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Una amenaza, pero también un reto para el sector turístico español

La caída de la afluencia de turistas en julio confirma un cambio de tendencia tras ocho años de bonanza

Los extraordinarios años de bonanza que ha vivido desde 2011 el sector turístico español parecen haber llegado a su fin, o al menos a un estancamiento. Los datos hechos públicos por el INE revelan que el pasado mes de julio llegaron a España 9,97 millones de viajeros, lo que supone una caída interanual del 4,9%. Es el ajuste más severo producido en ese mes desde 2009 y confirma los temores y advertencias que en los últimos años se han venido repitiendo respecto a un probable agotamiento de la fiebre del oro desatada en el sector turístico durante los ocho últimos años.

La explicación tanto de esa eclosión de la demanda como del retroceso actual no es ningún misterio. Cuando se produjo la Primavera Árabe en Túnez en 2011, tras las revueltas sociales y políticas en Egipto y los atentados terroristas en Turquía, el turismo europeo abandonó en masa esos destinos en busca del mismo sol pero de mayor seguridad. Encontró ambas cosas en España, que atrajo oleadas de viajeros, fundamentalmente británicos y alemanes, y que hizo aumentar la afluencia de turistas desde 52,6 millones en 2010 hasta 81,8 en 2017. Fue un crecimiento motivado por factores geopolíticos y puramente coyunturales, como prueban los datos de julio y el hecho de que la demanda haya vuelto a dirigirse hacia los destinos del norte de África, que compiten fundamentalmente por precio.

Precisamente por ello, la reducción de tarifas parece ser la herramienta más inmediata que tiene en sus manos el sector para tratar de revertir este cambio de tendencia incipiente y para poder competir con los destinos del norte de África. En ese contexto hay que destacar el efecto que puede tener la guerra de precios con que han iniciado la temporada Iberia y Air Europa, dirigida tanto a los vuelos domésticos como a aquellos con destino final en América. Pese a ello, la industria del turismo tiene un arma todavía más potente para competir en el mercado global: la calidad. El sector tiene pendiente una ambiciosa reconversión que tenga como objetivo atraer a una demanda de viajeros de mayor poder adquisitivo y más fidelidad.