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China sobrevive por ahora a la guerra comercial con EE UU

Las exportaciones crecieron un 12% en julio, el primer mes con los aranceles en vigor La debilidad del yuan frente al dólar impulsa las ventas de las empresas

La guerra comercial entre China y EE UU, con la imposición de aranceles entre ambos países, no le ha pasado efecto por ahora al gigante asiático. Desde el pasado 1 de julio, EE UU gravó con recargos de 34.000 millones de dólares (29.308 millones de euros) la importación de determinados bienes chinos, entre ellos el acero, el aluminio y bienes ligados a la tecnología, mientras que la respuesta de China se activó tan solo cinco días después y por la misma cuantía hacia productos estadounidenses.

El Ejecutivo chino dio a conocer ayer los datos de la balanza comercial de julio, que eran el primer resultado para evaluar el impacto de la guerra comercial. China registró ese mes un superávit comercial de 28.100 millones de dólares (24.567 millones de euros), con un crecimiento de las exportaciones del 12,2%, por encima del 10% previsto por los analistas, frente a un avance del 27,3% de las importaciones.

Los analistas consideran que la imposición de aranceles está siendo compensada por ahora con la debilidad del yuan frente al dólar, al marcar la divisa china el cuarto mes consecutivo de depreciación. Un yuan depreciado abarata las exportaciones de bienes y las hace más competitivas frente a las de otros países. De hecho, los analistas consultados por Reuter prevén que el impacto negativo de la guerra comercial se notará en los próximos meses. “Creemos que el aumento de las exportaciones se ralentizará en los próximos meses, debido en gran medida al menor crecimiento global que se prevé”, apuntó en un comunicado Julian Evans-Pritchard, economista senior de Capital Economics en China.

Sin embargo, otros expertos recalcan que la política monetaria puede ser una herramienta que el Banco Popular de China utilice frente a la previsible caída de exportaciones. “La devaluación del yuan, que ayuda al mantenimiento de las ventas al exterior, ha sido largamente sostenido y apoyado desde el Gobierno, aunque no es la herramienta preferida por las autoridades chinas”.

Los datos acumulados entre enero y julio reflejan también un mayor incremento de las importaciones frente a las exportaciones con la consiguiente reducción del superávit comercial. En los siete primeros meses de 2018, las exportaciones crecieron un 5% mientras que las importaciones lo hicieron un 12,9% generando un superávit comercial de 133.700 millones de euros, con una caída del 30,6 % frente al mismo periodo de 2017. Los intercambios comerciales con el primer socio comercial (la Unión Europea) crecieron un 5,9% mientras que el comercio con EE UU también avanzó un 5,2%. 

Lo más llamativo de la estadística del comercio exterior de China es que el superávit con EE UU (24.571 millones) es mayor que el superávit global con el resto de países, lo que muestra que tiene una posición de déficit con el resto del mundo excepto con EE UU. La mitad del déficit comercial de EE UU procede de la relación comercial con China y ese es el desfase que inició la guerra comercial. El déficit comercial de EE UU con China no ha parado de crecer desde el año 2001, cuando representaba un volumen de 83.096 millones de dólares (71.078 millones de euros) y alcanzó máximos históricos, cuando superó los 375.000 millones de dólares (324.00 millones de euros). El abultado desfase comercial de EE UU se debe, en gran medida, a la compra masiva de tecnología barata procedentes del gigante asiático. Del medio billón de dólares que compra en bienes a China al año, los dos primeros capítulos (equipos de comunicación, entre ellos teléfonos, y ordenadores) suman un tercio del total.

Y los datos de comercio exterior parece que no lo van a frenar. De hecho, la Administración Trump prevé activar otra tanda de aranceles por valor de 16.000 millones de dólares (13.794 millones de euros) a partir del 23 de agosto y maneja un plan para seguir aplicando tarifas hasta alcanzar los 200.000 millones de dólares. Esa última tanda afectará especialmente a las empresas de semiconductores, pese a que una parte sustancial de los bienes que utiliza proceden de EE UU, Taiwan o Corea del Sur. “Nos hemos sentado con la Administración y le hemos planteado los escenarios más complejos para explicarles que la imposición de aranceles a la industria de los semiconductores hará mucho daño a la industria estadounidense y no a China. De hecho no servirá para cambiar o eliminar las malas prácticas de China en materia comercial”, recalcó John Neuffer, consejero delegado de la Asociación Industrial de Semiconductores de EE UU. China responderá también con una medida por la misma cuantía.

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