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Alvinesa, la alcoholera que busca el elixir de la eterna juventud

La firma aprovecha los residuos de la uva para producir retardadores del envejecimiento

Una vez exprimido, el orujo alimenta de combustible sus calderas

La planta de Alvinesa en Ciudad Real.

Los tanques de acero inoxidable de la fábrica de Alvinesa brillan bajo el sol en el pequeño municipio de Daimiel, Ciudad Real. Frente a la entrada, un pesado camión aguarda cargado de orujo, la piel que cubre la uva, un subproducto de la elaboración del vino.

Lo que para algunos bodegueros no es más que un residuo, en esta planta se aprovecha como un ingrediente mágico, del que se extraen aceites y alcoholes naturales, energía limpia y antioxidantes que prometen la eterna juventud.

“Practicamos la economía circular. Los productos que vienen de la viña vuelven a la viña”, dice Jesús Cantarero, consejero delegado de Alvinesa. Después de extraer los valiosos componentes químicos del orujo, los desechos se utilizan como combustible para alimentar las calderas de la planta. En todo el proceso no hay desperdicio alguno.

Pero no siempre fue así. Cuando se fundó, en 1948, Alvinesa era poco más que una pequeña empresa familiar dedicada a la producción de alcoholes. El padre de Jesús Cantarero, Román Cantarero Sánchez, trabajó a destajo durante décadas para expandir el negocio, que llegó a tener siete plantas repartidas por toda España.

Por esos años, Alvinesa comenzó a trazar el contorno de su negocio actual. Primero, incorporó la producción de ácido tartárico, un conservante natural y corrector de la acidez del vino. Más tarde, empezó a prensar la semilla de la uva para extraer el aceite de pepita, famoso entre los cocineros por su sabor neutro a la hora de freír.

En 1997, Jesús Cantarero compró todas las participaciones a su familia y lanzó un ambicioso plan para modernizar la empresa, construir una nueva planta y empezar a experimentar con antocianinas y polifenoles, pequeños tesoros contenidos en la uva, muy cotizados en la industria farmacéutica y alimentaria, y que para Cantarero son el negocio del futuro.

Jesús Cantarero, consejero delegado de Alvinesa.

En los últimos años, las antocianinas y los polifenoles han ganado terreno en la empresa hasta representar casi un 10% de la facturación. Al cierre del último ejercicio, las ventas totales alcanzaron los 50 millones, de las cuales un 45% corresponden a los alcoholes, un 25% al ácido tartárico y un 20% al aceite de pepita. La compañía planea aumentar la facturación hasta los 80 millones en los próximos cinco años y que los antioxidantes comprendan un 25% del negocio, comenta Aurelio Valero, director financiero de Alvinesa.

De la viña a la fábrica

En agosto, con la vendimia en Andalucía, comienza el acopio del orujo. Durante los siguientes cuatro meses la planta recibe 400 camiones al día, 160 millones de kilos por temporada, explica Elena Moliterni, doctora en ingeniería química y directora de calidad de Alvinesa.

El trabajo exige una gran celeridad, porque con unas pocas horas al aire libre la materia prima pierde la mayoría de sus propiedades antioxidantes.

La cifra

50 millones de euros facturó la empresa en 2017. El 45% del total corresponde a los alcoholes; el 25%, al ácido tartárico; el 20%, al aceite de pepita, y el 10%, a los antioxidantes. Alvinesa planea aumentar su facturación hasta los 80 millones en 2023.

Sin tiempo para enviar una muestra al laboratorio, la ingeniera trepa al acoplado de cada camión para examinar el orujo en busca de indicios –color, textura, aroma– que permitan determinar su calidad. El orujo más fresco, rico en nutrientes, se envía directo a la planta; el resto, se acopia y solo sirve para producir alcoholes.

