Siete trucos para crear hábitos en el trabajo

Las actitudes personales son las que acaban conformando la cultura global de una empresa

La labor de las organizaciones es facilitar que sus trabajadores adopten costumbres positivas

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En los tiempos de la inteligencia artificial y la transformación digital, con frecuencia se olvida que las organizaciones están compuestas por personas. Para los autores de Chief Wellbeing Officer. El bienestar como herramienta estratégica (LID, 19,90 euros), Steven P. MacGregor y Rory Simpson, las compañías más boyantes serán aquellas que cuiden mejor a sus colaboradores.

En este sentido, los expertos defienden que la labor de las empresas consiste en facilitar que sus trabajadores adopten hábitos positivos y atenúen los negativos. Destacan la importancia de atajar estas conductas de manera individual, pues es menos complicado y frustrante que a nivel colectivo. Además, consideran que son los actos personales los que acaban conformando la cultura global de la empresa. Por este motivo, atajar las pequeñas manías es una manera menos de­salentadora, y con una mayor probabilidad de éxito, de conseguir un cambio general.

No obstante, las buenas y malas costumbres propias son más difíciles de identificar que las ajenas. Por ello, MacGregor y Simpson han impulsado un método para desarrollar hábitos realmente efectivos:

  1. Conciso. Aunque a la hora de ejecutar cambios la estrategia habitual suele ser hacer grandes esfuerzos de forma continuada, el trabajo conciso y pequeño tiende a ser más eficaz para la consecución de los objetivos. Esto se debe a que son hábitos más sostenibles en el tiempo, y la constancia diaria es uno de los pilares para que la transformación se produzca. Incluso las modificaciones de conducta más sutiles, gracias al efecto de la acumulación, pueden repercutir en grandes resultados. Además, cuanto más sencillo sea el nuevo hábito, más rápidamente se automatizará.
  2. Concreto. La vaguedad es uno de los principales enemigos de la consecución de objetivos. Definir metas concretas contribuirá a que se cumplan los propósitos profesionales, una estructura que también desembocará en un mejor desarrollo de las motivaciones personales. En este sentido, una de las principales recomendaciones es fijar objetivos temporales en lugar de comprometerse a realizar determinada acción para siempre. Cumplir con este pequeño objetivo animará a seguir haciéndolo. Otra de las sugerencias es realizar el hábito que se quiere adoptar siempre en el mismo momento del día. Un horario que debe tener en cuenta las diferentes circunstancias personales, ya que si bien se suele tener más fuerza de voluntad durante las mañanas, la existencia de otras obligaciones en ese momento podría complicar que se llegara a realizar la acción.
  3. Conjunto. Un truco muy efectivo para implementar hábitos consiste en ligar la nueva tarea a una costumbre que ya se realice como parte de la rutina diaria. Por ejemplo, el profesor de la Universidad de Stanford B. J. Fogg asegura que realiza un par de flexiones cada vez que tira de la cisterna del baño. Una anécdota que no tiene por qué ser práctica para todo el mundo, pero hace más fácil practicar los ejercicios que si se hicieran todas las flexiones a la vez. Esta estrategia también aligera la carga mental de implementar determinada rutina, ya que se asume que una vez que se ha puesto en marcha el desencadenante, la acción no se puede parar.
  4. Compartido. Comunicar al entorno cercano, laboral o personal los objetivos vuelve a las personas más responsables, pues se genera cierta presión para mantener la palabra y llevar a cabo los nuevos hábitos. Además, las personas de alrededor también pueden ayudar en la consecución de las metas. Por ejemplo, para evitar la tentación de tumbarse en el sofá al llegar a casa es recomendable pedirle a alguien que le espere allí para dar un paseo.
  5. Constante. Es recomendable realizar un seguimiento del tiempo que se lleva realizando o eliminando de la rutina un determinado hábito. Así, se forma una cadena que será más complicada de romper cuanto más larga sea. Por ejemplo, si se ha llevado a cabo una acción determinada durante muchos días consecutivos, psicológicamente será más costoso romper esa dinámica que si se está empezando a incluir como parte de la rutina.
  6. Contextualizado. Aun en un mundo digitalizado, el entorno físico es uno de los principales determinantes de las conductas de los individuos. MacGregor y Simpson recomiendan rediseñar el espacio material para facilitar la realización de los hábitos. Acciones sencillas como dejar la esterilla a la vista para ejecutar una sesión de yoga por las mañanas o cambiar los contenidos de la máquina expendedora pueden tener un gran impacto.
  7. Colectivo. Según el empresario Jim Rohn, cada individuo es la media de las cinco personas con las que más tiempo pasa. Con frecuencia, lo que se consideran hábitos personales son parte de la influencia del entorno cercano. Analizar en profundidad cómo es ese círculo más próximo puede dar pistas que ayuden a la hora de llevar a cabo cambios conductuales. De la misma manera que juntar a trabajadores de perfiles opuestos mejorará el rendimiento del menos efectivo.

Las pautas claves para el bienestar en el trabajo

  • Actividad física. Invertir tiempo en realizar ejercicio no es solo un capricho, sino que reduce el estrés, produce energía para afrontar mejor el trabajo y optimiza la eficacia personal. Todo ello es beneficioso más allá del ambiente laboral.
  • Sueño. Un rendimiento alto requiere del descanso adecuado. La mayoría de las personas necesitan dormir entre siete y ocho horas al día, de lo contrario, el pensamiento innovador y la capacidad de respuesta se verán afectados.
  • Mindfulness. La consciencia plena es clave para la eficiencia, pero las nuevas tecnologías han disminuido la capacidad de concentración. MacGregor y Simpson destacan que técnicas en auge como el mindfulness han demostrado que se puede cambiar la forma de actuar del cerebro.
  • Nutrición. La alimentación juega un papel muy importante a la hora de tomar decisiones. El cerebro humano necesita glucosa para poder funcionar, pero el consumo frecuente de alimentos con un alto índice glucémico tiene un efecto negativo en la resolución de problemas así como en la gestión del peso corporal.
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