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La economía va bien, pero EE UU está deprimido

Mientras el PIB crecerá al 3% en 2018, el 70% de los estadounidenses toma antidepresivos

Varios manifestantes protestan durante la crisis de los opiáceos que asola Estados Unidos. Getty Images

América está triste. Es una generalización. Pero es un reflejo de la realidad que viven una inmensa mayoría de estadounidenses. Los datos del INE americano nos dicen, entre otras, dos cosas: el 70% de los estadounidenses toma antidepresivos. El 99% de la población no disfruta de la bonanza económica. El refrán castellano dice que “cuando el dinero no entra por la puerta, el amor se va por la ventana”. En consecuencia, en 2017 y 2018 ha habido más divorcios que matrimonios.

Estados Unidos vive un mundo Matrix, como la película. Los números o las estadísticas nos dicen una realidad objetiva. Este año el PIB crecerá por encima del 3%. Por contraste, la Unión Europea ha crecido solo un 0,4% y gracias a que Alemania ha compensado la falta de crecimiento de otros países. Y la tasa de paro está a punto de alcanzar mínimos históricos. La recuperación económica que comenzó con Barack Obama en julio de 2009 y creó una media mensual de 230.000 empleos, ha continuado con Donald Trump. Desde que Trump tomó posesión, se han creado 3,7 millones de puestos de trabajo, la tasa de paro oscila entre el 3,8% y el 4,0%, es decir, pleno empleo. Cada vez más personas que habían dejado de buscar trabajo, ahora se apuntan al INEM (SPEE) americano. El consumo interno es el principal componente del PIB y las exportaciones han aumentado exponencialmente gracias al comercio electrónico.

Los americanos forman el pueblo que más importancia da a la economía. En Estados Unidos se gasta más de lo que se ingresa. Las apariencias importan y en los entornos de la alta sociedad de Los Ángeles, Chicago, Miami y Nueva York, el hombre ofrece riqueza (mucha, propia, verdadera) y la mujer ofrece belleza. Ahora bien, si la economía va tan bien ¿Por que los norteamericanos no son los ciudadanos más felices del planeta?.

Las encuestas dicen que los paises nórdicos europeos son los más felices. Cierto o no, en América hay una crisis muy fuerte que afecta a las personas, puesto que la inmensa mayoría toma medicinas contra la angustia, la ansiedad, el miedo, el pánico, el insomnio, la depresión, etc, estos medicamentos se anuncian con profusión en las cadenas de televisión, de tal manera que el paciente puede ir al médico y pedirle un antidepresivo concreto, como quien en España compra paracetamol.

He encontrado personas insatisfechas que trabajan en el sector servicios y que pagan su mal humor con los clientes. Sea en Nueva York, Las Vegas o Los Ángeles, donde las expectativas son muy elevadas, camareros, empleados de compañías de alquiler de coches, personas que limpian en hoteles, aparca coches, personal de atención al cliente en aviones, vendedores en tiendas y grandes almacenes, etc, una inmensa mayoría manifiesta enfado, mala educación y peor atención al cliente.

Siendo la norteamericana una economía de servicios sostenida por el consumo interno en un 70%, estas actitudes y comportamientos son nuevos y sorprendentes. Cuando un extranjero entra en Estados Unidos, el escrutinio al que es sometido con muy malas formas es más apropiado para criminales que para turistas o trabajadores.

La insatisfacción de los americanos se manifiesta en el índice de confianza del consumidor (nivel actual de los hogares), la situación económica actual (opiniones de los ciudadanos sobre macroeconomía) y el índice de expectativa del consumidor (previsión de la población general sobre la evolución de la economía a seis meses), índices que publica el Conference Board y elabora la Universidad de Michigan muestran un enorme escepticismo sobre la situación económica personal actual y futura de las personas. Es un contraste muy fuerte con los datos económicos estadísticos.
¿Por que están deprimidos una gran mayoría de americanos? Las causas son muchas y complejas y en un artículo es imposible explicarlo en profundidad. Pero algo podemos enunciar. En 1997, Andy Grove, presidente de la compañía líder mundial fabricante de microprocesadores, Intel, escribió un libro titulado Solo los paranoicos sobreviven. La frase se convirtió en doctrina oficial de Intel y miles de empleados se vieron obligados a trabajar sometidos a una gran presión y estrés. 

