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El mercado, pendiente de la lira ante la pasividad del Gobierno turco

El presidente turco amenaza a EE UU con buscar aliados fuera de la OTAN Erdogan reitera que no quiere subir los tipos desde el 17,75% actual

El presidente turco, Tayyip Erdogan, ante una multitud el sábado en Rize, Turquía. REUTERS

Las opciones de Ankara ante el desplome de la lira turca eran pedir un rescate al Fondo Monetario Internacional (FMI), como hizo Argentina en mayo, imponer un control de capitales (corralito, en la jerga) o no hacer nada. Esta última, la peor para los mercados, fue la escogida por el presidente de Turquía este fin de semana.

Está por ver cómo reaccionan las Bolsas y las divisas después de que el jefe del país, Recep Tayyip Erdogan, volviera a reiterar el sábado y el domingo que el desplome de la lira, que se hundió un 15% el viernes contra el dólar y el euro, es un complot contra Turquía.

Erdogan optó por amenazar al país que preside Donald Trump: está arriesgando su relación con un “socio estratégico” –Turquía forma parte de la OTAN y es clave en la defensa ante el poder ruso–, al exigir que Turquía ponga en libertad a un religioso estadounidense acusado de terrorismo. Afirmó incluso que buscaría fórmulas para establecer relaciones comerciales en moneda local con China, Rusia e Irán y soslayar así el desplome de la lira, que encarece sobremanera las importaciones del país.

El domingo, el populista presidente de Turquía volvió a reiterar su mantra de que el país está acosado por sus enemigos, en lo que el denomina una “guerra económica”. Erdogan insistió en que los turcos deben acudir a los bancos y cambiar toda su moneda extranjera –principalmente, dólares y euros pero también otros activos refugio como el oro– por liras para detener la espiral bajista de su moneda.

La posibilidad de una subida contundente de tipos de interés para frenar la fuga de capitales está descartada por Erdogan. “Los tipos de interés son una herramienta de explotación que hace a los ricos más ricos y más pobres a los pobres. No caeremos en esta trampa”, sentenció el domingo, según declaraciones recogidas por Reuters.

La independencia del Banco Central de Turquía está completamente invalidada. La autoridad monetaria elevó los tipos tres veces en el primer trimestre, pero no lo ha vuelto a hacer pese a la inflación galopante del 16% y la incesante depreciación de la libra, que se hunde alrededor de un 40% frente al euro (7, 31 unidades por cada moneda única) y el dólar (6,40 por cada billete verde). Para contrarrestar esta caída de la lira, Donald Trump ha duplicado los aranceles al aluminio turco al 20% y al 50% al acero.

Las reservas en divisa extranjera de Turquía suman unos 133.000 millones de dólares, mínimos desde inicios de 2017 y lejos del récord de más de 150.000 millones de dólares que alcanzaron en julio de 2014. Los expertos consideran que la única salida de Turquía es entrar en un programa que endurezca la política monetaria y ajuste sus políticas fiscales.

La baza de Erdogan es el relativamente bajo endeudamiento del país, del 28% en relación PIB de 2017. La mala noticia es que el 57% de su deuda está en moneda local, mientras que el 36,5% está en dólares. La depreciación de la lira dispara el importe que el estado turco debe devolver.

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