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Leciñena, el fabricante de remolques a medida

Desde su creación en 1965, la firma aragonesa ha vendido más de 80.000 vehículos a clientes de todo el mundo

Tras superar un concurso de acreedores, su plantilla creció un 38% y sigue trabajando para reducir los plazos de entrega

Modelos de remolque y semirremolque de la compañía listos para su distribución. Leciñena

Asimilar un producto a una marca es el objetivo de cualquier empresa. Las compañías consiguen que su visibilidad aumente y los clientes refuerzan su confianza en las mismas. Algo así sucede con Leciñena en el sector del automóvil español. El fabricante de remolques con sede en Utebo, a 15 minutos de Zaragoza, comenzó a comercializar en 1975 el eje que lleva su nombre y que se ha convertido en uno de los referentes del mercado. En sus más de 50 años de existencia han distribuido más de 80.000 vehículos.

Desde su creación en 1965 se constituyó como una pequeña empresa familiar comandada por Mariano Leciñena. “En los años ochenta contábamos con un semirremolque adaptado como autobús para los trabajadores y funcionaba como una ruta escolar, iba recogiendo a los empleados en varios puntos de Zaragoza para llevarlos a Utebo y le llamaban la guagua”, comenta Juan Fernández Alba, director general.

Sin embargo, el boom del eje Leciñena propició que desde el principio comenzase a competir con las grandes firmas nacionales. Más de 70.000 vehículos han incorporado este tipo de complemento, que soporta hasta una carga de 13.000 kilos cada uno. Aun así, en Leciñena apuestan por la humildad y por no destacar ninguno de sus productos. “Nuestra filosofía es que el orgullo generalmente no corresponde con el más vendido, producimos bajo demanda y nos identificamos con la palabra proyecto”, afirma Fernández Alba.

Lo cierto es que, a pesar de la fama de su eje, Leciñena cuenta con otros hitos en su historia. En 1996 fue una de las primeras firmas españolas que basó la fabricación de vehículos en el aluminio como elemento resistente. Y en 2002 fue el primer fabricante de Europa que implementó el configurador SAP –un software que permite a las empresas optimizar y gestionar mejor sus recursos–, lo que posteriormente sería copiado por su competencia.

El orgullo que sentimos no es por tener el producto más vendido, preferimos hablar de proyectos

Juan Fernández Alba, director general de Leciñena

Leciñena cerró el balance de 2017 con un aumento del 32% de su facturación, hasta alcanzar los 8,4 millones de euros. Además, tras abandonar el proceso concursal y pasar a manos de la sociedad Melgasal, incrementó su plantilla en un 38,4%, hasta los 80 trabajadores.

También se produjo un cambio en la directiva tras la adquisición por parte de Melgasal, y afectó a la estructura organizativa, buscando aumentar la agilidad en la toma de decisiones y hacer más eficiente a la plantilla. El año pasado, la firma aragonesa fabricó 232 vehículos y, entre sus previsiones, esperan aumentar la producción en un 50%.

Uno de los conocidos ejes Leciñena en funcionamiento.

A pesar del buen momento, Fernández Alba recuerda los años de la crisis financiera como los peores de la historia de la compañía. “La afrontamos en un momento de inversión expansiva, con inversiones importantes en tecnología, desarrollo y entrando en nuevos mercados”, comenta el director general. “Todo ello hizo que el ajuste necesario fuera más complicado; de nosotros dependían más de 370 familias, directa o indirectamente, y eso pesó mucho en la toma de decisiones”, asegura.

La compañía aragonesa, sin embargo, supo reponerse. Con la exigencia que conlleva para el modelo de negocio la transformación digital, Leciñena ha ido adaptándose poco a poco a las necesidades de sus clientes. No fabrican en cadena, sino que cada remolque o semirremolque está personalizado, algo que Fernández Alba señala como una de las fortalezas de la marca. Además, ha sabido diversificarse buscando otras oportunidades.

Los hitos

Vehículo con remolque de transporte pesado.

1975. Comienza la fabricación del popular eje Leciñena, con un soporte de freno de tambor de 22,5 pulgadas, conocido en un primer momento como eje P-200.

1986. La compañía inaugura la fábrica de ejes para remolques y semirremolques de transporte pesado, de los que se han vendido 140.000 piezas desde entonces.

1998. Empieza la producción del primer eje con freno de disco para llantas.

2017. La sociedad Melgasal Invest se convierte en propietaria de la marca para dar continuidad a su amplia trayectoria y aprovechar su reconocimiento en el sector.

En los primeros meses de 2018 comenzó la adaptación de autobuses a través de su división Lecibus, que ya trabaja como proveedor oficial de empresas locales como el grupo Agreda y el grupo Avanza.

Tampoco descuida el mercado global. Entre sus planes de expansión, la compañía ha puesto sus miras en aumentar las exportaciones en el mercado europeo, siendo Francia, Bélgica y Holanda los principales países en los que espera crecer.

“Igualmente, África y América del Sur son claves en nuestro plan estratégico”, reseña el director general.

Con su estrategia, Leciñena pretende triplicar su producción en los próximos tres años. La apuesta por expandirse en mercados foráneos cuenta, además, con un aliciente que invita a pensar con optimismo que las expectativas de la empresa van por buen camino: cero incidencias en vehículos exportados al extranjero.

Otro de los objetivos de la empresa para continuar con su tónica ascendente es reforzar la calidad del servicio al cliente. Para ello, siguen trabajando en reducir los plazos de entrega de los productos, que oscilan entre los 60 y 90 días incluyendo la fabricación. Esto también disminuirá el desfase entre pagos y cobros, que actualmente puede llegar a 120 días entre ambos movimientos.

Consciente de que su compañía atraviesa por un buen momento, Fernández Alba cuenta una anécdota que permite hacerse una idea de la satisfacción de sus clientes. “Recuerdo con especial interés a un cliente francés, muy exigente, el cual nos pidió una góndola con especificaciones muy técnicas”, rememora el director general. “Cuando vio el vehículo, lo primero que dijo fue: ‘No me puedo creer que hayáis mejorado lo que tenía en mente”, relata satisfecho el ejecutivo.

Una compañía en la que trabajar toda la vida

Juan Fernández Alba, director general de Leciñena.

El empleado que entre a trabajar en Leciñena tiene que ser consciente de que igual puede ser para toda la vida. Y no se debe a ninguna cláusula en los contratos, sino al buen ambiente que reina en la compañía.

Desde José Luis Gracia, el empleado más longevo desde que entrase con 22 años en 1980, hasta Patricia Abellán, responsable del almacén de recambios, que entró con 16 años y lleva 18, pasando por el dúo que forman Begoña Aguirán, del departamento de ventas, y Javier Leciñena, director comercial.

“Begoña y Javier trabajan en el mismo departamento desde que entraron hace más de 30 años, y el tándem que forman dentro es un ejemplo a seguir, forman parte del histórico de la empresa”, señalan algunos de sus compañeros.

53 años también dan para muchas anécdotas. Olga Vivas, encargada de exportación e importación, recuerda un 22 de diciembre en el que atendió una llamada felicitando a los empleados porque les había tocado la lotería de Navidad. “No era verdad, claro, pero nos llamó un señor convencido de que éramos nosotros”, apunta Vivas.

Para María Miramón, del departamento financiero, Leciñena es su vida. “Empecé con 19 años y conocí a mi marido, por lo que esta empresa es algo más que un trabajo para mí”.