El camino de salida de los fundadores de las compañías

Los fundadores de Instagram, Kevin Systrom y Mike Krieger, abandonan la compañía, un trámite que requiere tomar determinadas cautelas para evitar contratiempos

Los fundadores de Instagram Mike Krieger y Kevin Systrom
Los fundadores de Instagram Mike Krieger y Kevin Systrom REUTERS

Los fundadores de Instagram, Kevin Systrom y Mike Krieger, han anunciado que abandonan la compañía para tomarse un tiempo de descanso y explorar, de nuevo, su curiosidad. Más allá de los motivos que han desembocado en tal decisión tras ocho años de ininterrumpidos éxitos, y pese a que después de dos años vendieran la empresa al gigante de Facebook por la friolera de 1.000 millones de dólares, Systrom y Krieger deben dejarlo todo bien atado para evitar contratiempos y posibles infortunios en el futuro.

La salida de los fundadores de una compañía no es, ni mucho menos, peccata minuta. Pueden ser socios, pueden ser consejeros, pero también pueden ser socios y consejeros. Pues bien, el abandono de un "fundador", en su condición de "socio", se hace mediante una escritura de compraventa en la que precisamente se va a regular un régimen y una duración de responsabilidad e, incluso, una cuantía máxima de la misma. A mayores se habrá producido un proceso de "due diligence" -o revisión de todos los aspectos mercantiles, fiscales, civiles, administrativos...- previo que permitirá al "fundador" saliente conocer también cuáles son los riesgos latentes y su responsabilidad máxima en caso de que alguna de estas contingencias termine por producirse.

Pero cuando este fundador-socio también cesa como consejero, sería razonable que se aprobaran unas "cuentas intermedias" a la fecha más cercana posible a su salida. Se trata de unas cuentas provisionales –que incluyen su balance y su cuenta de pérdidas y ganancias, y que se pueden acompañar con el libro digital de sumas y saldos- que deben ser formuladas por el órgano de administración y que han de reflejar de la manera más fiel posible el estado de la sociedad en el momento del cese.

Asimismo, en esas cuentas convendría añadir un informe de gestión bien hecho en el que el consejero pudiera evaluar las actuaciones ejecutadas más relevantes, y una recomendación de actuación para el órgano de administración de todas aquellas cuestiones que resulten oportunas.

Y es que, sea fundador o no, cuando un consejero deja la empresa que gestionaba puede adoptar varias precauciones: previamente debería haber contratado un seguro de administradores y directivos que le ampare en caso de reclamaciones por daños. Además, tiene la opción de pedirle a la junta que apruebe su gestión expresamente, dejando constancia en acta de dicha aprobación, que podrá esgrimir más adelante.

En cualquier caso, resultaría más que probable que la compañía le pida al consejero que le firme una carta de renuncia a su cargo, incluyendo también la renuncia al ejercicio de todo tipo de acciones contra la empresa. Sea como fuere, y de forma recíproca, el consejero saliente puede exigir a la compañía que le firme una carta de renuncia de acciones contra él.

En este sentido, hay que tener en cuenta que el plazo de prescripción de la acción de responsabilidad es de cuatro años, que el consejero no puede llevarse documentación confidencial de la compañía y que, si esa acción se ejercita dos o tres años después de su marcha, le puede pillar por sorpresa y con pocos mecanismos de defensa. Por otra parte, también pueden haber cambiado las personas de la empresa y no contar, siquiera, con testigos que apoyen los hechos que defienda.

De forma paralela, entre los cabos más importantes que debe atar el fundador que quiera abandonar su compañía destaca el que atañe a su responsabilidad frente a la sociedad, que es la que realmente tiene capacidad de revisar la gestión de un administrador a posteriori o en base a acontecimientos o problemas que después hayan salido a flote: una inspección de Hacienda o Seguridad Social, una demanda de un proveedor o de un trabajador... No obstante, también es importante cerrar la posible responsabilidad a exigir por parte de los otros socios. Por eso, aprobar la gestión, si bien no es la panacea, sin lugar a dudas ayuda.

El timón de Instagram, desde que fue adquirida por Mark Zuckerberg, lo dirigen otras manos; ya que, al vender la compañía, sus fundadores perdieron el control de la misma y la capacidad de nombrar a un sustituto que quede a los mandos del escaparate de fotos más célebre y visitado del momento, en el que niños, adolescentes, jóvenes y "viejennials" pasan media vida y los influencers navegan como peces en el agua. Systrom y Krieger ya han emprendido el camino de salida. Y seguramente lo hayan allanado previamente para no tropezar con los baches que pueden presentar este tipo de terrenos escabrosos.

Juan Sánchez Corzo, socio de Life Abogados

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