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El cada vez más complicado proyecto de impuesto a la banca

La Seguridad Social precisa de un esfuerzo adicional de todos los contribuyentes: lo demás son solo parches, y en algunos casos más ideológicos que efectivos

Entre las decisiones barajadas por el Gobierno a tomar de forma inminente para reforzar los ingresos públicos, ha manejado la creación de un nuevo impuesto a la banca, con una recaudación estimada de unos 1.000 millones de euros al año, y con el destino explícito de contribuir a pagar parte del déficit crónico de las pensiones. Pero cada semana que pasa los responsables públicos levantan más dudas sobre la posibilidad real de que tal impuesto entre en vigor, especialmente tras las peticiones, públicas y privadas, de los principales banqueros del país para desacreditar la propuesta.

La iniciativa del Gobierno tiene muchos puntos débiles, a pesar de que no se conocen a esta fecha los detalles más importantes de su diseño y aplicación. El primero de ellos es la capacidad política de ponerlo en marcha con la minoría parlamentaria de la que dispone el Partido Socialista en el Congreso, máxime teniendo en cuenta que algunas de las fuerzas que han llevado a Pedro Sánchez a La Moncloa no podrían explicar a sus electores por qué validan un impuesto de tal naturaleza. Es también intelectualmente complicado de justificar un tributo a las empresas de un sector concreto y dejar exentas al resto, por muy diferente que sea su actividad y muy criminalizadas que hayan estado como supuestas responsables de la crisis, cuando las que de verdad lo han sido (además de la gestión pusilánime de los reguladores) han desaparecido (varias cajas de ahorros y algún banco comercial), y cuando el esfuerzo de recapitalización tras la crisis que han hecho ha sido descomunal, hasta el punto de que su rentabilidad siga cogida con alfileres.

Y técnicamente es de muy complicada aplicación sin dejar abiertos frentes para ulteriores disputas judiciales. No es conocido si gravarán los beneficios (que en el caso de la banca en elevada cuantía ya han sido sometidos a tributo en origen antes de ser repatriados), si será el volumen de depósitos, si el propio capital, si la cartera de crédito, o si simplemente la cantidad de operaciones. En cualquier caso, como todos los impuestos, terminarán pagados por el último eslabón de la cadena, el más débil, el que conforma la clientela bancaria, que verá repercutido en los tipos de interés de sus créditos y en la ya raquítica tasa de interés de sus ahorros el impuesto a la banca.

Además, la exigencia general a los tributos de que aporten suficiencia al sistema impositivo no se cumple en absoluto, puesto que para cubrir el déficit de la Seguridad Social al que iría destinado, aunque solo en parte, debería recaudar veinte veces más de lo proyectado. La Seguridad Social precisa de un esfuerzo fiscal adicional de todos los contribuyentes para recuperar la solidez financiera. Lo demás son solo parches, y en algunos casos más ideológicos que efectivos.

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