En Europa, a principios del siglo XXI, el 25% de los trabajadores de Intel se encontraba de baja por depresión. A la empresa no le importó, porque con esa filosofía y en una situacion de monopolio en su mercado y de duopolio con Microsoft en la computación, las ventas y los beneficios no hacían sino aumentar. Los empleados, si quiebran mental y físicamente, son reemplazables. Los beneficios no y los accionistas siempre piden más remuneración vía dividendos. Y esta riqueza para inversores tiene un precio: el que pagan los trabajadores con su salud.

El caso Intel no era aislado. Esta cultura estaba extendida por casi todos los sectores de actividad, empezando por el tecnológico y el financiero. Al estrés provocado por esa actitud paranoica de pensar siempre anticipando qué pudiere salir mal para arreglarlo, se unió el sueño americano y el materialismo y el consumismo americanos. El cóctel ha sido explosivo en estas dos décadas. La presión que sienten hombres y mujeres por triunfar es inmensa y en América no disfrutan del estado del bienestar europeo.

Las cinco grandes empresas tecnológicas y de internet de Estados Unidos, Apple, Google, Amazon, Microsoft y Facebook, son famosas por maltratar a sus cientos de miles de empleados. El caso más emblemático es Amazon, donde su presidente, Jeff Bezos, tiene a gala dicho comportamiento y, en consecuencia, se enfrenta a juicios por acoso laboral, huelgas, etc.
Cierto, hay empleo para todos y más. ¿Pero que tipo de puesto de trabajo? Temporal, precario y mal pagado. Fuerte rotación y aumento de salarios en diez años del 2,7%. La incertidumbre, la inseguridad ha hecho mella profunda en el alma de los americanos.

¿Que pasa si un empleado enferma y su seguro médico no le cubre esa enfermedad o, peor aún, no tiene seguro médico? Obama intentó remediar este problema con la Affordable Care Act u Obamacare, pero Trump y los republicanos se esfuerzan a diario en desmontar esa ley que proveyó de seguro médico a 32 millones de americanos. Al igual que la desregulacion de los mercados, sea energía o finanzas, está al orden del día. Todo ello tiene implicaciones empresariales, pero muy especialmente en la vida y en la forma de ver la vida de los americanos. La famosa crisis de opiáceos que asola Estados Unidos, por el cual muchos millones de personas toman pastillas para el dolor físico, heroína y antidepresivos, es la válvula de escape para las personas de la calle, hombres y mujeres.

A la angustia económica se suman factores que son objeto de debate diario en los medios de comunicación y en las cenas familiares. Las políticas proteccionistas de Trump dan esperanza falsa a mineros de encontrar un puesto de trabajo que hace tiempo se fue a China y, a pesar de la guerra comercial desatada por el presidente de EE UU, con fuertes aranceles al acero chino, ya no abandonará el pais comunista.

El aislacionismo promovido por Trump sienta bien a granjeros que, desgraciadamente, no tienen estudios y creen que romper los tratados comerciales con amigos y enemigos es muestra del fortalecimiento de América gracias a su presidente. Pero cualquiera ve que un país en guerra con sus vecinos (Canadá, Mexico) y con los aliados (Unión Europea, Japón, Corea del Sur, Australia, etc) sólo consigue dar puerta libre a enemigos tradicionales de Estados Unidos: China y Rusia. No es cuestión de izquierdas y derechas. Muchos legisladores republicanos ni entienden la lógica de Trump ni comparten sus puntos de vista. Mucho menos aún sus formas agresivas de comunicarse mediante tuits, a menudo ofensivos.

48 millones de pobres de solemnidad, la investigación al presidente por la trama rusa que pudo darle la victoria presidencial en 2016, en detrimento de quien ganó el voto popular, Hillary Clinton, genera tanta o más ansiedad que el Watergate de Nixon. La polarización política en que Trump dice que la congresista demócrata Maxine Waters apenas tiene coeficiente intelectual y ella responde poco menos que llamando a la guerra civil; las armas, las matanzas: hace dos semanas, 66 personas fueron ametralladas en el South Side de Chicago y murieron, más cientos de heridos; el abandono de Oriente Medio y la amenaza terrorista; los desastres naturales que, coincidiendo con la presidencia de Trump se han multiplicado: California en llamas; huracanes, tornados, huracanes, terremotos... y Trump abandonando el Acuerdo de París del Cambio Climático.

Por último las tensiones sociales y raciales y la extendida visión del inmigrante como un oportunista que “me robará el puesto de trabajo”, son motivos de angustia y ansiedad para una sociedad que vive en precario mientras los billonarios acumulan cada vez más riqueza.

Jorge Díaz Cardiel es socio director de Advice Strategic Consultants y autor de Hillary vs Trump y Trump, año uno