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Sierra de Gata, silenciosa y placentera

Un paraíso que sorprende a quienes visitan Extremadura

En este universo de montañas, bosques, y castañares, abunda el agua

Villa de Trevejo, en la provincia de Cáceres. Getty Images
San Martín de Trevejo

Su aislamiento geográfico ha convertido esta zona, agazapada en el noroeste de la provincia de Cáceres, en el vértice que forman Portugal y Salamanca, en uno de los últimos paraísos de esa Extremadura que sorprende a quienes la visitan por primera vez. La sierra de Gata es un refugio de águilas reales, cigüeñas negras, corzos o buitres negros; sus pueblos, apacibles, conservan sus casas medievales y en ellos todavía puede escucharse a fala, una lengua de origen galaico-portugués con influencias asturleonesas casi en vías de extinción.

En este universo de montañas, bosques, olivos y castañares, donde abunda el agua, el senderismo es un placer, al que en otoño se une la recolección de setas.

Si bien hay muchos pueblos que merecen la pena, cinco de ellos, declarados bien de interés cultural por la riqueza de su conjunto histórico-artístico, no deben dejar de visitarse.

Trevejo es un buen comienzo para adentrarse y entender esta tierra fronteriza. Esta pequeña villa, que suma no más de una veintena de habitantes, aún conserva los restos de un castillo medieval, cuyo origen se remonta a una fortaleza musulmana del siglo XII, reconstruida en el siglo XV.

Durante la invasión francesa, el castillo fue destruido y solo se conserva la torre del homenaje y parte de la muralla; desde lo alto del cerro las vistas son magníficas. Un entramado de típicas casas serranas se extiende a sus pies. Es un lugar impregnado de magnetismo.

Los apartamentos rurales A Fala ofrecen alojamiento con todas las comodidades del siglo XXI en este especial enclave de otra época perdido en mitad de la sierra.

Los pueblos conservan sus casas medievales y en ellos puede escucharse ‘a fala’, una lengua de origen galaico-portugués

San Martín de Trevejo es uno de los pueblos más característicos de la sierra de Gata por la excelente conservación de la arquitectura rural de la comarca. Es famoso por sus vinos y sus boigas, bodegas típicas que normalmente se encuentran en la parte inferior de las casas.

Hay que pasear por sus calles empedradas, sorteando las regateras por donde todavía corre el agua, y visitar la iglesia de San Martín de Tours, la ermita de la Cruz Bendita o las casas-palacio repartidas por la localidad.

Hoyos cuenta con un casco histórico hermoso y muy compacto, con un buen número de casonas señoriales que se vanaglorian de su origen con sus escudos de piedra decorando las fachadas. La iglesia del Buen Varón, que conserva una bonita portada románica del siglo XIII, con arco de medio punto y capiteles labrados con motivos florales, o la Casa de las Conchas son una buena muestra de la riqueza arquitectónica de esta población.

Robledillo de Gata. Getty Images

Gata y Robledillo de Gata son los otros dos pueblos imprescindibles en nuestra visita a la comarca. En el primero, la Fuente del Chorro, con el blasón del emperador Carlos I en un excelente estado de conservación, es el símbolo de esta población de algo más de 1.500 habitantes, donde en otoño las setas ocupan el protagonismo de sus múltiples bares.

Robledillo, el más alejado, es quizá el mejor ejemplo de arquitectura bien conservada de la zona y el más visitado. Mantiene su trazado medieval repleto de pasadizos y callejones estrechos salpicados de bodegas.

Piscinas naturales

Sierra de Gata. Getty Images

Para superar los rigores del estío, 25 piscinas naturales, que beben de las reservas de los ríos que nacen en sus montañas, aguas arriba, brindan la oportunidad de darse un refrescante chapuzón y relajarse mientras hacemos un alto en el camino para disfrutar de la belleza de los entornos naturales de la sierra de Gata.

La comarca invita a ser visitada con cierta regularidad para percibir los cambios que realizan las estaciones en sus paisajes llenos de magia. El otoño es una época muy recomendable.

Los aficionados al senderismo pueden disfrutar de grandes rutas en el sendero Gran Recorrido GR-10, de Valencia a Lisboa, a su paso por Extremadura.