca y con estar en primera línea. Hay gente que compra lujo por enseñar que lleva una marca. No copiamos a nadie. Hacemos un trenzado de la piel porque era la manera tradicional en la cuenca mediterránea de aprovechar la piel.

Normas