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El peligroso juego de los aranceles americanos y el tipo de cambio chino

España puede ser una de las víctimas, dado que la recuperación de su aparato exportador no está del todo consolidada

China ha salvado con aceptable balance el primer envite de la guerra comercial iniciada por EE UU, con una reducción de las exportaciones a tal mercado de solo el 2,5%. Con unas ventas de 41.536 millones de dólares (35.825 millones de euros) y unas importaciones de 13.447 millones de dólares (11.600 millones de euros), el saldo favorable al gigante asiático en julio se redujo en solo un 2,8%, que bien podría acercarse al estancamiento si se considerasen tanto los efectos estacionales como las variaciones de los precios. Aunque hay un efecto contractivo de las ventas chinas a la economía norteamericana, que se han visto muy compensadas por el avance del 12,2% en las ventas agregadas a todo el planeta, parece muy limitado a juzgar por la envergadura de los aranceles impuestos por el departamento de Comercio americano desde el primero de julio.

Bien podría ocurrir que la corrección fuese más intensa en los próximos meses, a medida que los compradores americanos reajusten su cartera de proveedores en función de los nuevos precios; se verá cuando entren en vigor medidas proteccionistas adicionales como un nuevo gravamen del 25% sobre importaciones chinas valoradas en 25.000 millones de dólares desde el próximo día 23. Pero lo que si se ha observado ya en julio es el avance hacia otros mercados de las manufacturas asiáticas y una ligera depreciación del yuan, que podría estar utilizando la administración china para compensar una parte del castigo por aranceles americanos, tanto frente a los EE UU como a otros mercados.

De intensificarse una política más agresiva con el tipo de cambio para neutralizar los aranceles de la administración Trump, como la que se adivina por los movimientos de la cotización de la divisa china, podría desatarse un segundo frente en la guerra comercial (las depreciaciones competitivas) que lastrarían doblemente los intercambios comerciales, con contracciones adicionales del crecimiento y pérdidas de empleo en las zonas más intensamente manufactureras del mundo.

España puede ser en este caso una de las víctimas, dado que la recuperación de su aparato exportador no está del todo consolidada, a juzgar por la pérdida de dinamismo del sector exterior ya observada en la Contabilidad Nacional del segundo trimestre del año. La información proporcionada por el índice de producción industrial también apunta a un estamcamiento en junio, y aconseja mantener las alertas puestas para reforzar la capacidad competitiva de las empresas españolas con las herramientas que tienen a su alcance, y que básicamente son los costes de producción internos, dado que los externos los marca un mercado en el que se asiste como espectador.

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