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Dejen de jugar con nuestro dinero y hagan una reforma fiscal de calado

La alegría con la que algunos políticos manejan las cifras sobre las próximas subidas

de impuestos es preocupante

La alegría con que algunos políticos con representación parlamentaria están manejando estos días las cifras sobre las próximas subidas de impuestos a los ciudadanos empieza a ser preocupante y lleva de la mano una indeseable carga de frivolidad. Para lograr apoyos a los Presupuestos Generales del Estado de 2019, el Ministerio de Hacienda estudia la propuesta de Podemos de aumentar los impuestos a las rentas altas. Esta formación quiere subir el IRPF a las rentas de más de 60.000 euros anuales, que considera “altas”, algo que rechaza el Ejecutivo con el argumento de que “este Gobierno no va a subir los impuestos ni a la clase media ni a la clase trabajadora, y eso para nosotros es una línea roja”, como enfatizó ayer la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. El plan del Gobierno puede incluir además un aumento en la fiscalidad del ahorro a las rentas altas, ya que la recaudación por la simple subida en el IRPF se quedaría muy corta.

El debate impositivo se centra hoy en una ensalada sobre dónde empiezan las rentas altas, que va desde los citados 60.000 euros brutos anuales hasta los 150.000 que prefiere el Ejecutivo para aplicar el aumento del IRPF. En la oposición, el PSOE ya propuso subir el tipo a ese tramo del 45% al 52%. Pero el Gobierno necesitaría más apoyos que el de Podemos para este cambio, y al PDeCat le ha faltado tiempo para anunciar su oposición al incremento impositivo con el argumento, difícil de rebatir, claro está, de que para aumentar los ingresos fiscales es más eficaz combatir el fraude.

Además de eficiente, equitativo, flexible, sencillo y transparente, un buen sistema fiscal debe ser predecible. Es lo que necesita España. Sin esa última característica, los ciudadanos ven con estupefacción cómo su dinero está al albur de negociaciones coyunturales entre partidos y difícilmente se convencerán de que así se busca el bien común. Lejos de medidas puntuales, España urge una reforma fiscal de gran calado, que surja de un debate sereno, ponderado, técnicamente impecable y no sectario, que simplifique y haga eficiente el sistema tributario, que elimine complejidades de las que se aprovechan los intermediarios y que haga a los ciudadanos recuperar confianza en que lo que pagan en tributos no solo será bien usado, sino que está bien pagado.