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Brasil quiere agitadores pero necesita justo lo contrario

Geraldo Alckmin es un centrista pronegocio que sería la mejor opción para poner orden en la hacienda del país

A Brasil, o al menos a su problemática economía, le vendría mejor un liderazgo aburrido pero disciplinado tras las elecciones de octubre. El hombre existe: Geraldo Alckmin, ex anestesiólogo y ex gobernador de Sao Paulo. Es soso, pero también un centrista pronegocio que sería la mejor opción para poner orden en la hacienda del país. Pero los votantes parecen querer a alguien más arriesgado, más enojado, o las dos cosas.

Lidera las encuestas con cerca de un tercio del apoyo el expresidente Lula da Silva, que cumple 12 años de prisión por soborno. Animado por el auge de las materias primas durante su presidencia 2003-10, Lula sacó a millones de la pobreza mediante programas sociales muy admirados. Afable en el poder, ahora está enfadado: dice que las acusaciones contra él son equiparables a un golpe de la derecha. Niega haber hecho nada malo y se burla del endurecimiento presupuestario del saliente Michel Temer.

Es casi seguro que las autoridades electorales le prohíban presentarse, por lo que es probable que su compañero Fernando Haddad sea el candidato del Partido de los Trabajadores, y podría heredar suficientes apoyos de Lula como para llegar a una segunda vuelta. Ahí es probable que se encuentre con el segundo en los sondeos: el excapitán del ejército Jair Bolsonaro, un demagogo a lo Trump que ha hecho declaraciones homófobas, misóginas y protortura. Tras un año en el que el número de asesinatos en Brasil subió a un nivel récord, su propuesta de controles de armas menos estrictos, y la denuncia de la corrupción han tocado la fibra de los votantes.

Alckmin va a la zaga en las encuestas, pero se beneficiará de la exposición televisiva cuando comience la campaña formal. Bolsonaro se apoyará más en las redes sociales. Ha adoptado una postura promercado, que incluye el objetivo de eliminar el déficit fiscal primario de Brasil de 40.000 millones de dólares en su primer año. Pero una base corta en el Congreso podría dificultarle aplicar su programa. Alckmin, cuyo Partido Socialdemócrata Brasileño goza de un mayor apoyo, tiene más accesible aprobar medidas tan necesarias como la reforma de las pensiones.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.