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Reino Unido se lía con el sustituto de Mark Carney

Alargar su mandato en el Banco de Inglaterra apacigua al mercado, pero es una mala señal

El gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, en Londres (Reino Unido).

Ser una cara familar puede generar respeto en los mercados financieros. Véase el caso del gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, que puede que siga más tiempo del acordado. Sería un consuelo para los inversores, que se enfrentan a una gran cantidad de incertidumbres relacionadas con el brexit. Pero enviaría una mala señal a largo plazo.

La Hacienda y el banco central británicos están en conversaciones sobre si Carney permanecerá más allá de junio de 2019, en lo que sería la segunda extensión de su mandato, informó ayer la BBC. Al empezar en el cargo en julio de 2013, el exbanquero de Goldman Sachs dijo que se iría en cinco años. En octubre de 2016, acordó quedarse 12 meses más, asegurándose de estar presente cuando Gran Bretaña abandone la UE, cuya fecha prevista es marzo de 2019.

El brexit también parece ser la justificación para el último replanteamiento. Se suponía que el Gobierno iniciaría el proceso de encontrar sustituto a Carney durante el verano. Pero podrían surgir más candidatos para el puesto una vez los contornos del brexit estén más claros. Por ejemplo, cuando se sepa si el banco central tendrá libertad para elaborar su propia regulación financiera, o si seguirá estando obligado por las normas de la UE.

A los inversores puede apaciguarles que Carney se queda un poco más. A pesar de que sus pasados giros de 180º han irritado a algunos, tiene un historial comprobado de cómo sobrellevar bien una crisis. Pero estas ventajas no compensan los grandes inconvenientes de extender su mandato. Al aplazar la decisión, el Gobierno estaría diciendo en la práctica que no está seguro de si los candidatos obvios para el puesto son suficientemente buenos. Entre ellos está Andrew Bailey, director de la Autoridad de Conducta Financiera, así como dos vicegobernadores del Banco de Inglaterra, Jon Cunliffe y Ben Broadbent.

El grupo de candidatos puede no crecer si Carney retrasa su partida. Y no tiene sentido esperar a un candidato al que puedan desa­nimar las adversidades potenciales. Después de todo, la próxima década podría traer cualquier cosa, desde otra crisis hasta una recesión mundial desencadenada por guerras comerciales en toda regla. Posponer la decisión sobre el banco sería la peor opción.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.