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10 años sin Lehman: ¿hemos aprendido algo?

La crisis enseñó los riesgos de vender en momentos de pánico. Si hubieran mantenido la posición habrían recuperado las pérdidas.

Hace ahora diez años, la caída de Lehman Brothers resultó ser la punta del iceberg de la mayor recesión de la historia desde la Gran Depresión de los años 30. Solo las medidas sin precedentes adoptadas por los responsables políticos y los bancos centrales impidieron el colapso del sistema financiero mundial.

A día de hoy, todavía están por ver cuáles serán los efectos a largo plazo de la expansión cuantitativa. Los Gobiernos, los hogares y el sector empresarial están hoy más apalancados que antes de la crisis, lo que hace que el sistema sea potencialmente muy sensible a los tipos de interés más altos y, por lo tanto, más frágil. Además, estamos atentos a borrascas que se avecinan, como la temida guerra comercial entre EE UU y China y la fortaleza del dólar, que ya están amenazando el crecimiento mundial.

Su impacto es mayor en mercados emergentes, como Turquía, que ya han tenido dificultades como resultado. La gran cantidad de deuda denominada en dólares de estas economías hace que esta se vuelva más cara de pagar cuando el dólar está fuerte.

10 años sin Lehman: ¿hemos aprendido algo?

¿Están los inversores demasiado tranquilos? ¿Se puede evitar que vuelva a ocurrir algo similar? Cada crisis trae consigo un desafío diferente. En 2008, en el punto álgido de la crisis, incluso los sectores más defensivos (las acciones con más probabilidades de proporcionar un dividendo constante y unos beneficios estables) resultaron perjudicados. Como era de esperar, los bancos se vieron duramente afectados, pero sectores como la salud y el tabaco registraron pérdidas superiores al 30%.

La venta fue indiscriminada. Este comportamiento irracional del mercado permitió que los gestores especializados en la selección activa de acciones pudieran tomar posiciones en compañías ganadoras a largo plazo injustamente penalizadas, a unos precios que ya nunca se han vuelto a ver.
De hecho, esta crisis nos ha vuelto a enseñar los riesgos de vender en pánico: aunque hubiéramos invertido $1.000 en octubre de 2007 con los mercados en máximos antes de que explotara la crisis, habríamos recuperado nuestra inversión, o incluso obtenido sustanciales ganancias, en 19 de los 22 sectores de la economía que componen el índice MSCI. Con lo cual, recordemos las lecciones que debemos aplicar: no seamos complacientes, diversifiquemos, seamos selectivos y no nos dejemos llevar por el pánico.

Carla Bergareche es directora general de Schroders para España y Portugal

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