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Persépolis, el eterno esplendor de los persas

Fue el centro ceremonial del imperio Es una razón poderosa para elegir Irán como destino

Atardecer en la ciudadela. Cinco Días

Fue la capital ceremonial del Imperio persa hace más de 2.500 años y, todavía hoy, es fuente inagotable de historias y leyendas. Ni las muchas invasiones sufridas ni el tiempo han borrado la magnificencia de Persépolis, la ciudad utilizada por los reyes aqueménidas para sus celebraciones y para recibir a las delegaciones llegadas desde todos los rincones de sus dominios.

Con una mezcla arquitectónica de estilos griego, egipcio y mesopotámico, Darío I comenzó la construcción del complejo palaciego en el año 512 a. C. En una árida llanura entre montañas, esta ciudadela, erigida sobre una gran plataforma artificial de inmensas piedras colocadas de forma asimétrica para resistir a los terremotos, frecuentes en la zona, deja al descubierto la grandeza del epicentro ceremonial de un imperio que llegó a extenderse desde Egipto hasta la India.

Su decadencia vino dos siglos después, cuando Alejandro Magno conquistó el Imperio persa y saqueó e incendió la ciudad. Nunca se recuperó de aquella destrucción despiadada, pero las ruinas de sus palacios, puertas monumentales, capiteles, escalinatas, esculturas y exquisitos bajorrelieves son el testimonio del esplendor que llegó a alcanzar la ciudad. Hoy sigue impresionando a quienes la visitan.

Bajorrelieves. Cinco Días

La Puerta de las Naciones es, sin duda, uno de los símbolos de Persépolis y donde los visitantes pueden experimentar la especial sensación de pasar bajo un monumento erigido hace milenios por el que desfilaron reyes, grandes personajes históricos pertenecientes a reinos ya extinguidos o los mayores conquistadores de la antigüedad.

Fue levantada por Jerjes, hijo de Darío, como un monumento que quería aunar a todos los pueblos que dominaba. Hoy sobreviven los colosales toros alados con cabeza humana que custodiaban la puerta y parte de la estructura con bajorrelieves.

Para llegar a la Puerta de las Naciones hay que subir una gran escalera, el principal acceso al complejo. Se trata de una escalinata monumental de gran belleza que, 2.500 años después de su construcción, se mantiene en pie. A lo largo de los muros laterales se conservan figuras esculpidas que representan los fastos organizados por las delegaciones dirigiéndose hacia la entrada del recinto palaciego.

También destaca el pórtico del Apadana, la sensacional sala de audiencias de los grandes reyes persas. Aunque hoy apenas quedan 14 columnas en pie, en tiempos de los aqueménidas se contaban hasta 72 pilares de más de 20 metros de altura en un salón de enormes dimensiones que fue una de las joyas de Persépolis.

Además, un sistema de canalizaciones y alcantarillado garantizaba el riego de los espléndidos jardines que adornaban las avenidas de la ciudad.

Entrada a uno de los palacios. Cinco Días

Para obtener una excelente vista panorámica de Persépolis hay que subir, mejor al amanecer o al atardecer, hasta la tumba, que pudo haber pertenecido a Artajerjes III, excavada en lo alto de una pequeña colina. Pasear por uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo, situado a unos 70 kilómetros de la ciudad de Shiraz, una de las capitales monumentales del sur, es una razón poderosa para elegir Irán como destino.

A solo seis kilómetros de Persépolis se encuentra la necrópolis de Naqsh-e Rostam, donde reposaron, antes de ser saqueada, nada menos que Darío I, Jerjes, Artajerjes y Darío II. Al acercarse por la gran explanada de acceso se vislumbran las cuatro tumbas excavadas en la roca y decoradas con bajorrelieves que explican sus hazañas y constatan la gran relevancia histórica del lugar.

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