Hacer el trabajo sin demoras es tan importante que Alvinesa cuenta con una flota propia de camiones que recorre incesantemente las rutas de Castilla-La Mancha durante toda la temporada. No solo recogen el orujo, también las lías, restos de levadura acumulados en el fondo de los depósitos tras la fermentación del vino, que la ingeniera Moliterni trata como un auténtico elixir por su alta concentración de nutrientes.

La empresa también cuenta con un laboratorio en el que explora cómo hacer más eficiente el flujo de la economía circular. En los próximos cinco años, Alvinesa invertirá unos cinco millones de euros en investigación y desarrollo y contratará a cuatro científicos para reforzar el equipo que estudia cómo extraer antioxidantes de la semilla de la uva blanca; en particular, de los polisacáridos de la uva y el resveratrol, que se vende en farmacias como un retardador del proceso de envejecimiento.

La investigación, en fase de pruebas, puede dar frutos el próximo año. De lograrlo, será para la empresa la primera patente propia y una valiosa fuente de ingresos. Para Jesús Cantarero, más bien se parece a un nuevo comienzo, como aquel que emprendió su padre hace ya muchos años, en algún lugar perdido en el corazón de La Mancha.

Datos básicos

Los científicos investigan nuevos productos.

Trabajadores. La compañía emplea a 115 personas entre agosto y noviembre. Cuenta con 85 empleados fijos, de los cuales 5 están dedicados a I+D.

Capacidad. La planta de Ciudad Real trabaja al 60% de su capacidad. Allí se trata el 35% del orujo y de las lías de las bodegas españolas, unos 160 millones de kilos por temporada.

Clientes. Alvinesa exporta a 15 países. El 60% de la facturación está concentrada en unos pocos clientes, acorde al proceso de fusiones que experimentó en los últimos años la industria de las bebidas.

Licencia. Las bodegas están obligadas a entregar los subproductos de su actividad a gestores especiales acreditados como Alvinesa. La empresa no solo se hace cargo de administrar estos residuos, sino que además le paga a los bodegueros una cifra que en algunos casos representa hasta el 4% de la facturación de las bodegas.

Medio ambiente. La compañía genera un volumen de derechos de emisión por utilizar energías limpias.

Los antioxidantes, un negocio en expansión

Desde la sala de control se monitorea todo el proceso de producción.

Luis Rusconi

Alvinesa, que tradicionalmente se ha dedicado a la producción de alcoholes, quiere meterse de lleno en el negocio de los antioxidantes y los colorantes naturales. Para lograrlo, la empresa extrae del orujo dos compuestos biológicos que se utilizan como pigmentos y tienen efectos beneficiosos para la salud: los polifenoles y las antocianinas.

Aunque no se conocen las cifras globales del negocio, Jesús Cantarero dice que se encuentra en franca expansión. Y hay un gran consenso en la comunidad científica. Distintas publicaciones aseguran que existe una demanda considerable de colorantes naturales alternativos a los sintéticos debido a su toxicidad en alimentos, cosméticos y productos farmacéuticos.

El precio de los colorantes depende de su calidad, que se mide en puntos de color. En Europa, donde las antocianinas se extraen del orujo, se logran concentraciones de color medias, con precios aproximados que van desde los 4 euros por kilo para los colorantes en polvo hasta los 20 euros para los colorantes líquidos, de mayor concentración.

En México, por ejemplo, donde las antocianinas se extraen del jugo de la uva, se logran concentraciones más elevadas con precios hasta cuatro veces superiores. En Turquía, donde se obtienen de la zanahoria morada, la calidad del producto está por debajo del europeo.

En Europa hay unas siete empresas que concentran casi todo el negocio. Entre ellas, Alvinesa cuenta con la ventaja de estar ubicada en el centro de Castilla-La Mancha, corazón de la industria vitivinícola española, rodeada de bodegas que suministran con cada vendimia un torrente de materia prima.

España, con 32,1 millones de hectolitros en 2017, es el tercer productor de vinos a nivel mundial, detrás de Italia (42,5 millones) y Francia (36,7 millones). Una ubicación clave, dado que la falta de insumos es una de las principales barreras para el crecimiento.